Francisco Munguía / Yo También · 17 de enero de 2025
La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que buscaría hacer accesible el transporte público del país con proyectos como el Cablebús, pero una revisión de la recién inaugurada Línea 3, en la Ciudad de México, demuestra que no cumple con el derecho a la movilidad de las personas con discapacidad.
Una de las principales promesas de campaña que la actual presidenta, Claudia Sheinbaum, hizo a las personas con discapacidad fue la de impulsar la accesibilidad universal del transporte público en las ciudades más grandes del país.
El 28 de mayo de 2024, la hoy presidenta respondió por escrito el cuestionario del colectivo #YoTambiénVoto, donde expuso algunas de las acciones, políticas públicas y trabajos interseccionales que implementaría para lograr la verdadera inclusión de esta población en todos los aspectos de la vida (laboral, médico, educativo, lúdico), así como garantizar el reconocimiento, goce y ampliación de sus derechos humanos.
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Una de sus propuestas destacadas fue la movilidad, subrayando su experiencia como jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Como parte del eje de accesibilidad física, afirmó que buscaría, mediante la implementación de transportes eléctricos como el trolebús, trolebús elevado, Metrobús y Cablebús, no solo promover la sustentabilidad, sino también “fortalecer la independencia de las personas con discapacidad al desplazarse”.
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Ante esta propuesta, Yo También visitó la más reciente línea del teleférico capitalino, que va de Los Pinos a la estación Vasco de Quiroga, para comprobar si realmente cumple con los estándares de accesibilidad.
La Línea 3 del Cablebús se inauguró el pasado 24 de septiembre por el expresidente Andrés Manuel López Obrador. La obra, de 5.4 kilómetros de longitud y seis estaciones, forma parte del proyecto Chapultepec: Naturaleza y Cultura. El Gobierno de la Ciudad de México cataloga este sistema como seguro, digno, eficiente y ecológico, asegurando que cuenta con accesibilidad universal.
A continuación, te compartimos un breve resumen de las deficiencias que encontró Yo También.
Todas las estaciones cuentan con rampas de acceso. Sin embargo, la estación Cineteca es la única cuya infraestructura está completamente a nivel de suelo.

En cuanto a las guías podotáctiles, la mayoría se encuentran obstaculizadas por cintas que limitan el flujo de usuarios debido a la alta demanda.
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En sus primeros meses de operación, el Cablebús ha sido visto como un atractivo turístico, lo que ha llevado a las autoridades a obligar a los pasajeros a recorrer mayores distancias dentro de las estaciones. Esto afecta a quienes tienen movilidad limitada, especialmente a personas ciegas, ya que muchas guías no tienen continuidad o llevan a sitios sin sentido.
Para acceder a los andenes hay escaleras eléctricas, pero no todas las estaciones cuentan con ellas. Las que sí, no cubren la totalidad del tramo, obligando a personas con bastón, andadera o muletas a recorrer los últimos metros por escaleras de concreto, lo que complica aún más su movilidad.
Existen elevadores, pero la mayoría están fuera de servicio, no han sido instalados o nunca se contempló su colocación, como ocurre en la terminal Vasco de Quiroga. En esta estación, no se consideró un espacio para el aparato electromecánico.
Por otra parte, casi todos los espacios destinados para placas en Braille están vacíos. El sistema no cuenta con aviso sonoro de “próxima estación” y las góndolas circulan sin detenerse, lo que representa un reto para personas usuarias de sillas de ruedas o personas mayores. Existe personal de apoyo y protocolos, pero los trabajadores señalan que las góndolas solo se detienen en casos “necesarios”.
Además de los problemas de accesibilidad, se identificaron otras fallas:
No hay agua en los baños, los espacios destinados para oficinas y módulos de información lucen abandonados, faltan paneles y ventanas por colocar.
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Al formar parte del sistema de movilidad integrada, la conexión más importante es con el Metro Constituyentes de la Línea 7. Entre agosto y diciembre de 2021, la Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México encargó a una empresa privada, mediante licitación pública, la rehabilitación de la Avenida Constituyentes. El objetivo era generar una vía más caminable y unir mediante una pasarela de 150 metros ambos sistemas de transporte.
De acuerdo con el documento, uno de los objetivos de la obra era crear condiciones de accesibilidad para personas con discapacidad mediante la ampliación de las banquetas, la colocación de cruces peatonales seguros y la instalación de guías táctiles, entre otras adecuaciones.
El recurso para construirlo provino de las arcas federales a través de la Secretaría de Cultura. Y aunque parece un gran esfuerzo por la inclusión en el espacio público, lo cierto es que las personas ciegas y con baja visión fueron ignoradas. Las guías táctiles no se colocaron, tampoco hay placas en Braille o mapas con él que indiquen el camino a seguir. Los cruces están a nivel de suelo, pero los semáforos peatonales no tienen sistema sonoro.
Frente a este panorama, y a más de tres meses de abierta al público, Yo También concluyó que la Línea 3 del Cablebús no es accesible para las personas con discapacidad. Esto contradice los compromisos de la presidenta, quien ha asegurado que este modelo garantizará el derecho a la movilidad inclusiva e independiente.

El proyecto tuvo participación tripartita: recursos del Gobierno de México, coordinación y supervisión de la administración capitalina y ejecución por parte de privados. El contrato se celebró particularmente entre la Secretaría de Obras y Servicios y las empresas Doppelmayr y Grupo INDI —de origen austriaco y mexicano respectivamente— para su construcción. Además, se concesionó la operación por un año a la compañía europea ya mencionada.
Sin embargo, persisten la dudas:
¿Quién es realmente responsable?
¿A quién puede reclamar la ciudadanía por la vulneración de sus derechos?
El contrato establece en la cláusula décimo séptima que, por cada día de retraso, se aplicaría una multa del 0.1 % sobre el monto de los trabajos no realizados. No obstante, no se ha informado si dicha sanción fue aplicada, considerando que las obras continúan incluso tras tres meses de inauguración y 12 de retraso respecto a la fecha original de entrega.
En relación a la recepción de los trabajos, malamente la secretaría se otorgó la facultad de aceptar entregas parciales “cuando a su juicio” existieran trabajos o conceptos ya listos tras su verificación. Es en este punto que podría justificarse el por qué admitir la operación y funcionamiento de un transporte inacabado en materia de accesibilidad, que al parecer a las autoridades les parece menor o mínimo.
Sea cual sea el caso, aunque todo parece indicar que las empresas constructoras son las que a lo largo de todo el proyecto presentaron retrasos que a la fecha continúan, es el Gobierno de la Ciudad de México quien ha tolerado dichas faltas.
Yo También intentó contactar al equipo de la Secretaría de Movilidad y su división de Transportes Eléctricos, pero dada “la transición de equipos” y las fiestas decembrinas, no hubo respuesta hasta ahora.
Este texto fue publicado originalmente en Yo También