Animal MX · 1 de abril de 2026
Parece que ni siquiera la mujer más poderosa de la industria musical se salva de una visita a los tribunales. Este lunes, Taylor Swift recibió una demanda que alega que su duodécimo (y súper exitoso) álbum, The Life of a Showgirl, se está “comiendo” el trabajo de una artista independiente.
¿El problema? El uso de la palabra “Showgirl”, una marca que, según la demandante, ya tiene dueña.
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Maren Wade es una artista de Las Vegas que lleva más de una década construyendo su marca. Desde 2014, Wade escribe una columna llamada “Confessions of a Showgirl” en el Las Vegas Weekly, proyecto que eventualmente transformó en un espectáculo teatral con el que ha girado por Estados Unidos.
La campaña masiva de Taylor Swift amenaza con “eclipsar” su obra.
Existe un riesgo real de que el público piense que el show de Wade es una imitación de Taylor, y no al revés.
“Lo que la demandante construyó durante doce años, los demandados amenazaron con engullirlo en cuestión de semanas”, dice el documento legal.
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Resulta que el equipo legal de Swift ya había intentado registrar “Life of a Showgirl” ante la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos en 2024.
¿El resultado? Se lo negaron. La autoridad consideró que el nombre de Taylor generaría confusión con la marca que Wade ya tenía registrada para servicios de entretenimiento en vivo. A pesar de esto, el álbum salió a la luz en octubre de 2025, convirtiéndose en el más vendido del año y rompiendo récords en Spotify.
Hasta ahora, ni Taylor ni Universal Music Group han dicho “esta boca es mía”. Sin embargo, el abogado de Wade, Jaymie Parkkinen, dejó claro que esto no es un ataque personal:
“Sienten un gran respeto por el talento y el éxito de Swift, pero la ley existe para garantizar que los creadores puedan proteger lo que han construido”.
¿Qué pide Maren Wade?
Una orden judicial que prohíba a Taylor seguir usando la marca “Showgirl”.
Una compensación económica (aún no especificada) por daños y perjuicios.
Este caso pone sobre la mesa el eterno debate de David contra Goliat en la industria del entretenimiento. Si bien Taylor es conocida por defender los derechos de los artistas frente a las grandes corporaciones (como cuando recuperó sus masters), hoy le toca estar del otro lado de la moneda: el de la megaestrella cuya sombra podría estar afectando el sustento de una artista local.