Abigail Camarillo · 14 de febrero de 2026
¿Qué lleva a una mujer a fingir un embarazo logrando que todo su entorno lo crea y hasta su cuerpo cambie? Esa es la increíble premisa detrás de Un hijo propio, el primer documental que realiza en México la directora chilena Maite Alberdi.
Esta producción se centra en el caso real de Alejandra Marín, el cual pareciera superar a cualquier historia de ficción. Pero precisamente el trabajo de Alberdi invita no solo a explorar el suceso, sino también a reflexionar sobre la fragilidad de la psique y las fallas sistemáticas y sociales que empujaron a tales acciones.
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Un hijo propio retrata el profundo deseo de Alejandra por ser madre y la presión constante de su entorno para que lo sea, empujándola a fingir un embarazo.
Maite Alberdi muestra que lo que empieza como una simple mentira se transforma en una farsa difícil de mantener durante meses ante un esposo y familia ilusionados, atrapando a Alejandra en una simulación que la consume y la llevará a cruzar una línea irreversible, que desencadena un escándalo mediático y le impide seguir con su mentira.
Un hijo propio será parte de la Categoría de Presentación Especial en la edición 76 de la Berlinale. Para conocer más de este proyecto, en Animal MX platicamos con la directora Maite Alberdi (El agente topo, 2020) y (La memoria infinita, 2023).

En caso de que fueras muy joven en 2009 o tu memoria no haya guardado el caso, te contamos brevemente que el 17 de junio de 2009, Eleonor Alejandra Marín Mendoza sacó a una bebé dentro de una bolsa del área de recuperación de ginecobstetricia del Hospital General de México.
Horas después fue detenida junto a su esposo Arturo Calderón Gamiño en un hotel ubicado en la avenida Ignacio Zaragoza, de la colonia Agrícola Oriental.
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En todo momento, Alejandra aseguró que llegó a un convenio con la madre de la bebé, quien supuestamente no quería tenerla, y “acordó” dársela a Alejandra en cuanto naciera. Sin embargo, la madre de la niña negó esa versión.
Al final, Alejandra fue sentenciada a pasar casi 14 años de su vida en el penal de Santa Martha Acatitla.
Fingir un embarazo durante nueve meses, “acordar” con una embarazada el intercambio de una bebé, tener hasta un baby shower… Todo eso suena como a algo sacado de una increíble ficción, pero es lo que en realidad vivió Alejandra durante meses.
Precisamente, Maite Alberdi comparte a Animal MX que lo que la llevó a hacer este documental sobre el caso de Alejandra fue “la pregunta sobre qué lleva una mujer a fingir un embarazo”.
“Me pareció una situación muy extrema, muy triste y que también tenía muchos tonos; también era como muy absurda, entonces como que cinematográficamente como que era una gran una gran invitación”, cuenta.
Pero no se trata solo de lo que vivió Alejandra, pues la directora, que ha sido dos veces nominada al Oscar, también comparte que esta fue una forma de ahondar en un “tema muy universal”:
“La presión social que vivimos las mujeres sobre la maternidad y los pocos espacios que tenemos para pensar esa pregunta sin que el proceso sea controlado por el entorno (familia, pareja, sociedad)”.
Y es que, sin darte spoilers, el caso de Alejandra Marín resalta por ser una mujer que vivió una presión familiar casi asfixiante sobre “su deber” de ser madre o de que prácticamente “no sirves para ser mujer, si no puedes tener hijos”.
Una afirmación demasiado fuerte para cualquier mujer.

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El aspecto más fascinante —y quizás también el más inquietante— de este caso es la construcción de una realidad paralela.
Alejandra no solo simuló; ella vivió un embarazo psicológico en absoluta soledad, logrando que su propio cuerpo y su entorno validaran una gestación inexistente.
Alberdi confiesa a Animal MX que precisamente le llamó la atención la cantidad de meses que logró engañar a su familia y su entorno.
“Yo no habría podido escribir una historia así como ficción porque siento que sería muy inverosímil o no habría sabido como cómo escribirla de manera verosímil”, explica la directora destacando que eso es lo que les fascina a los documentalistas: “encontrar estas historias extraordinarias en la realidad”.
Para abordar el caso de Alejandra Marín, la directora Maite Alberdi usó una forma cinematográfica peculiar para una historia tan inusual.
Durante la primera mitad de Un hijo propio, la directora utiliza actores —destacando la labor de Ana Celeste— para recrear el pasado, pero en la segunda mitad también integra hábilmente material de archivo y la observación directa del presente a través de entrevistas.
Esta mezcla de “texturas” permite al espectador transitar por la memoria de Alejandra mientras la acompaña en su realidad actual. Precisamente fue esta mezcla de de géneros y de recursos cinematográficos lo que fue muy estimulante para Alberdi como directora, pues tuvo la posibilidad de poder jugar con varios formatos.
La directora destaca que la actriz Ana Celeste no trabajó desde la imaginación, sino que construyó su interpretación codo a codo con la Alejandra real.
Este proceso de colaboración no fue traumático; por el contrario, representó un momento de “goce” creativo para la Alejandra, quien encontró una herramienta para entenderse a sí misma en la reconstrucción de su propia historia.

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Contar la historia de alguien que ha cometido un crimen exige una ética rigurosa para evitar caer en el amarillismo y la revictimización.
Maite Alberdi lo sabe perfectamente y asume la responsabilidad de escuchar y empatizar con todas las voces involucradas en el caso de Alejandra. Y no lo hace con la intención de imponer una verdad única, sino para mostrar las múltiples visiones que convergen en un caso tan doloroso.
“Eso es lo lindo de los documentales; que acompañan a lo largo del tiempo, te dan perspectivas sobre las cosas y perspectivas sobre las historias”, explica a Animal MX.
Además, adelanta que en Un hijo propio vemos cómo Alejandra cumplió su condena completa en la cárcel, asumió lo que le pasó y hasta tiene un proceso interno en el que no niega la gravedad y el dolor de lo sucedido.
“Creo que la película pretende es entender por qué suceden las cosas y qué contexto se dan para llevar a alguien a hacer algo así”, añade.
Y es que en el documental hay un momento donde incluso la jueza que estuvo a cargo del caso de Alejandra Marín reconoce que ella atravesó por abortos espontáneos sin apoyo psicológico y solo bajo una presión incansable de ser madre.
“Nadie la estaba mirando, nadie la estaba acompañando”, declara Alberdi concluyendo que el documental también pone sobre la mesa diversas fallas sistemáticas y sociales en torno al caso.
Queda claro que el propósito de Maite Alberdi con Un hijo propio no es la búsqueda de una sentencia moral, sino la comprensión de los contextos que empujan a un ser humano al abismo.
Alejandra ya ha cumplido su condena ante la ley, pero la condena social persiste, convirtiendo su proceso de reinserción en una batalla.
Esta obra nos deja con una pregunta provocadora: como sociedad que exige justicia, ¿cuál es nuestra responsabilidad en el acompañamiento de quienes han sido ignoradas por el sistema?
Si la deuda con la justicia ya ha sido pagada, nos queda enfrentar nuestra propia deuda social con aquellos que, antes de ser juzgados, simplemente necesitaban que alguien les mirara.
Un hijo propio llegará solo a Netflix este año.