Redacción Animal Político · 8 de noviembre de 2025
Seis integrantes del Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México comenzaron un riguroso entrenamiento para convertirse en la primera célula de buzos de búsqueda y rescate.
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El objetivo es que, al finalizar su entrenamiento, puedan responder cuando alguna persona se ahogue o cuando algún tipo de patrimonio, como un vehículo u otro objeto, caiga al agua y sea necesario sacarlo.

“Aquí sabemos que la parte sur de la ciudad tiene una serie de cuerpos de agua, como es Xochimilco, Tláhuac, Magdalena Contreras, Álvaro Obregón. Hay cuerpos de agua, canales y pues sí existe la posibilidad de que accidentalmente la gente pueda caer”, dijo en entrevista con Animal Político, el instructor de este nuevo equipo, Óscar Priego Ahumada.
Detalló que los seis integrantes fueron seleccionados por ser los “mejores elementos” de entre, al menos, 45 aspirantes.

El primer filtro fue un examen médico. Dado que los futuros buzos “van a llevar un entrenamiento relativamente continuado, rudo, pesado”, no pueden tener problemas de salud que puedan preocupar.
Solo 25 bomberos consiguieron pasar a la siguiente etapa, que es el examen de habilidades acuáticas. En este punto debieron comprobar que podían nadar en estilo de pecho y crol, que pueden recuperar objetos de la fosa nadando y que pueden nadar sosteniéndolo, así como poder hacer apnea, es decir, sumergirse y nadar.
Desde el pasado 1 de octubre, los seis seleccionados comenzaron su entrenamiento en el Centro Social y Deportivo Guelatao, que tomará alrededor de ocho meses, con clases de tres horas dos veces por semana y que incluye tres fases: la formación básica, el taller de autorrescate acuático y el buceo operativo. Todo esto para que reciban una certificación internacional avalada por la Professional Association of Diving Instructors (PADI).

Para conseguir la certificación, los futuros buzos deben no solo realizar prácticas de buceo en una fosa, sino que también llevan clases teóricas. Además, para completar su entrenamiento deberán aprobar un examen teórico y uno práctico que se certifica en el mar.
Durante la primera fase se revisará su técnica de nado, su destreza acuática y se les formará en advancer snorkeler.
“Cuando llegan los chicos aquí, después de una convocatoria, ya saben nadar, ese es un requisito, pero cada quien tiene por ahí algún detalle, que es lo que queremos afinar, homologar; que en sus estilos de natación, como es básicamente el de crol, el de pecho, estén estandarizados para que no tengamos alguna situación de que alguien sabe nadar más que otro”, explicó el instructor Óscar Priego.
Una vez que tienen afinado su nado y mejoró su condición física dentro del agua, los bomberos pasarán a la etapa de snorkel. Aquí aprenderán a manejar el “equipo básico, que es visor, aletas, snorkel, dispositivo de flotación y traje”.

En esta fase también comienzan a llevar elementos de teoría. Aprenden “algo de medioambiente, el entorno acuático, también a ver algunos de los principales fenómenos meteorológicos, cómo es la orientación, un poquito de uso de brújula, señalización”.
Ya con estas habilidades, pasan a tomar un taller de autorrescate, donde se preparan para reaccionar en caso de caer al agua vestidos y cómo ayudar a alguien en esa situación.
“Ellos aprenden un taller de supervivencia, que es cómo hacer un flotador con una prenda, una camisa, un pantalón, cómo ayudar a un compañero que esté cansado y que pues tiene problemas”.

Finalmente, llega la fase de buceo, que se divide en:
Aunque una persona común puede formarse de esta manera, el entrenador de los buzos bomberos reconoce que sería “un poco más pesado para un civil”.
Desde 1999, Oscar Priego es instructor de buceo y, con sus años de experiencia, reconoce que estos seis bomberos que están a punto de convertirse en buzos cuentan con un “gran entusiasmo”.
“Es un privilegio, es un orgullo estar al frente como instructor de ellos. Porque aparte de que tienen mucho entusiasmo, son personas con características propias. El agua atrae a personas con cierta personalidad. Querer el agua, el mar, todo eso en particular, a lo largo de mi trayectoria, me he dado cuenta de que llega gente muy sensible, filantrópica incluso”.

Así lo comprueba el bombero Rubén Alejandro, uno de los seis que se entrena para ser buzo de rescate: se despierta a la seis de la mañana para poder llegar a su entrenamiento y, al regresar a casa, continúa estudiando el temario. Además, sigue trabajando como bombero, con sus actividades dentro del cuartel, con una unidad asignada.
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Pese al esfuerzo extra que implica, aseguró que tomó la decisión de entrenar para “brindar un mejor servicio a la ciudadanía” y al terminar su certificación buscará seguir con su capacitación con el mismo objetivo.