Mon Laferte y las mil formas de ser una "femme fatale"

Paula Paredes S. · 30 de mayo de 2026

Mon Laferte y las mil formas de ser una "femme fatale"

Antes de que Mon Laferte apareciera sobre el escenario a las 20:28 horas, el Palacio de los Deportes ya formaba parte del espectáculo.

Entre la multitud había vestidos de terciopelo, labios rojos, estampados de animal print, bandas en las que se leía “Femme Fatale”, encajes, velos y hasta novias. Muchas novias.

Mujeres y hombres de diferentes edades caminaban rumbo a sus lugares con toda la estética del último álbum de la chilena.

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Lejos de la Femme Fatale tradicional

La femme fatale tradicional era la mujer que el cine y la literatura retrataban como peligrosa por ser libre, deseante y difícil de controlar. Aquí, lejos de reproducir el viejo arquetipo, la versión de Mon Laferte parece ir por otro camino: una mujer que abraza sus contradicciones, su sensualidad, su rabia, su vulnerabilidad y su libertad.

La idea estuvo presente toda la noche a través de diferentes elementos como los vestuarios, hasta los monólogos, las canciones y las sátiras sobre los roles de género que aparecieron a lo largo del espectáculo.

Teatralidad: más allá de solo un concierto

Este viernes 29 fue la primera de 3 fechas de Mon Laferte en un recinto que lució lleno de un publico tan diverso como las canciones de la artista, pero en el que todos parecían compartir algo: la disposición de entregarse por completo a una experiencia que —adelantamos— resultó ser mucho más cercana al teatro musical que a un concierto convencional.

Mientras seguía formada en la fila, “Mi hombre” ya sonaba dentro del recinto y desde afuera podía escucharse a miles de personas cantando a todo pulmón. Bastó ese momento para anticipar la intensidad de la noche.

Finalmente las puertas se abrieron. Esta era la primera vez que miraba a Mon Laferte en vivo y  entendí por qué incluso quienes no conocen toda su discografía terminan cautivados por ella.

Siempre me pareció una artista con una presencia enorme, pero verla sobre el escenario confirmó la impresión.

No era solo es su voz ni su belleza; sino la capacidad de sostener la atención de un recinto entero y eso se reafirmaba cuando entre toda la multitud cantando podías encontrar a personas que claramente no se sabían todas las canciones, pero que aun así no podían despegar la mirada del escenario.

Mon Laferte
FOTOS CORTESÍA OCESA: LILIANA ESTRADA

El acto uno: una boda para comenzar

El espectáculo estuvo dividido en cuatro actos para dar un total de 36 canciones. Cada acto funcionó como una especie de capítulo distinto de una misma historia.

El primero arrancó con una boda. Vestida de novia, Mon apareció mientras sonaba “Femme Fatale” y al finalizar saludó al público:

“Somos un chingo de gente”, dijo al observar un Palacio repleto.

Después de varias canciones, la cantante desapareció temporalmente del escenario para dar paso a una serie de videos protagonizados por concursantes de certámenes de belleza, entre las concursantes estaba ella y la sátira era tan evidente que a más de un asistente le sacó una risita:

“Me encanta que mi marido tome decisiones porque yo no sé hacerlo”, “Las mujeres a la cocina”, “Me encanta ir por la calle y que me muestren el pito”, decían en el video.

Las frases aparecían exageradas hasta el absurdo, exponiendo las realidades, los roles y expectativas que históricamente han sido impuestos sobre las mujeres.

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El vestuario como elemento central del show

Mon reapareció con un largo abrigo rojo, lentes oscuros y el cabello rubio recogido. Caminaba sobre una caminadora mientras interpretaba “1:30”. Si algo quedó claro durante el concierto es que el vestuario no era un accesorio: era parte de la narrativa.

La escena de Mon con el abrigo dialogaba perfectamente con el discurso de “Femme Fatale”: una exploración de la intimidad, el deseo, la incomodidad y las contradicciones que atraviesan la experiencia femenina. Poco después se quitó los lentes y así arrancó el acto dos.

