Luis Baylón · 25 de agosto de 2023
No hubo luces ni cuenta regresiva, tampoco el impresionante escenario de más de 100 millones de dólares con las cabañas del álbum Folklore incluidas. Lo que había era smog, tráileres pasando a menos de 10 metros y muchos muchos brillos, friendship bracelets de colores intercambiados y canciones que, más que cantarse, se gritaban. La avenida Río Churubusco se convirtió en otro escenario para quienes no alcanzaron boleto para ver a Taylor Swift.
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“Estoy en General A… de Afuera“, se ríe Kenia, quien viajó desde Pachuca con la esperanza de encontrar un boleto, del que fuera, para ver a La Güera cantar. “Me acabo de graduar y cuando salieron los boletos hice muchos pagos y ya no pude comprar mi entrada”.
Pero la esperanza muere al último y, si no iban a entrar al Foro Sol, al menos iban a escuchar a Taylor Swift cantar las tres horas que dura el concierto completo.
Y no decepcionó: desde el primer acorde de “Miss Americana & the heartbreak prince“, la canción con la que inicia cada show, los gritos en la avenida fueron más fuertes que las bocinas de los autos o los motores de los camiones.

Mientras que la impresionante escenografía que la cantante estadounidense lleva por tooodos lados cuesta, por lo menos, 100 millones de dólares, según calculan expertos, la realidad es distinta para muchas otras personas.
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“No hubo dinero para comprar el boleto de mi hija, así que la trajimos a que escuche desde aquí”, nos cuenta la mamá de una de las chicas que trepó a un andamio del puente peatonal que une el Palacio de los Deportes con el Foro Sol. “Me da miedo que se caiga, pero aquí la estoy cuidando”, dice la mujer que prefiere no identificarse (y que cantó a todo pulmón “Lover“, su canción favorita).

La semana pasada, relata, vinieron a escuchar a Lana del Rey. Tampoco hubo boletos, pero a unas pocas personas les permitieron quedarse en el puente peatonal y de ahí sí que se podía ver todo.
Pero las swifties no tuvieron la misma suerte. Los policías de la ciudad no les permitieron quedarse en la parte de arriba y, aunque también estaba prohibido, las más suertudas alcanzaron lugar en las escaleras.
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“Circule, no se detenga” gritaban los policías por sus altavoces. Poco les importó: si no las iban a dejar estar arriba, al menos iban a escuchar a gusto.
La cuarta canción del setlist selló el destino del concierto de afuera (pero el de los policías): You need to calm down. You’re being too loud, fue la única respuesta de las fans que de forma literal y figurada se agarraron fuerte y ni de broma soltaron su pedacito de escalón.
“No alcancé boleto, Ticketmaster me la hizo, todavía ayer lo intenté, pero no se pudo y aquí estoy cantando con mis amigos”, nos dice Pamela, de 21 años, con un enorme corazón de glitter morado en un ojo y unas pestañas larguísimas. “Si tuviera a Taylor enfrente le diría que la quiero y admiro muchísimo. Creo que es un gran ejemplo para todas las mujeres“.
A unos pasos de Pamela, unas morritas, más pequeñas, no contenían las lágrimas: “Love Story” la gritaron de principio a fin.
Como ellas, niñas, adolescentes y adultas brincaban, bailaban, cantaban. Las friendship bracelets cumplieron su cometido: completas desconocidas se hicieron amigas, aunque fuera por unas horas, acompañándose en el dolor de no ver a la Güera, pero con la emoción de escucharla desde el otro concierto, el que improvisaron en una de las avenidas más transitadas de la Ciudad de México.

La lista de canciones que Taylor ha interpretado en toda su gira permanece igual, únicamente que en cada ciudad que visita agrega una canción sorpresa.
En su primer concierto en la Ciudad de México, la cantante estadounidense decidió cantar “I forgot that you existed”, de su álbum Lover.
Acá puedes ver el setlist completo:
