AFP. · 11 de julio de 2025
El creador de Trainspotting lanza Men in Love, una secuela que, lejos de glorificar el caos, busca ser un antídoto emocional para nuestros tiempos marcados por el odio, la precariedad y la alienación.
El escritor escocés Irvine Welsh describió el viernes la esperada secuela de su famosa novela Trainspotting, que se publicará en inglés el 24 de julio, como un antídoto contra un mundo lleno de “odio y veneno”.
Men in Love está ambientada en la Escocia de finales de los años ochenta y principios de los noventa, y comienza donde terminó Trainspotting.
La primera obra, publicada hace más de treinta años, dio a conocer a Irvine Welsh y a su banda de drogadictos enloquecidos: Mark Renton, Sick Boy, Spud y Begbie.
Estos antihéroes afrontaban su aburrimiento e infelicidad en lúgubres barrios fumando porros, inyectándose heroína o tomando supositorios de opio.
La novela fue adaptada al cine en 1996 por Danny Boyle, con Ewan McGregor como protagonista. En 2017 se estrenó una secuela, T2 Trainspotting.
Para Men in Love, Irvine Welsh quiso dejar espacio al optimismo y al afecto:
“Vivimos en un mundo que parece lleno de odio y veneno. Es hora de que me concentre más en el amor, como una especie de antídoto contra todo eso”, declaró el escritor a la BBC.
Según Welsh, hay muchas similitudes entre los años noventa y la actualidad. La desaparición de gran parte de la industria pesada en los ochenta, como la construcción naval en el barrio de Leith, en Edimburgo, marcó una nueva época para muchos: sin trabajo remunerado.
“Ahora todos estamos en esa situación. No sabemos cuánto tiempo tendremos trabajo remunerado, si es que lo tenemos, porque nuestra economía, nuestra sociedad, está en una larga transformación revolucionaria”, agregó, advirtiendo que percibe tendencias “muy distópicas” en nuestros días.
Irvine Welsh también arremetió contra la inteligencia artificial y la cultura tóxica de las redes sociales:
“Por un lado tenemos la inteligencia artificial y por otro una especie de estupidez natural. Nos estamos convirtiendo en máquinas idiotizadas que reciben instrucciones”, aseguró.
“Y cuando las máquinas piensan por ti, tu cerebro se atrofia”.