"No me olviden, falto yo": el documental que acompaña años de búsqueda, memoria y resistencia

Paula Paredes S. · 19 de mayo de 2026

"No me olviden, falto yo": el documental que acompaña años de búsqueda, memoria y resistencia

Lo que comenzó como un proyecto universitario para Nadia Gómez terminó convirtiéndose en un proceso de acompañamiento, memoria y resistencia.

Desde hace siete años, la cineasta documenta la historia de José Luis Castillo y la ausencia de su hija Esmeralda Castillo.

Hablamos con Nadia sobre el detrás de cámaras de este proyecto. Más que ser una película documental, “No me olviden, falto yo busca mantener viva una exigencia: que Esmeralda siga siendo nombrada

La búsqueda 

Esmeralda Castillo Rincón desapareció el 19 de mayo de 2009 en Ciudad Juárez, Chihuahua, cuando tenía 14 años.

Desde entonces, su padre, José Luis Castillo, ha dedicado su vida a buscarla y a exigir justicia, convirtiéndose en una de las voces más visibles en la lucha contra la desaparición de personas en México. Hoy se cumplen 17 años desde que empezó esa búsqueda.

José Luis pasó de ser un padre enfrentado al dolor de la ausencia a convertirse en activista y defensor de derechos humanos, participando en marchas, protestas y acciones de visibilización para mantener vigente el caso de su hija y el de miles de personas desaparecidas en el país.

Ese proceso de transformación es el eje central de “No me olviden, falto yo”.

Fotos por Martín Peralta. Tomada de Instagram @nomeolvidenfaltoyo

“Esta es la historia que tengo que contar”

Nadia recuerda que encontró la historia de José Luis casi por accidente, mientras buscaba un tema para su tesis universitaria en 2019. Una publicación en Facebook bastó para cambiar el rumbo de su proyecto y de buena parte de sus veintes.

“Vi a José Luis en fotografías tirando diamantina, protestando en una marcha y en el copy venía la historia de lo que había pasado. En ese momento se me puso la piel chinita, se me llenaron los ojos de lágrimas y dije: ‘Tengo que hacer algo con esto. Esta es la historia que tengo que contar’”, recuerda Nadia.

Según cuenta, lo que le impactó no fue únicamente la desaparición de Esmeralda, sino la persistencia de José Luis después de tantos años.

“Me tocó el corazón ver cómo él seguía luchando después de tanto tiempo por encontrar a su hija, y cómo siempre hacía algo diferente para levantar la voz. Además era un papá, en México, en un país con paternidades ausentes, no es usual ver a un papá luchando por una hija desaparecida”.

Aunque el proyecto inició en 2019, con la llegada de la pandemia de Covid-19 en 2020, no pudo finalizarse como trabajo de grado, cosa que hoy en retrospectiva la directora agradece, pues considera que el tiempo ha dado espacio de realizar una pieza más justa a la temática.

“Era 2019, justito después empezó pandemia, entonces la tesis ya no se pudo realizar, pero ahora lo agradezco porque se pudo hacer un proyecto mucho más grande. Decidí de cualquier manera hacerlo  y continuar,  ver cómo lo llevábamos a cabo por la vía independiente”

Un documental que se volvió acompañamiento

Encontrar a José Luis no fue tan fácil. Lo primero fue ganarse la confianza de quien le ayudaría a conseguir el contacto del padre de Esmeralda. Cuando esto finalmente sucedió, Nadia pudo comunicarse con él a través de una videollamada para explicarle su idea. José Luis acepto escucharla y participar en el proyecto de inmediato.

“Lo primero que él me decía era: ‘Nadia, yo quiero que el documental se haga. Quiero que esta historia se cuente porque eso significa que el rostro de Esmeralda se va a seguir viralizando,  que va a seguir habiendo exigencia de justicia y que esto se va a seguir sabiendo, que el caso se va a seguir escuchando”

Desde entonces, la relación entre el equipo documental y la familia Castillo se volvió cercana llevando incluso a que José Luis les permitiera entrar a su casa, algo que no había sucedido antes. En 2021 empezaron las filmaciones, y en 2022 el equipo de “No me olviden falto yo” viajó a Ciudad Juárez.

