Luis Baylón · 21 de agosto de 2026
Si hay alguien que sabe lo que significa romper patrones generacionales y reescribir su propia historia, esa es Lylo Fa. En una charla súper honesta, divertida con Animal MX, platicamos con la creadora de contenido, conductora y orgullosa yucateca sobre cómo es enfrentarse a la maternidad real, deconstruir los mitos de la adopción en México, defender la receta original de la pepita de papazul y, sobre todo, mantener su identidad intacta:
“Antes de él ya era Lylo, y después de él tengo que seguir siendo Lylo”.
Prepara el café (o un refresco de la panadería Montejo), porque aquí te traemos el chismecito completo, lleno de reflexiones que seguro te van a mover algo adentro.
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La historia de cómo Lylo y su esposo, el exatleta y político Rommel Pacheco, se convirtieron en papás de Rommel Alberto no fue un camino de la noche a la mañana; fueron años de espera y preparación.
Lylo nos confesó que, antes de recibir a su bebé, ambos tomaron un curso que les cambió el chip por completo:
“Tienes que cumplir un duelo con la idea de los hijos que pensaste que ibas a tener”.
En el camino, se dieron cuenta de que la mayoría de los temores sobre la adopción provienen de películas o series y no de la realidad.
“La adopción es un proceso legal, no una etiqueta para toda la vida”.
Lylo lo explica con una analogía perfecta: “Es como cuando te divorcias, no toda la vida eres ‘la divorciada’. O yo no voy por la calle diciendo ‘ahí viene el sietemesino’. Es absurdo etiquetar a un niño como ‘el adoptado’”.

El proceso fue riguroso y lleno de papeleo —desde actualizar el expediente si construías una alberca hasta revisiones de tus perrijos y gatijos—, pero Lylo reconoce que esa rigurosidad es necesaria porque “darle un niño a una familia equivocada sí puede echarle a perder la vida”.
Y si te preguntas por la conexión… bueno, ¡es mágica! Lylo nos contó entre risas que Rommel Alberto es su clon de la infancia:
“Rommel Alberto soy yo de niña, es mi cara, mi nariz, mis orejas. Siento que los ovnis me llevaron, me embaracé y lo regresaron”.
Además, nos regala una lección enorme sobre el amor: el amor no es cuestión de sangre. Así como amas a tu pareja o a tus amigos sin compartir ADN, el amor de familia se construye.
La comida no es solo alimento para Lylo, es memoria viva y una forma de inmortalizar a sus abuelitas. Originaria de Mérida, pero criada con orgullo en Motul (la cuna de los famosos huevos motuleños), creció en una casa donde no se hacían galletas ni pizzas, sino tamales, queso relleno y comida yucateca tradicional.
Lylo nos compartió tres de sus platillos insignia (con los que, por cierto, triunfó en MasterChef):
Los huevos motuleños: Un clásico de su tierra.
El queso relleno: Una auténtica obra de arte culinaria.
Los papatzules: El favorito de su papá.
Pero cuidado con querer engañar a su paladar yucateco. Lylo nos advierte sobre dos grandes debates gastronómicos:
La pepita de papazul no es verde neón: “Fue mi primera funa y la mantengo”, dice divertida. “¡La pepita original es más café porque cuando la mueles no es verde fosforescente, bebé! Le meten colorante para que se vea más vistoso, pero la real es de un tono más bajito”, añade enfática con el conocimiento heredado de celosas abuelas de tradición culinaria yucateca.
El sandwichón navideño tiene que ser el rojo: Olvídense del sandwichón blanco dulce con mermelada. En la casa de Lylo, la Navidad no empieza sin el sandwichón rojo tradicional, bañado en una mezcla de pimiento rojo en conserva licuado con queso, jamón, chícharos y el pan de molde largo de la panadería Montejo. ¡Una delicia que no requiere andar juntando pedacitos de pan!
Lejos de la maternidad romantizada de las redes sociales, Lylo habla con una honestidad brutal que se agradece muchísimo. Admite que conciliar sus sueños profesionales con la crianza ha sido un duelo doloroso.
“La maternidad conlleva un duelo; vas a dejar de ser tú y nunca vas a volver a ser esa persona. Es como un águila que se tiene que quitar las plumas en un proceso doloroso. Si eres una mujer fregona, una CEO, artista o comerciante exitosa y tienes un hijo, es cuatro veces más difícil porque tú eres su avatar; él no puede existir ni comer sin ti”.

Para no “perderse en la maternidad”, Lylo dejó claro desde el día uno que necesitaba un esposo presente, no ser una mamá soltera casada. Y Rommel Pacheco ha respondido con un 10 de oro:
“Él nació para ser papá, lo hace con una gracia increíble. Rommel Alberto adora a su papá, juega, duerme y se mimetiza con él”.
Aunque Lylo apoya incondicionalmente a Rommel en su carrera política —admirando la fortaleza mental que ha tenido desde que era un niño de 8 años que viajaba solo en transporte público para entrenar—, tiene muy claros sus límites. Ella decidió no entrar a la vida pública porque su carácter frontal no se lo permite.
También defiende firmemente su independencia económica y profesional. Para ella, el cargo de su esposo no es su currículum:
“¿Tú crees que ser la esposa de un político me va a dar un currículum mañana si nos separamos? Yo tengo que trabajar y asegurar mi futuro y el de mis hijos. Yo ya era Lylo antes de conocerlo”.

Con esa misma actitud frontal y divertida, Lylo estrena su nuevo podcast Ellas al Volante junto a Jojo Bernard, La Hoffmann y Roxana Puente. Un espacio de comedia y desahogo donde platican de maternidad, fama, matrimonio y las incongruencias de la vida cotidiana desde el humor y sin pretender ser un libro de texto de la SEP.
¿Y el miedo a que las funen en redes? ¡Para nada!
“Vivimos en una cultura de la funa, pero no somos Nutella para gustarle a todos. Si pasa, pasará. Es bueno reeducar y aceptar cuando uno la cajetea”, concluye con esa frescura que la caracteriza.
El podcast está disponible desde todas las plataformas de streaming para audio.