Victor Alvarado · 13 de octubre de 2026
Hay jugadas que duran apenas unos segundos en la cancha, pero cuyo eco puede resonar durante toda la vida. Eso fue precisamente lo que motivó al escritor y cronista mexicano Juan Villoro a crear “No fue penal”, un libro convertido en una puesta en escena que utiliza el pretexto del balompié para hablar de algo mucho más profundo: las heridas que deja el pasado, la culpa y los laberintos de la amistad.
Llevada a los escenarios bajo la dirección de Antonio Castro y protagonizada por Martín Altomaro y José María de Tavira en el Foro Lucerna, esta tragicomedia contemporánea es mucho más que una charla de vestidor; detrás de sus diálogos punzantes se esconde un doloroso episodio de la historia real del futbol en México.
Aunque el título juegue con el argot futbolero, el eterno debate de las decisiones arbitrales y uno de los dramas modernos más importantes del futbol mexicano, la semilla de esta historia germinó en uno de los momentos más amargos del fútbol nacional: la lesión de Alberto Onofre rumbo al Mundial de México 1970.
Cuando los anfitriones afinaban detalles en su última práctica previa a la Copa del Mundo que se jugaría en casa. La ilusión colectiva recaía sobre los hombros de una de las máximas promesas de la época: Alberto Onofre, joven mediocampista de las Chivas de Guadalajara, quien fungía como el motor y eje creativo del equipo tricolor.
Sin embargo, la tragedia llegó en la última jugada de aquel entrenamiento. Tras un choque fortuito con el defensa de Cruz Azul, Juan Manuel Alejándrez, Onofre sufrió una grave fractura de tibia y peroné, se perdió el mundial y, en un abrir y cerrar de ojos, su carrera cambió para mal; nunca recuperó su mejor versión.
En más de una ocasión, Juan Villoro ha recordado en múltiples ocasiones cómo ese suceso marcó a su generación, no solo por la pérdida deportiva, sino por el rostro humano del accidente: en estricto sentido no hubo mala intención, solo dos compañeros que se vieron atrapados por su convicción y competitividad. Por un lado, la gran figura truncada; por el otro, el compañero que cargó con la sombra involuntaria de haber apagado esa luz.
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A lo largo de su trayectoria, Villoro hizo eco de este trágico suceso del futbol mexicano en varias de sus crónicas (Dios es redondo) para reflexionar sobre cómo una jugada fortuita es capaz de fracturar destinos, hasta decantar la idea en la obra literaria y teatral No fue penal. Una jugada en dos tiempos.
En la ficción de la obra, los nombres cambian gracias a las licencias literarias utilizadas en el libro. Valeriano Fuentes y Pepe “El Tanque” Martínez se convierten en los vehículos ficticios de Onofre y Alejandrez, pero en un contexto moderno que añade intriga y una confrontación dentro de la cancha, aunque en roles diferentes.

“Durante mucho tiempo me pregunté qué pasaría si estos dos jugadores que tuvieron esa situación terrible, que cuando se encontraban jamás hablaban de ella, tuvieran una situación equivalente y diferente en otras circunstancias, que es lo que aquí ocurre en una situación completamente imaginaria”, comentó Villoro en la premiere de la obra, que se presenta todos los martes y miércoles de octubre y noviembre a las 8:30 PM, en el Foro Lucerna de la CDMX.
¿Qué pasa cuando la vida no tiene repeticiones en pantalla ni árbitro que enmiende el error? Bajo esa premisa, “No fue penal” nos recuerda que, a fin de cuentas, los partidos más complejos no se disputan sobre el pasto sintético ni frente a las gradas, sino en los rincones más honestos de la conciencia.