“la fiscal”: la docuserie que explora la búsqueda de justicias desde el corazón del sistema

Paula Paredes S. · 29 de marzo de 2026

“la fiscal”: la docuserie que explora la búsqueda de justicias desde el corazón del sistema

Bajo la dirección de Paula Mónaco Felipe y Miguel Tovar llega “la fiscal”, la docuserie que explora el trabajo de Sayuri Herrera.

Sobre “la fiscal”

Esta docuserie pone el foco en una de las violencias más urgentes de México: el feminicidio.

A lo largo de tres episodios nos adentra en el funcionamiento interno de la Fiscalía de Feminicidios de la Ciudad de México .

La serie se basó en el trabajo periodístico de casi 4 años, y sigue de cerca a Sayuri Herrera, la primera fiscal especializada en feminicidios en la capital, así como a su equipo. Todo esto se hace en un contexto donde la búsqueda de justicia se enfrenta constantemente a límites estructurales.

Tuvimos la oportunidad de conversar con Paula Mónaco Felipe sobre el origen del proyecto, los retos de documentar el sistema judicial y las decisiones narrativas detrás de una serie que apuesta por la memoria, la dignidad y las justicias posibles.

El nombramiento de Sayuri como punto de partida

La historia de “la fiscal” no fue pensada desde un inicio como un proyecto audiovisual. Surgió a partir de una inquietud periodística y de un encuentro.

“Yo quería simplemente entrevistarla, mi idea no era muy extraña”, recuerda Paula. Pero la respuesta de la fiscal ante la petición de entrevista cambió todo: “¿Por qué en lugar de entrevistarme no vienes a ver cómo es la fiscalía?”.

Todo esto ocurría en 2020, cuando fue creada la Fiscalía de Feminicidios en la Ciudad de México y Sayuri llegó a su dirección. Lo que además del nombramiento llamó la atención de Paula en este caso fue el perfil de ella: mujer, de corte feminista y proviniente del activismo que ahora estaba en un espacio institucional.

“Fue una sorpresa para mí y para muchos, una sorpresa porque ella es de otro mundo, no de las instituciones, ella es del mundo del activismo, de la lucha social, y no es tan común que las personas brinquen de uno a otro”.

El primer intento de contar esa historia fue en un texto publicado en Gatopardo. Sin embargo, Paula sintió que hacía falta más:

“Me quedó la sensación de que me había tanto por fuera,que tenía la inquietud de cómo contarlo”.

La respuesta llegó al entrar físicamente a ese espacio.

“Nos quedamos fascinados de poder conocer ese lugar, de conocer el mundo de los ministerios públicos, de los policías, de las peritas y de ver a Sayuri en acción”.

Así se tomó la decisión: “Esto se tiene que contar a modo de documental”.

Del texto al documental en plataformas

El camino, sin embargo, no fue inmediato ni sencillo.

Durante casi un año Paula y Miguel trabajaron de forma independiente, sin claridad total del rumbo.

“Fue casi un año trabajando prácticamente solos en el tiempo que como periodistas freelance le podíamos robar a otros trabajos, que era de lo que vivíamos”, explica.

El proyecto tomó forma cuando se sumaron el periodista Diego Enrique Osorno y la productora Detective. A partir de ahí, la historia encontró una estructura más sólida que permitió llevarla a una plataforma global. 

“Ellos nos sugirieron: esto no lo vemos como un largometraje documental, sino como una serie”.

Así nació “la fiscal”, una producción que ya puede ser vista en decenas de países a través de Netflix.

La búsqueda de confianza, los límites y tensiones de adentrarse en el sistema

Uno de los mayores retos fue acceder a un espacio históricamente cerrado: el sistema judicial.

“Fue intenso. Sorpresivamente abierto por un lado y previsiblemente difícil por otro”, recuerda Paula.

El acceso se dio tras una conversación directa con la entonces fiscal general Ernestina Godoy.

 “Le planteamos que no queríamos hacer nada panfletario ni propagandístico, pero tampoco algo golpeador, sino un retrato de lo que viéramos”, explica Paula. 

La respuesta fue inesperada:

“Adelante, no hay nada que ocultar”.