“Yo creo que sintió una plena confianza conmigo, con todo el equipo y con la manera en la cual queríamos contar la historia. Desde un inicio nos dejó entrar a filmar a su casa, algo que no hace con nadie más. Con el tiempo nos empezó a considerar parte de su familia. Él mismo nos lo ha dicho”

La directora explica que el proceso dejó de ser únicamente cinematográfico y se convirtió en una forma de acompañamiento emocional, y esto se ha logrado gracias al tratamiento que le han dado al tema, pero también con la manera en que se han acercado a José Luís, es decir, no solo con la finalidad de obtener un material o información.

“José Luis nos decía que muchas veces llegaban periodistas, le hacían preguntas sobre Esmeralda, lo dejaban emocionalmente mal y se iban. En cambio con nosotros era distinto: nos quedábamos a comer, acompañábamos actividades de activismo, convivíamos con su familia. Creo que eso es lo lindo del cine documental, que el vínculo traspasa la pantalla”

Esmeralda Castillo
Foto por Ruth Luis. Tomada de @nomeolvidenfaltoyo

La transformación de José Luis

Aunque si, el documental sigue la búsqueda de Esmeralda, Nadia tenía claro desde el inicio que quería contar  la transformación de José Luis a lo largo de estos años.

“Principalmente quería mostrar cómo empezó siendo un hombre que no estaba deconstruido, que no sabía mucho de derechos humanos o del tema de desaparición de personas, y terminó convirtiéndose en un hombre superdeconstruido, afín a la lucha feminista y que además es activista y defensor de los derechos humanos”

También le interesaba retratar cómo la familia convirtió el dolor en resistencia.

“Esta familia no se quedó solamente en su dolor y en su sufrimiento, que fue grandísimo y que lo sigue siendo; sino, que decidieron convertir ese sufrimiento y ese dolor en activismo y en lucha. Eso me parecía muy interesante, muy valiente de su parte y muy bello”

Foto @nomeolvidenfaltoyo

Los límites de documentar el dolor

Con el paso de los años, Nadia también entendió que documentar una historia así implica reconocer límites éticos y emocionales.Comprender que “los personajes” de su cinta no estaban actuando, sino que todo lo estaban sintiendo. Por esto, comenta que se debe tener cierto tacto para abordar el tema y saber respectar los limites.

Recuerda particularmente unas entrevistas grabadas en 2025, donde la carga emocional alcanzó un punto muy alto. Para ella, el respeto hacia las familias debe estar por encima de cualquier necesidad narrativa.

“Llega un punto en donde tú también como directora tienes que saber hasta dónde llevar a tus personajes, hasta dónde llevar a las personas que estás entrevistando. Por ejemplo, me pasó en esta última vez que fuimos a filmar a Ciudad Juárez. Llegó un punto en el cual los personajes alcanzaron un momento emocional bastante alto, en el cual yo sabía que ya no los podía empujar más allá.

Ya no podía hacer una pregunta más y mucho menos puedo regresar ahorita a Ciudad Juárez a decirles, “Uy, eh pasó algo y tengo que volverles a hacer la las entrevistas.” Yo ya no puedo hacer eso porque no va con mi responsabilidad y valores como directora. Debes también de saber y de aprender cuál es el límite y saber también respetar hasta dónde quiere llegar la persona que está enfrente de ti.”, explica.

Foto de @nomeolvidenfaltoyo

Hacer memoria desde el cine independiente

“No me olviden, falto yo”  fue por años un proyecto totalmente independiente lo que implicó muchos más retos que solo contar una historia compleja.

“El principal reto ha sido el financiamiento. Muchas veces nos dicen: ‘Es otro documental más sobre desaparición, pero qué bueno que se sigan haciendo estos proyectos, porque en México esto sigue pasando cada vez más’”.

También habla de los riesgos que implica acompañar a José Luis, quien ha sido amenazado en distintas ocasiones debido a su activismo.

“Se ha visto amenazado muchas veces, se ha visto en necesidad de esconderse, de estar a oscuras un tiempo, sin salir porque es amenazado justamente por su activismo. Entonces, nosotros también como equipo de filmación al estar alrededor, pues nos puede llegar a afectar, ¿no? Es también tener un cuidado y una seguridad, pero saber que tenemos que estar ahí para documentar y para seguir a José Luis sin importar realmente lo que llegue a pasar”

“Yo no llegué a darle voz a José Luis”

A lo largo de la entrevista, Nadia insiste en algo: el documental no busca apropiarse de la lucha de José Luis ni hablar por él.

