Luis Baylón · 30 de julio de 2025
Sí, And Just Like That… regresó con más drama, más moda y más nostalgia noventera, pero también con espacio para que sus protagonistas revisiten lo que no fue tan glamouroso de aquellos años. Esta vez, Kristin Davis —eterna Charlotte York— habló sin filtros sobre uno de los momentos más incómodos que vivió durante el rodaje de la icónica serie.
En un nuevo episodio de su pódcast Are You a Charlotte?, Davis se refirió al episodio “The Chicken Dance”, de la segunda temporada de Sex and the City, como uno de los más difíciles de grabar en toda su carrera.
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La escena en cuestión muestra a Charlotte como dama de honor en la boda de una amiga. Todo fluye con el clásico encanto romántico de su personaje, hasta que aparece uno de los padrinos de boda y, en medio del coqueteo, el padre del chico, es decir su potencial suegro se acerca… y ocurre lo inesperado: tiene que “agarrarle el trasero”.
Es este episodio ¿Lo recuerdas?
“Victoria [Hochberg], la directora, le gritaba desde el otro lado de la habitación. Creo que tenía un megáfono. Le decía: ¡Más fuerte! ¡Más grande! ¡Agárrale el trasero!”, recordó Davis. “Y hay un primer plano de él agarrándome el trasero. Qué vergüenza”.
Davis confesó que la expresión de enojo que muestra en pantalla no fue actuación. “Esa es mi cara real de enfado. Estaba enojada porque tuve que hacer eso. Estaba molesta de que ese hombre tuviera que tocarme así. Fue… mortificante, ¿sabes?”.
Para ella, el “nivel de humillación” durante esa escena alcanzó su punto más alto. Aunque Davis se ha mantenido como una defensora de la serie y sus personajes, este tipo de recuerdos evidencian que incluso los íconos televisivos enfrentan momentos incómodos detrás de cámaras, especialmente en una era donde los límites del consentimiento en la ficción no eran tan claros como hoy.
Aunque Sex and the City nos regaló momentos memorables, también dejó atrás escenas que hoy se leen con otra mirada. Y Davis, lejos de callarlo, lo comparte con honestidad. Porque a veces, volver al pasado no solo es cosa de Manolos, cosmopolitan y un Nueva York antes de la presencia ineludible de los celulares, sino también de ponerle nombre a lo que antes se normalizaba.
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