Andro Aguilar · 23 de noviembre de 2024
Juan Cirerol, el músico norteño que mezcla el punk, el country y los corridos norteños desde hace tres lustros, vuelve a la capital del país, para reunirse con “su pandilla” de esta ciudad como él le dice.
Una presentación que coincide con conciertos en ciudades de esta región, el lanzamiento de su nuevo disco, “Suspiro mexicano”, y la colaboración musical en la promoción de la serie internacional Tulsa King.
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“Yo tengo un público de nicho que es como mi pandilla. En toda la República tengo como mi pandillita. Van a escucharme y me piden las rolas, ellos ya saben cuál es la nueva. Vamos ofreciendo nuestro show guitarrero con canciones nuevas que el público conoce bien”, dice el músico.
Con un corrido norteño, el cantante fue invitado a colaborar en la promoción de la serie, en la que el actor Sylvester Stallone protagoniza a un capo de la mafia italoamericana, que es proyectada a través de la plataforma Paramount.
“El corrido está en un estilo que no es para nada lo que la gente está acostumbrada escuchar en los últimos cinco años, está influenciado más que nada en el estilo clásico como se toca la música mexicana en este tipo de género”.
Desde sus inicios en 2008, Juan Cirerol mezcló los corridos norteños con punk, rock, folk, antes del boom de los corridos tumbados, el subgénero mexicano con tintes de rap y trap que ocupa los primeros lugares de reproducciones en las plataformas musicales.
“El nivel al que soy conocido por el público es bastante modesto, pero a la vez tengo en estos 16 años de carrera el reconocimiento de la gente es rotundo en cada lugar que voy”, dice Cirerol.
El músico oriundo de Mexicali viene dando conciertos en el centro del país —Pachuca, Toluca, Ciudad de México— junto con la banda Cafeína Gris, originaria de Navolato, Sinaloa, y Samuel Herrera, músico también norteño, duranguense.
“Afortunadamente seguimos trabajando en la capital, nos va muy bien al interior de la República y en la capital pues también, tengo un lugar chiquito, pero privilegiado dentro del rock mexicano”.

Tras el sismo que impactó Ciudad de México en septiembre de 2017, Juan Cirerol publicó en sus redes digitales un mensaje de burla.
El cantante fue repudiado por internautas que le reclamaron sus dichos y lo cancelaron. Cirerol se retiró de los escenarios por un tiempo, que usó para rehabilitarse de su adicción al alcohol y otras drogas. Cinco años después, el cantante publicó un video para disculparse.
Volvió tras un lustro para dar un concierto en la capital mexicana, en diciembre de 2022, que fue interpretado como una reconciliación.
—¿Qué significa volver a tocar en esta ciudad?— se le pregunta.
—Es un gran privilegio. Yo me alejé en general tanto de la capital como de otros lugares de la música, para precisamente reflexionar un poco sobre lo que estaba sucediendo en estas cuestiones y pues resolví que yo tenía una conducta que no era adecuada para convivir en sociedad. Lo tuve que reconocer, estaba… como dicen… había perdido la noción de la convivencia sana con el público, con las personas y pues tuve que ir a a una rehabilitación para valga la redundancia rehabilitar mi mente; soy una persona que sufría de enfermedad mental o sufro de una enfermedad emocional, mental, y pues nada, soy un artista con este tipo de enfermedades que vuelvo a la música con conciencia de esto y me siento afortunado y privilegiado de seguir teniendo público.
Juan Cirerol tiene seis años sin consumir drogas. Sin embargo, en los comienzos de su carrera éstas fueron un elemento muy presente en su música y presentaciones, un estigma con el que aún carga.
Para mí la verdad es claramente el estigma de que soy un adicto más. Los adictos, los alcohólicos sufrimos los estigmas en distintos ámbitos de nuestra vida. Para mí se recargo más en el trabajo por ese tipo de polémicas, pero gracias a Dios no me pasó en otros ámbitos más serios, como de conductas ilegales, ir a la cárcel o al hospital, porque es ahí donde te conducen el alcoholismo, las adicciones. Obviamente psicológicamente tienes que estar en constante vigilancia, autovigilancia, para poder sobrellevar este tipo de cosas que son consecuencia de haberse vendido como una adicto públicamente. Eso es lo que soy, tuve que vender mi adicción, con odas a las drogas en mis canciones. Nada más son consecuencia de uno como artista qué cargas decides echarte encima, yo decidí casarme con este tipo de discursos y pues ahora me tengo que hacer responsable y seguir trabajando.
—En años recientes ha habido una discusión abierta de si se puede separar el artista de su obra y en esa discusión permanente algunas personas deciden alejarse como audiencia. ¿Tú cómo has tomado esto?
—Ahora sí que como quien dice: aceptar las consecuencias de las pérdidas que tengas que tener y quedarte con lo positivo, con lo que no hayas perdido. En la carrera uno tiene que respetar al público y el público que se aleje respetarlo. Mi postura no es criticar a nadie, simplemente mi manera de pensar nunca ha sido del todo popular, la verdad, porque soy punk, ¿sabes? No soy ningún santo. Mi música es punk, mi música es de un discurso rudo, que se metió un poco a los ámbitos un tanto más abiertos, en espacios más familiares por decirlo así. Entonces uno se encuentra a veces en lugares donde no sabe cómo pisar y tienes que ir haciéndole ahí, porque el hecho de que toque yo música punk, country, mezclada con corridos, nunca pensé que fuera llegar a donde llegó y ahora que estoy encima del tren pues tengo que agarrarme fuerte, aguantar la turbulencia, y listo.