“Yo como cineasta no llegué a darle voz a José Luis. Él ya era activista, ya visibilizaba el caso de Esmeralda. Yo solamente llegué a documentar esta historia desde mi perspectiva”, resalta Nadia.

Sin embargo, admite que acompañar a la familia transformó profundamente su manera de entender la desaparición en México.

“La verdad es que era un poco externa, y ahora que estoy ahora aún más inmersa. Eso sí me llegó a transformar y llegué a empatizar. Seguir a José Luis a donde sea, las marchas feministas, eventos, protestas, lo que él diga, yo lo sigo a él y a su familia porque sé que están luchando por una causa que es completamente necesaria. En este proceso también estaba el darme cuenta de todos los casos que hay, ¿no? Como que a veces uno ve en las noticias: hay una desaparecida más, un desaparecido más. Pero ya al estar adentrada en esto y al conocer incluso a más familias que sufren y que buscan a sus desaparecidas, desaparecidos o que sus hijas, sus hijos fueron violentados, como que sí llega a cambiar algo dentro de ti y te da también mucha impotencia”

Frente a este tipo de situaciones, y al estar inmersa en el tema, Nadia reconoce que también saber gestionar las emociones es fundamental.

“Si he tenido también que aprender a manejar mi impotencia, mi coraje ante todo esto, hasta el sentido de justicia, porque si es un punto donde debes de decir, bueno, ¿hasta dónde puedo yo hacer algo? Yo con mi cámara, yo como directora, ¿hasta dónde puedo yo hacer algo? Y también hacer lo más que puedas. No hay problema si es desde tu trinchera siempre y cuando pongas como tu granito de arena”

Esa experiencia también la llevó a asumir el cine como una herramienta de memoria.

“Creo firmemente que el cine puede cambiar perspectivas, hacer empatizar al público y abrir conversaciones. Tal vez no cambie algo gigantesco, pero si logra que alguien entienda un poco más lo que viven estas familias, entonces ya es un paso adelante”.

Fotos tomadas de @nomeolvidenfaltoyo

“Esmeralda no es la única”

En el marco de los 17 años de la desaparición de Esmeralda, Nadia asegura que el documental también busca hablar de todas las mujeres que siguen desaparecidas en México.

“Siento una responsabilidad enorme, no solo por Esmeralda, sino por todas esas mujeres que no han regresado a casa y de las cuales aún se necesita saber dónde están. Siento que es una responsabilidad colectiva. Y aunque si es muy difícil lograr un cambio rápido, creo que si desde mi trinchera puedo poner un granito de arena lo voy a hacer . Invito también a todas las personas a que lo hagan y poder unirse a esta lucha y a esta causa.”

Aunque el proyecto aún no tiene fecha de estreno, la directora imagina un futuro lejos de las salas exclusivas o de circuitos cerrados.

“Más que festivales, yo me imagino este documental en proyecciones gratuitas, en comunidades en todo México. Quiero que sea accesible para todas las personas y que quien lo vea pueda empatizar ”.

Después de siete años de trabajo independiente, “No me olviden, falto yo” finalmente obtuvo un apoyo para concluir su realización gracias a una convocatoria de financiamiento, un paso que permitirá terminar el documental con mejores condiciones de producción y postproducción.

El anuncio se realizó el jueves 14 de mayo.

“Ha sido una labor titánica levantar este proyecto sin ningún tipo de financiamiento durante todos estos años, pero nuestra fuerza y motivación por contar esta historia nunca desaparecieron”, compartió recientemente el equipo del documental.

El mensaje también subraya que este avance representa mucho más que un logro cinematográfico.

“Nos emociona profundamente saber que ahora el documental podrá ser terminado con la calidad y el cuidado que merece. Por Esmeralda. Por José Luis y su familia. Por las familias buscadoras. Y por las más de 100,000 personas desaparecidas en México”.

Para Nadia Gómez, el objetivo sigue siendo el mismo desde el inicio: que la historia de Esmeralda continúe siendo escuchada y que el documental funcione como un ejercicio de memoria colectiva. 

Foto tomada de @nomeolvidenfaltoyo