Daniel Medrano. · 4 de septiembre de 2026
Querido… o también bautizado como el “disco verde”, séptimo álbum del cantante José Madero, finalmente vio la luz.
Con 13 canciones completamente inéditas y estrenadas en su totalidad al mismo tiempo, Pepe lleva a sus seguidores por un camino ya conocido, en donde profundiza sobre temas como la culpa, la búsqueda del perdón, el autocastigo, la desesperación, hasta llegar a la aceptación.
Desde el inicio de su carrera solista, José Madero ha mantenido la idea de que cada álbum de estudio responda a un color específico, creando una especie de arcoíris emocional a lo largo de su discografía.
Comenzó con el rojo de Carmesí, pasó por la oscuridad del negro en Noche; el blanco luminoso y nostálgico de Alba; el profundo azul de Psalmos; el brillante amarillo de Giallo; y el morado simbólico de Sarajevo; y ahora, con Querido…, el artista continúa esta tradición cromática al teñir su séptimo álbum de verde, un tono que marca una nueva etapa.
Este disco adquiere un lugar especial en los seguidores de Pepe Madero, pues es el séptimo y cabe recordar que con la banda Panda –estilizado como Pxndx–, en la que José era líder y vocalista, solamente publicó exactamente siete discos antes de anunciar el descanso indefinido de la agrupación.
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Musicalmente el disco podría ser considerado como el más “rockero” de su carrera. Hay canciones con guitarras mucho más presentes, como lo es el caso de “Semestre de Otoño”, tema que tiene una intro muy energética y cargada tanto en la batería como en cada uno de sus acordes.
En general, muchos de los temas tienen esos momentos más crudos y energéticos, incluso con tintes de rock-punk visceral, aunque a lo largo del álbum lo que sigue predominando son las baladas, toques de crooner y matices más suaves.
Un detalle clave es que Adrián “Rojo” Treviño aparece como ingeniero de mezcla, quien trabajó con Madero en etapas importantes con Pxndx y aportó parte del sonido rockero característico de la banda. Su participación puede asociarse con una intención deliberada de Pepe de volver un poco a sus orígenes.
Discos pasados como Sarajevo, que vio la luz en 2024, puede considerarse como el álbum más experimental de su carrera por muchas razones, pues incorporó en aquel entonces elementos electrónicos e industriales inspirados en los años noventa y ritmos programados. El resultado dio un trabajo más ecléctico, en el que cada canción puede tomar un camino diferente sin estar necesariamente atada a un mismo concepto, además de que es el trabajo que más colaboraciones ha tenido en la carrera de Madero.
Por otro lado, Querido… de inmediato se siente más crudo, íntimo y directo, sin colaboraciones. Las 13 canciones, que fueron lanzadas todas el mismo día sin adelantar sencillos, se sienten más monótonas, como si se tratara de una línea recta que hay que seguir y escuchar de principio a fin, no en el sentido de una rutina o como algo que cae en lo repetitivo más bien es una obra pulida y conservadora que te lleva por una historia que se resume en el sentir culpa y buscar el perdón.
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En Querido…, el color verde no es solo estética: es el tono de una herida abierta que no cicatriza. José Madero construye un universo íntimo y desgarrador donde la culpa se vuelve paisaje, y cada canción es una carta sin respuesta, un eco de lo que se rompió y ya no se puede reconstruir.
Todo empieza con la pregunta que lo resume con la canción: “¿Y Ahora Qué?”, que representa el vacío después del daño, en donde frases como “¿Para dónde hacia el perdón?”, pasa de la confusión a la total desesperación por no saber hacia dónde avanzar para redimirse.
Luego llegan las imágenes más crudas con “Dedos Rotos y Funerales”, como si el cuerpo mismo llevara las marcas de lo destruido. El tiempo se vuelve estacional y frío en “Semestre de Otoño”, mientras las palabras se escriben con una honestidad casi dolorosa en “Cursiva la Letra”, track en el que se reconoce el daño hecho, el final de una relación y la imposibilidad de volver atrás.
Hay un momento de súplica en el tema “Arrópame”, un intento desesperado de encontrar calor en medio del infierno propio. “Para Su Consideración” suena a juicio interno, a alguien que se presenta ante sí mismo y sin defensa. Y en “Postales desde el Fin del Mundo” el paisaje se vuelve apocalíptico, en donde el amor ya no es territorio habitable, solo ruinas que se envían como recuerdos de lo vivido y de lo dañado por sí mismo.
En “Tragedia Termina” parece cerrar un capítulo, como si de un momento a otro tras aceptar las cosas ya todo hubiera terminado, pero el canto en “El Ruiseñor” sigue siendo el de alguien que se mira al espejo y siente pena de sí mismo. Hay una noche especial y oscura en “Especial de Medianoche”, y un movimiento casi furtivo en “Sigilosamente”, como quien intenta esconderse de su propia sombra.
El peso de todo se materializa en “Hombre Piedra”, la figura que se endurece para no derrumbarse y que se hace el fuerte pasadas las adversidades y el dolor atravesado. Y al final, la aceptación más amarga se concentra en “A Pesar de Mí”, en donde se expresa que la vida sigue para los demás. Algunos aún sonríen. Pero él se queda viendo el rostro de la pérdida en cada nueva presencia, sin redención posible.
El disco verde no promete luz, en realidad, promete verdad. Y esa verdad duele porque es profundamente humana: la de alguien que sabe que mereció el castigo… y que, aun así, sigue escribiendo.