Joaquín Fuentes · 25 de octubre de 2026
Por: Joaquín Fuentes
Dentro de unos días, se estrena “Marcos. Otro mundo es posible” del periodista y cineasta Diego Enrique Osorno. En tiempos en los que documentalistas y documentales como taquerías, este relato vivo tiene la peculiaridad de generar emoción y asombro. Parece poco, pero eso marca la diferencia entre un trabajo extraordinario y el montón.
Diego logra construir una crónica a partir de una historia conocida, con muchos detalles por descubrir, en un documento periodístico impecable e implacable: 34 años resumidos en dos horas dan cuenta de los cambios y tropiezos oficiales, frente a un objetivo de lucha social que no ha cambiado en todo este tiempo.
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La voz del sub-narrador central dentro de un tejido de voces diversas-, te lleva y envuelve del minuto uno hasta el final, desde el recuerdo victorioso y doloroso de lo vivido en 1994, hasta el eclipse autogenerado para apagar al personaje mediático, apartándolo del ojo público hasta la actualidad.
En 1994, un hombre sin rostro se volvió la cara del levantamiento zapatista. A través del Subcomandante Marcos, este documental explora esta lucha y cómo siguen resistiendo hoy. «Marcos: Otro mundo es posible» se estrena el 2 de diciembre, solo en Netflix. https://t.co/t89qZYQStM
— Netflix Latinoamérica (@NetflixLAT) October 12, 2026
Las voces con las que se recorre esta historia son algunas de las que, de primera mano, se encargaron de trazar las líneas de las notas y los reportajes que contaron aquel histórico levantamiento indígena en Chiapas; aquellas personas que oprimieron obturadores y botones de grabación y que ahora aportan a este trabajo de investigación y exhaustiva recuperación de archivo, un acervo testimonial y audiovisual impresionante.
Periodistas, escritores, activistas y fotógrafos entrevistados contribuyen al relato con ángulos únicos, sensibles y reflexivos sobre lo que ha ido sucediéndose con el zapatismo y alrededor del movimiento, más allá de las fronteras mexicanas, sosteniendo la utopía de lograr un mundo donde quepan muchos mundos, y avanzando en consecuencia desde la autonomía comunitaria y la conformación de una forma propia de gobierno.
Eso es lo que vi. Pero también está lo que sentí. Tuve la fortuna de seguir al zapatismo desde los primeros días del conflicto. Mi trinchera era la de un novel reportero, con el escudo de la UNAM en la solapa, trabajando para un medio casi invisible por aquellos tiempos.

Radio UNAM tuvo el acierto de aventurarse a donde solo los grandes medios iban y como periodista, tuve la fortuna de lograr 4 horas de entrevista con el subcpmandante Marcos, uno de los documentos más completos en se momento para describir al zapatismo y al personaje que emergía de las montañas del sur y llamando la atención del mundo entero.
Estuve ahí durante los primeros años, contando la evolución del movimiento indígena para ese y otros medios. Luego pude retomar el hilo de su historia y evolución más adelante cuando decidieron recorrer medio país para llegar a la Ciudad de México y plantarse en el Congreso de la Unión.
Escuchar de nuevo las voces de colegas y ser parte de ellas en este documental, pero más aún revisitar las de varios de los integrantes de la Comandancia zapatista, me devolvió la emoción de los días en las montañas del sureste mexicano. Moisés y su buen humor. Esther desde la tribuna del Congreso. La rúbrica de todos los comunicados.
El “para todos todo, para nosotros nada”: un recuerdo que Diego logra revivir con la emoción intacta de los primeros días, en este relato que sigue tan vivo como el ideal de que otro mundo sí es posible.