Amiel Martínez · 18 de septiembre de 2025
Los antropólogos Olivia Domínguez y Luis Antonio Guerrero, damnificados del sismo de 2017, promueven una iniciativa que ya habían presentado ante las autoridades para modificar el sonido de la alerta sísmica. Argumentan que el timbre actual, asociado a las tragedias de 1985 y 2017, genera miedo, más que prevención, y subrayan que al ser una herramienta de vida debe cumplir de manera efectiva con su propósito.
La iniciativa —publicada en la plataforma Change.org bajo el título “Cambiar el sonido de la alerta sísmica en la Ciudad de México”—, explica Domínguez en entrevista con Animal Político, no busca eliminar el sistema de alertamiento, sino renovarlo después de cada gran tragedia.
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“No es cada vez que tiemble, es cada vez que haya una tragedia. Habían pasado 33 años del sismo del 85 al de 2017. Entonces, las tragedias por sismo no son tan recientes. No tendría que estar cambiando la alerta cada temblor”, expone.
La antropóloga, integrante de la agrupación Damnificados Unidos de la Ciudad de México, sostiene que el actual timbre de la alerta genera una reacción negativa en la población. “Nos hemos dado cuenta de que los sonidos tienen una suerte de impregnarse siempre en la memoria corporal. Hay una cuestión somática. La alerta, el sonido de una alerta, en realidad es un reflejo condicionado”, señaló.

Según Domínguez, “a muchas de las personas afectadas no solamente les da miedo, y a mucha gente que tiene estrés postraumático, que ha lidiado con pérdidas familiares, enfermedades o trabajo, el sonido no le representa más que miedo. Creemos que nos inactiva, en vez de activarnos”.
La antropóloga advirtió que mantener el sonido actual de la alerta puede tener consecuencias graves: “Si esa memoria auditiva te remite a una tragedia, reaccionas como en aquella tragedia. Reaccionas con miedo, te inmovilizas. Hay personas que al escuchar la alerta, incluso cuando se activa sola, se han aventado por una ventana o han sufrido un infarto.
Sobre las críticas que han recibido, sostuvo: “Hay mucha gente que se toma a broma la petición. Dicen: ‘¿Qué quieren, las mañanitas o una canción de cuna?’. No es el sonido bonito ni melódico, fuerte como tiene que ser, alertante, pero otro”.
Y subrayó: “Nosotros creemos que la alerta es muy importante, no estamos diciendo ‘quítenla’. Es una herramienta de vida. Pero creemos que debe ser efectiva. Eso es lo fundamental: que sea efectiva y que nuestro cuerpo reaccione como tiene que reaccionar”.
“Es una idea que teníamos desde hace mucho tiempo, solo que tanto Luis Antonio Guerrero como yo resultamos damnificados por el sismo del 2017. Entonces, estos ocho años han sido de mucha batalla para poder regresar a casa”, explicó Olivia Domínguez.

Los expertos destacan que la alerta por sí sola no salva vidas, sino que depende de la capacidad de la población para reaccionar de manera correcta ante ella, aprovechando los segundos de anticipación que brinda el sistema.
Cuando un sismo se origina en la costa, los sensores detectan su magnitud y envían la señal a través de radiofrecuencia a altavoces, receptores y medios de comunicación, permitiendo alertar a la población con 60 a 120 segundos de anticipación, según la distancia del epicentro.
Desarrollada tras el terremoto de 1985, la alerta sísmica cuenta con 14 mil 491 altavoces instalados en la Ciudad de México, el Estado de México, Morelos, Puebla, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Tlaxcala. Forma parte de un sistema integral de prevención que requiere conocer los edificios, ubicar salidas de emergencia, tener una mochila de emergencia y participar en simulacros para reducir riesgos y salvar vidas.

El 19 de septiembre de 2017, exactamente 32 años después del terremoto de 1985, un sismo de magnitud 7.1 con epicentro en Axochiapan, Morelos, sacudió a la Ciudad de México y a varios estados del centro del país. El movimiento ocurrió a las 13:14 horas, poco después del simulacro conmemorativo de 1985, lo que aumentó el desconcierto y el impacto psicológico de la emergencia.
El temblor dejó un saldo de más de 360 personas fallecidas, cientos de heridos y graves daños en viviendas, escuelas, hospitales y edificios públicos, particularmente en la capital, Puebla y Morelos. En la Ciudad de México, al menos 40 inmuebles colapsaron y miles más resultaron con afectaciones estructurales, dejando damnificadas a miles de familias.
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La antropóloga recordó que en 2017 la alarma sonó al mismo tiempo que se daba el movimiento telúrico. “No hubo un tiempo para el alertamiento, que es la función que tiene justamente este dispositivo. Entonces, en ese momento, ya era demasiado tarde”.

Olivia Domínguez perdió su vivienda en la colonia Narvarte en el sismo de 2017. “Era nuestro departamento, lo estábamos remodelando. Con el sismo perdimos las paredes… tuvieron que ser demolidas porque las afectaciones fueron muy graves”.
Ese 19 de septiembre estaba en cama, con hepatitis. “Tuve que movilizarme, salirme en pijama y ya no poder volver a guardar cama. A partir de ese momento fue mover cosas, ir a protestas. Fue un tiempo muy complicado que se alargó por varios años”.
Indicó que ha planteado el tema del cambio de la alerta sísmica desde hace años, sin resultados. “En algunas de las mesas que hemos tenido como agrupación de Damnificados Unidos de la Ciudad de México lo mencionamos varias veces, pero siempre era como: ‘Ahorita lo vemos, porque hay cosas más importantes’. Nunca lo han tomado muy en serio. Teníamos que darle formalidad también”.
En esta ocasión prevén entregar físicamente las firmas recabadas. “Pensamos llevar el 19 de septiembre la lista de las firmas a la oficina de gobierno de la Ciudad de México y entregarla por Oficialía de Partes”.
Domínguez considera que este 2025 es un año clave: “Pasan los años, vienen los sismos y vienen los simulacros. Además, este año es muy especial por los 40 años del sismo del 85. Creo que muchos vamos a tener esa memoria fresca y creemos que es el momento para hacer el cambio”.
Puedes consultar y firmar la iniciativa aquí: Cambiar el sonido de la alerta sísmica en la Ciudad de México