El acceso implicó el acuerdo de ciertas reglas que el equipo se aseguró de cumplir en todo momento:

  • No tener perfil morboso.
  • Cuidar la dignidad de las víctimas y trabajadores.
  • No afectar ningún procedimiento que se estuviera realizando.
  • Respetar quien si y no quisiera participar en la grabación.

En la práctica la experiencia fue compleja, pues la cámara generaba incomodidad, desconfianza e incluso rechazo:

 “No todo el mundo se deja grabar, no todo el mundo quiere participar. Intimida la cámara, y hubo que estar explicando en cada situación qué hacíamos y por qué”

En escenas del crimen, por ejemplo, el primer impulso era expulsarlos; sin embargo, de a pocos la confianza se construyó de la mano de decisiones éticas claras:

 “Cuando nos veían que en el momento en que había que destapar un cuerpo, nosotros no enfocábamos eso, entonces entendían que no queríamos revictimizar”.

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Memoria y “justicias posibles”

Más allá del acceso y el retrato institucional, “la fiscal” está atravesada por dos conceptos: la memoria y la justicia, o más bien, las múltiples formas que ambas pueden tomar.

“El tema de la memoria es central para nosotros en esta serie documental. Lo pensamos igual que pensamos a la justicia, como dos conceptos que nos guían, nos mueven, pero que también sentimos que tenemos que seguir profundizando, ahondando y complejizando”, explica.

Desde esa perspectiva, la serie se aleja de una visión tradicional para plantear otra posibilidad: no hablar de la justicia como un destino único, sino como un proceso.

“Intentamos narrativamente hablar de justicias posibles”, dice. “Porque un juicio y una sentencia son importantísimos, pueden cambiarlo todo a nivel social, pero creemos que el concepto no se reduce solamente a eso”.

En ese sentido, la cámara se enfoca en aquello que suele quedar fuera del relato: los procesos, los cuidados, las pequeñas acciones que también construyen justicia.

“Hay muchas formas, desde que te atiendan como mereces, con cuidado, con respeto, con consideración, hasta que te cuiden siendo la mujer ya muerta”, señala.

Esa idea profundamente incómoda atraviesa la serie: la necesidad de pensar la dignidad incluso después de la muerte.

“Viéndolas trabajar a Sayuri y a su equipo empecé a entender que es importante cuidar nuestra muerte también. Que no es que en el momento en que nos matan se acabó nuestra existencia”.

La justicia, entonces, también implica procesos que van desde la búsqueda de los cuerpos hasta el acompañamiento a las familias.

“Necesitamos que si esconden nuestros restos sean recuperados, que nos busquen, que nos encuentren, que nos den digna sepultura, que se hagan necropsias justas, que las hijas e hijos en orfandad sean atendidos y acompañados”

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la fiscal Netflix
La Fiscal S.1. Cr. Courtesy of Netflix ©2026

Nombrar, mostrar y recordar

En paralelo, la serie construye una reflexión sobre la memoria que va más allá del registro.

“Hemos hecho muchas cosas sobre feminicidios y a veces pareciera que la memoria es solamente construir una pequeña biografía o entrevistar a la familia. Nombrar es importante, pero hay mucho más que podemos hacer”, explica Paula.

Ese “hacer más” se traduce en decisiones narrativas concretas: qué mostrar, qué no mostrar y cómo hacerlo.

“Pensamos cómo nombramos, cómo mostramos, a quiénes mostramos y a quiénes no”, dice.

Una de las decisiones más contundentes de la serie es mostrar a los agresores, la razón es política y simbólica:

“En la serie hay una decisión editorial muy clara de mostrar el rostro de los feminicidas. A las mujeres nos matan y pasamos a ser la víctima, pero del hombre que las privó de la vida a veces no se sabe más que el nombre. Nos parece una forma de redignificación que así como se conoce su rostro, se conozca también el de los feminicidas”.

En contraste, hay un límite claro: no mostrar la violencia sobre los cuerpos de las víctimas.

“Aunque teníamos acceso a necropsias y a escenas del crimen, decidimos conscientemente no exponer sus rostros, sus heridas, las huellas de la violencia en su cuerpo”.

Un ritual para habitar la memoria

“La fiscal” apuesta por construir memoria desde otro lugar: el recuerdo digno.

“Nos preocupaba que cuando te matan te quitan el nombre, pasas a ser un caso, quisimos buscar una forma de honrar su memoria”, explica.

