Los Protagonistas: cuando la risa bajó de división

Animal MX · 23 de junio de 2026

Los Protagonistas: cuando la risa bajó de división

Por: P.P. Tiburón

El programa de Los Protagonistas era el invitado incómodo de los mundiales. Mientras en el mostrador de enfrente -y en general en la televisión mexicana- se peinaban con limón frente al espejo, aquéllos llegaban con los zapatos llenos de tierra, preguntas incómodas y una irreverencia inteligente, que se volvía contagiosa.

Habrá quien no lo sepa o quien no lo recuerde. Esa historia comenzó en 1986, cuando nuestro segundo Mundial. La televisora se llamaba Imevisión… del gobierno, transmitía por Canal 13 y el poblano José Ramón Fernández —entonces con 40 años de edad— decidió ponerle sal. Y pimienta. Creó una mesa donde mostró que el futbol merecía análisis, discusión, pelea, burla, estudio y hasta pensamiento.

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Alrededor de José Ramón se sentaron Carlos Albert, Raúl Orvañanos y Alberto Fabris del Toro. O el legendario Fernando Marcos o José Luis Lamadrid o Nacho Trelles o Miguel ‘el Gato’ Marín. Entendían que una opinión debía tener algo más que decibeles.

 

La otra novedad tuvo que ver con la comedia. Óscar Cadena, muy popular entonces con su programa de ‘Ciudadano Infraganti’ se convirtió en el inventor involuntario de la nota de color mundialista. Hoy nadie le dedica un instante de la memoria que no tienen. Mientras otros perseguían declaraciones prefabricadas, él salía a buscar aficionados extraviados, vendedores ambulantes, personajes delirantes y escenas que convertían la calle en espectáculo. Hacía periodismo con humor y humor con periodismo. Su gran mérito consistió en demostrar que el futbol también ocurría fuera de la cancha. Color, color y más color.

Después llegaron Ausencio Cruz, Víctor Trujillo y Andrés Bustamante. Cada uno traía un universo propio. Ausencio construía personajes populares que parecían escapados de una realidad mexicana. Víctor Trujillo (‘la Beba Galván) aportaba sátira, oficio teatral y esa rara capacidad de decir algo inteligente mientras parecía estar diciendo una tontería. Andrés Bustamante era un departamento completo de creatividad trabajando dentro de una sola persona.

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Ponchito. El Doctor Chunga. El Hooligan. El Vidente. Decenas de personajes desfilaron por los mundiales de Estados Unidos 1994, Francia 1998, Corea-Japón 2002 y Alemania 2006. Todos tenían algo en común: estaban escritos. Había guion. Había construcción. Había remates. Había producción. Había talento. El análisis era el plato fuerte y la comedia era el postre. Daban tiramisú con mascarpone. Hoy el el menú se invirtió. Y ofrecen frijoles con catsup.

La mesa deportiva (Protagonistas Extra) mantiene todavía buena parte de su prestigio gracias a Christian Martinoli, Luis García, Jorge Campos, Antonio Rosique, Zague, David Medrano, Carlos Guerrero e Inés Sainz. Anoche tuvieron a Iker Casillas como invitado y ahí también el conocimiento de Jorge Valdano, el cómplice clave de Maradona en la delantera argentina del 86. Son profesionales que conocen el oficio y que todavía pueden sostener una conversación futbolera sin necesidad de disfrazarse de botarga.

El problema tiene que ver con lo previo, cuando los primeros conducen los pegostes de ‘comedia’ asumiéndose Paco Stanley y Mayito Bezarez haciendo el gallinazo. Son chistosos a fuerza. Lo suyo es el futbol, la narración y el análisis. Se ponen a la altura, que es ‘bajura’ de el Capi Pérez, Daniel Sosa, Los Mascabrothers, Facundo, La Bea, el Isra Punk y otros influencers o youtuberos invitados. Da igual como se llamen. Están instalados en un territorio donde la principal estrategia consiste en el permanente albur barato y en gritar más que el o la de junto y en reírse como quien se ríe solo tras contar un mal chiste. No surge el humor. Ni siquiera ese involuntario que se da por malo.

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Pero eso no quiere decir que no estén haciendo lo correcto, si lo correcto es vender. Son perfectos para ello. Lo que antes era creatividad hoy va por el algoritmo. Lo que antes era irreverencia hoy no es ni desesperación. Lo que antes era una propuesta disruptiva hoy es un TikTok banquetero que accidentalmente encontró una cámara de televisión. Recursos de tecnología sin límites, eventualmente no te salvan de la pobreza infinita. La que se llama miseria.

 

El elenco femenino (Kristal Silva, Vanessa Claudio, Andrea Sola, Renata Ibarrarán, Elsa Jiménez, Jéssica Luba), hace lo que puede. Y no lo que no.

La diferencia no está en las redes sociales, está, quizás, en el trabajo. Bustamante podía dedicar una semana a un sketch de cinco minutos. Trujillo construía sátira política con precisión quirúrgica. Óscar Cadena convertía una entrevista callejera en una pequeña pieza documental. Ausencio Cruz desarrollaba personajes reconocibles. Hoy abundan personajes que parecen haber sido creados durante un trayecto en elevador. Entre la planta baja y el segundo piso. Todos parecen estar compitiendo por convertirse en el mismo video vertical de treinta segundos.

Por momentos, parece que el Mundial existe únicamente para rellenar espacios entre sketchitos, dicho sea por su calidad. Y ahí la tragedia de no entender que el humor es cosa seria. No una tragedia griega ni shakespeariana. La tragedia de sustituir el ingenio por algo que no alcanza a ser una ocurrencia. La de confundir la improvisación con el talento. Y la de descubrir, o no ser capaz de descubrirlo nunca, que una carcajada… también necesita entrenamiento.