Paula Paredes S. · 20 de febrero de 2026
La noche del jueves, el Teatro Metropolitan presenció más que la presentación de “La Montaña Encendida”, el primer LP de Emmanuel de Real como solista.
Este debut que nació en la soledad (como él mismo ha contado) se robó la noche y nos recordó que lo íntimo o solitario no siempre es sinónimo de pequeñez, sino de intensidad.
A las nueve en punto del 19 de febrero salió el integrante de Café Tacvba que durante décadas se ha movido entre teclados, guitarras y coros inolvidables. Meme del Real solo o mejor dicho, acompañado por su primer álbum completo y todas las personas que pese al cambio de fecha del show asistieron.
Como adelanto: la espera valió toda la pena.
La noche arrancó con “Princesa” en un escenario rodeado de espejos que no solo reflejaba su figura, sino que duplicaban la sensación de intimidad. Era como mirar hacia adentro…pero acompañado.
Fue hasta la tercera canción justo después de “Todo se marchó” y “No puedo parar” que Meme se dirigió al público con una mezcla de nerviosismo y gratitud:
“Hola, buenas noches… Como dicen en inglés: This is too much. La vamos a pasar bien”
Y eso fue todo lo que necesitó, porque si algo define a Meme en el escenario es esa mezcla rara pero conmovedora de ver entre nerviosismo y gozo.
Entre tímidos “ya…” y sonrisas contenidas de alguien profundamente talentoso aún sorprendido por la ovación, desde ese momento se dejó llevar y nos llevó a todos con él en un recorrido musical difícil de olvidar.
Aunque este proyecto lo coloca al centro del escenario, por momentos durante toda la noche reapareció ese Meme de Café Tacvba que a todos nos resulta familiar: pasos espontáneos, groove natural y disfrute genuino.
Tras “Incomprensible”, anunció que presentaría La Montaña Encendida como un regalo colectivo:
“Nos llena de amor sentir esta energía”, dijo, y entonces nos llevó directo a la nostalgia.
“Quiero Ver” desató el primer coro multitudinario. Luego, como si el Metropolitan se convirtiera en sala de cine, arrancó “Aviéntame”, el tema emblemático del universo sonoro de Amores perros, la misma película que hace poco celebró 25 años… Pero tras el primer estribillo, la música se detuvo.
Una silla apareció,y en ella, el mismísimo Gustavo Santaolalla. El gesto de emoción en el rostro de Meme lo decía todo.
Juntos interpretaron ese temazo y más adelante “Si o No”. En ese momento quedó claro que no se trataba solo de producción musical, sino que había complicidad, mentoría, incluso algo cercano a la figura paterna que el propio Meme confesó reconocer en Santaolalla.
“Todos saben el aporte que Gustavo ha tenido a la música latinoamericana… y todo lo que nos ha regalado, pero no solamente tiene que ver con lo artístico o creativo. Es una persona, un ser que te lleva de la mano por la vida, por los caminos donde de pronto da miedo entrar…el te arropa, te acompaña te ayuda a resolver momentos que tal vez no tiene que ver con la música, para mí ha sido siempre como un hermano, un papá, un tutor…” Declaró.
Después vinieron más giros inesperados y el segundo invitado de la noche: Chetes.
El artista originario de Monterrey apareció en el escenario para “16 de febrero”, canción ligada a la película “Fuera del cielo”. Si, justo esa canción cumple 20 años en febrero, como si el calendario también estuviera coreografiado.
Posteriormente, el Metropolitan se volvió un laboratorio: “Eres”, clásico de Café Tacvba, sonó en una versión de corridos tumbados con tintes de banda junto a un grupo que Meme conoció en Guitarrazos.
Así que si pediste la señal de Meme reinventando su propio legado, pasó; y si pediste la señal de Meme cantando Bad Bunny, también ocurrió, pues en algún momento de la noche nos regaló una versión de “La canción”.
Pero eso no fue todo, como ya te habrás dado cuenta hasta el momento, este concierto fue sorpresa tras sorpresa y un viaje entre emoción y emoción.
Luego vino un popurrí en el que escuchamos desde “Nunca es suficiente” hasta “Y todo para qué”, sin olvidar “Querida” del Divo de Juárez.
Con todo esto, el público no distinguía entre generaciones ni géneros músicales: odo era parte del mismo viaje.
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Cerca del final de la noche, el escenario quedó en negro y “Líquenes” abrió el encore con Santaolalla de regreso. Posteriormente se dio uno de los momentos más bellos de la noche: “El río” de Café Tacvba, interpretada de espaldas al público, mientras veíamos a Meme a través de los espejos.
Antes de “El mundo en que nací” canción que interpretó con los ojos vendados y con la que más de uno soltó lagrimita, Meme confesó que a veces las canciones se hacen para sacar lo que se tiene dentro.
Finalmente, la noche cerró con “Komorebi en Do” pasadas las 22:30.
Durante dos horas, Meme del Real tomó la soledad con la que nació su disco y la convirtió en un espacio compartido, pero sobre todo creó una atmósfera en la que los nervios no estorban, la emoción no se esconde y la música cuando es honesta alcanza para todo.

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