Esa búsqueda se traduce en uno de los momentos más potentes de la serie: un ritual construido junto a las familias.

“Las aparecimos al final en un momento que fue un homenaje… proyectamos sus rostros a gran escala, de noche, con sus familias y sus amigas para construir un recuerdo bonito de ellas, como eran: contentas, sonriendo”.

El gesto no es menor: Karen Itzel, Joana Esmeralda, Yrma Lydya y Ariadna Fernanda, son mostradas en vida, en espacios significativos, lejos del lugar donde fueron asesinadas.

“No en el lugar donde las privaron de la vida, sino en lugares donde fueron felices”, dice.

La intención es que esa memoria trascienda la pantalla y se inscriba en la ciudad:

“Que cuando alguien vaya a Chapultepec pueda pensar en Joana, o cuando vea girasoles piense en Ariadna… que entre todas las personas empecemos a sostener esa memoria”.

Porque al final, la memoria también es colectiva:

“Que no sea solamente de su familia y de sus amigas, sino de quienes habitamos la ciudad donde ellas vivieron”.

la fiscal Netflix
La Fiscal S.1. Cr. Courtesy of Netflix ©2026

Intentar: el corazón de la serie

“El verbo central de esta serie es intentar”, afirma Paula.

Si bien Sayuri Herrera aparece como una figura atípica dentro del sistema, la serie evita convertirla en una heroína. Esto se ve desde el titulo: “la fiscal”, se escribe en minúsculas por una razón:

 “Es “la fiscal” en bajas porque no queremos construir una figura heroica, sino alguien que trabaja como también trabaja el maestro, como también trabaja la barrendera…”

Reconocer los esfuerzos dentro de un sistema complejo

Este trabajo abre una mirada distinta sobre lo que significa transformar un sistema complejo.

“No sabes si lo vas a lograr, no tienes certeza, arriesgas cosas, pero la decisión es intentarlo”

Esa es en gran medida, la idea que atraviesa la serie: reconocer a quienes, incluso en estructuras atravesadas por la impunidad, deciden ir contra corriente.

“Tenemos heridas muy grandes.La violencia, los feminicidios son muy complejos, muy dolorosos, donde la impunidad es la regla. Queremos cambiarlo todo, y tenemos que seguir intentando cambiarlo todo. Pero si solo queremos el todo, también es imposible cambiar. Hay que ir pasito a pasito”.

En ese sentido, la serie pone el foco en quienes, desde distintos lugares, hacen lo posible.

“Personas atípicas sí, pero también personas que son seres humanos como muchos otros y que intentan ir por el todo y aunque no puedan lograrlo, en el camino van consiguiendo cosas”.

Esa mirada no es solo narrativa, sino profundamente personal:

“A mí como habitante de México en 2026 me hace falta encontrar personas, historias, momentos a los cuales asirme para mantenerme viva, con esperanza y con fuerza para seguir haciendo cosas”, confiesa.

Porque frente a la magnitud de la violencia, el riesgo es la inmovilidad.

“Miramos cada día cuántas mujeres siguen matando, cuántas personas desaparecen… y eso nos puede abrumar al punto de no hacer nada”.

Ahí es donde “la fiscal” propone otra posibilidad: 

“Estas personas que van iluminando un poquito el camino, que tienen una luz propia, a lo mejor chiquita, pero que alimenta el corazón con ejemplos inspiradores”.

La importancia de mirar de frente la realidad

La experiencia de realizar la serie también dejó una huella personal profunda en Paula Mónaco, atravesada por contrastes y aprendizajes.

“Me llevo el poder ver en esta serie y en esta historia, como en muchos otros momentos de la vida, lo más oscuro del ser humano. Qué tan oscuros podemos ser, pero también qué tan luminosos podemos ser”, comparte.

Ese recorrido no solo implicó mirar el sistema, sino también acercarse a las historias de vida detrás de cada caso:

“Me llevo la vidas de mujeres que antes no conocía y que ahora conozco, y que me comprometo a resguardar su memoria”, dice.

En ese proceso, la serie también se convirtió en un motor personal:

“Me llevo deseos de seguir intentando cosas, así como Sayuri y su equipo intentaron cambiar una institución desde adentro. Conocerlas renueva mis esperanzas de hacer cosas, y también me confirma que vale la pena intentar contar las historias que queremos contar”, concluye.