“Están todos muy hermosos y hermosas. Veo muchas novias”, comentó mientras se quitaba el abrigo y agregaba entre risas: “Perdón, me puse lo primero que encontré”.

El público respondió con carcajadas. A partir de ahí llegaron canciones como “El gran señor”, “Flaco” y “Amor completo”.

Mon Laferte
FOTOS CORTESÍA OCESA: LILIANA ESTRADA

¿Qué es el amor?

“Ya no será
ya no
no viviremos juntos”

El tercer acto fue probablemente el más fascinante desde lo teatral. Mon Laferte desapareció nuevamente y el protagonismo quedó en manos de cuatro bailarines que, además de acompañar las coreografías durante toda la noche, demostraron ser piezas fundamentales de la puesta en escena.

Sentados sobre el escenario, comenzaron una serie de monólogos sobre el amor:

  • Uno hablaba desde la figura del seductor.
  • Otro desde la experiencia de un hombre gay que había sido engañado por alguien que no asumía públicamente su orientación.
  • También apareció la voz de una mujer involucrada con un hombre casado.
  • Finalmente, una intervención atravesada por la melancolía en la que se referenciaba a Idea Vilariño y su poema “Ya no”.

Por momentos parecía una obra de teatro instalada en medio de un concierto masivo. Entonces Mon regresó con otro cambio de vestuario que merece mantenerse como sorpresa para quienes aún asistirán a alguna de las fechas restantes.

Basta decir que fue imposible apartar la vista del escenario.

Tras otras 11 canciones, el acto cerró con “Amárrame”, uno de los momentos más festivos de la noche y un clásico que puso a bailar a todo el Palacio.

La interacción con el publico

Entre canciones y un poco de chisme antes del último acto, el espectáculo todavía guardaba una sorpresa. Las pantallas comenzaron a mostrar preguntas dirigidas al público: “¿Volverías con tu ex?” o  “¿Te has enamorado?” 

Las cámaras buscaban rostros al azar y las respuestas aparecían en tiempo real. Algunas provocaban carcajada, otras terminaban convirtiéndose en pequeños relatos inesperadamente conmovedores.

Hubo quien mostró un anillo de compromiso para explicar por qué no volvería con una expareja, también quienes simplemente sonrieron.

Después de más de una hora y media de emociones intensas, Mon encontró espacio para hasta de  regalarnos un poco de chisme colectivo.

FOTOS CORTESÍA OCESA: LILIANA ESTRADA

La catarsis final

En el último acto apareció con un vestido largo para interpretar canciones como “Antes de ti” y “Aunque te mueras”. Pero todos sabían que todavía faltaban algunos de los momentos más esperados.

Llegó “Mi buen amor” y después, inevitablemente, “Tu falta de querer”La reacción fue inmediata, el Palacio entero parecía gritar cada palabra sin importar atravesaban una ruptura o no. El momento fue una especie de catarsis colectiva.

Desde el escenario, Mon lucía profundamente conmovida.

Como asistente, era difícil no remitirse al camino recorrido por la chilena, o pensar en la Norma que llegó a México en 2007 y cantaba en vagones del Metro y en bares, ahora frente a miles de personas.

Parecía evidente que tampoco ella había olvidado ese recorrido, y por eso quizá emociona tanto verla emocionarse.

La fantasía antes de volver a la realidad

El concierto de Mon Laferte es uno de esos espectáculos que justifican por sí solos una entrada y no hace falta conocer cada canción para quedar atrapado.

Su voz es imponente, la banda que la acompaña logra llevarte con naturalidad entre géneros distintos que van desde el bolero al jazz y de la salsa al rock.

Y claro, no podríamos no hacer mención especial a los bailarines elevando cada momento y la puesta en escena  que convierte cada acto en una experiencia distinta en la que te ríes, bailas y hasta lloras.

“Nadie va a regresar a casa igual, así que disfrutemos estos minutos de fantasía antes de regresar a la realidad”, dijo uno de los bailarines antes del cierre y esta parecía ser una descripción bastante precisa de lo que acababa de ocurrir.

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