Carlos E. Martínez · 10 de mayo de 2026
La lluvia amenaza al norte de la Ciudad de México y cumple. No impide que cientos de mujeres de todas las edades y barrios de la Gustavo A. Madero, algunas de la mano de niños distraídos o de maridos despistados, hagan filas larguísimas en la mera plaza principal de esta alcaldía para la ocasión. Hay presencia policiaca, que simplemente atestigua las prisas para entrar.
Poco después de las seis de la tarde, no hay un espacio vacío. Cada quien se afianza al suyo. Los de las filas “reservadas” frente al escenario, igual que los curiosos que se acomodaron en las puertas del mercado. Una carpa gigante cubre al público como adivinando el pronóstico del clima. No vaya a ser.
Dos ‘teloneros’. La cantante regional Naylen y el grupo Merengue del Klan. Cuenta regresiva en las pantallas: 3… 2… 1… Lucero sale al escenario y la multitud rompe en una ovación. Las mamás se levantan de sus lugares; algunas se suben a las sillas para ver mejor o dejan los bastones para poder bailar. Cuánta dicha. Dure lo que dure, misión cumplida.
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“La novia de América”, con esa sonrisa que se instaló en los hogares mexicanos a través de “Siempre en Domingo”, conducido por el célebre Raúl Velasco —figura creadora/devoradora de sus ‘hijos’ artistas… Saturno de la pantalla—, lució ad hoc para la materna ocasión: un vestido del color de la plata y otro oscuro, ambos brillan, son luces que pasean de sus hombros y bajan por la silueta de sus piernas.
De ‘El Canal de las Estrellas’ a la plaza pública. Años luz de diferencia. Y humildad. Esta tarde, la protagonista de once telenovelas, nueve películas y al menos treinta y tres discos, parece estar cómoda: sube, baja, va de un lado a otro y no deja de bailar. Se entrega. “¡Felicidades a las mamás de Gustavo A. Madero!”, dice en el micrófono y los gritos ensordecen.
Lucero apela a la nostalgia de su público. En esta parte del concierto, ‘Chispita’ —aquella niña huérfana, adoptada por un empresario millonario, que sufre el rechazo familiar: el personaje que la catapultó al estrellato— aparece en los monitores y el recuerdo llega de golpe. En este carrusel de imágenes, también están sus protagónicos junto a Luis Miguel y Pedrito Fernández.
Incuestionable: la historia artística de Lucero, ¡de más de cuatro décadas!, es parte de la historia de la televisión nacional, de aquella Televisa omnipotente. Las mamás, las hermanas y las tías se reconocen en esta trayectoria musical y telenovelesca. “Crecimos juntas”, les recuerda la protagonista a las presentes. Y así fue.

Nadie se mueve de sus lugares. El show llega a su máximo esplendor con el mariachi. Pudo ser la mejor exponente de la música ranchera. Era la charra más bella. Y qué buenos fueron los únicos seis discos que grabó del género. Acá, ahora, ‘El Divo de Juárez‘, llena las pantallas y ‘El Noa Noa’ retumba en cada rincón. Los/as mexicanos/as nos transformamos cuando escuchamos a Juan Gabriel. Lucero lo sabe.
Fluyen emociones. También el tránsito vehicular. No cesa. Taxistas, microbuseros y pasajeros se asoman por algunos minutos al concierto… en lo que el semáforo cambia a verde.
“Cu-cu-cuéntame, quién hay en tu cabeza / cu-cu-cuéntame quién en tu corazón / cu-cu-cuéntame las pecas de la espalda…”. Esta noche tiene por lo menos una estrella el cosmos de la Gustavo A. Madero. Un lucero… una Lucero. La niña que soñó con aparecer en televisión, es una mujer madura que se dirige al centro del escenario. El cañón seguidor la encuentra y la ilumina para que ella extienda los brazos. Como para recibir algo a manera de despedida. El alimento de la artista.
La deuda parece estar saldada con estas mamás. Hace un año, el jueves también 8 de mayo, en la misma explanada se presentaría Alicia Villarreal. Los fuertes vientos tumbaron el escenario poco antes de las cuatro de la tarde. Fierros y carpas colapsadas. Ocho heridos, que laboraban en el montaje. Ambulancias, patrullas y desalojo. Esta vez, agua leve, intermitente. Sin caída de cielo. Ni de escenario. Lluvia de la que no hace daño: de aplausos. Vendaval de euforia. Alegría a madres. Todas felices.