Paula Paredes S · 25 de abril de 2026
Hay bandas que hacen música y otras que parecen hacer rituales capaces de hacer viajar a quienes los escuchan.
En el caso de Los Espíritus, el proceso creativo no parte de fórmulas ni estructuras rígidas, sino de algo más difícil de definir: intuición, energía y una búsqueda constante por conectar con lo que no siempre es visible.
En Animal.MX hablamos con Maxi Prietto, Felipe Correa, Miguel Mactas y Martín Batmalle sobre la música como camino, la importancia de mantenerse fiel a sí mismos y cómo hacer de la música un ritual en el que todos quieren participar.
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Su forma de trabajar no responde a certezas. Más bien, se construye sobre el ensayo, el error y la exploración.
“Somos arqueólogos que vamos descubriendo el camino que parece que ya estaría hecho, pero hay que ir descubriéndolo”, dice Maxi.
Así, más que imponer una dirección, dejan que las canciones aparezcan. Como si ya existieran y solo hubiera que encontrarlas; en esa búsqueda constante es donde aparece la inspiración no solo de influencias que escuchan, sino que sienten.
Poniéndolo en palabras simples, es como si se invocará a aquellos músico que admiran para encontrar un poquito de esa magia:
“Yo creo que músicos que ya no están más entre nosotros… Luca Prodan, John Lee Hooker, Bob Marley… artistas que nos inspiran. Y cuando nos encerramos en la sala esperamos que una gotita de toda esa magia se dé”.
No se trata de nostalgia ni de referencia directa. Para la banda, esos nombres funcionan casi como una energía que atraviesa lo que hacen.
Desde el inicio, hubo un punto de encuentro claro: el blues. Pero no se quedaron ahí.
“Algo que nos unía era el espíritu del blues… pero también la percusión, algo más tribal, africano… desde el desconocimiento, desde la intuición”, explica Martín.
Ese cruce entre tradición y exploración terminó definiendo su identidad. No desde la teoría, sino desde lo que iba funcionando en el cuerpo y en el sonido.
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Esa intuición los llevó a otro terreno: el ritual.
“Esa búsqueda del ritual nació de querer fusionar el blues con percusiones… no sabíamos cuáles, pero sí que eso le iba a dar ese carácter de rito”.
Más que canciones convencionales, su propuesta se acerca a una experiencia. Repetición, ritmo, intensidad. Elementos que transforman la escucha en algo más físico. Para Los Espíritus, la música también tiene una dimensión difícil de explicar.
“La música es una puerta de conexión con ese misterio de la vida… viene de un lado que no es tangible y te invita a imaginar”, explica Miguel.
Ahí está, quizá, el centro de todo: una búsqueda que no intenta definirse del todo, pero que se siente presente.
Esa exploración no está desconectada de la realidad. Al contrario, dialoga con ella y de hecho, México es un escenario indispensable para encontrarla. Desde nuestra cultura, hasta cintas que se han grabado en el territorio, Los Espíritus muchas veces encuentran esa cuota de surrealismo sin buscarle mucho, pues como dicen por ahí, la realidad supera la ficción:
“Me gustó mucho Jodorowsky… ese surrealismo con componentes oníricos que terminan resultando políticos”.
Y en ese mismo sentido, agregan:
“La realidad ya tiene una cuota de psicodelia… pasan cosas que parecen ficción y decís: ‘esto es real, está pasando ahora’”, admite Felipe.
Lo que parece abstracto o simbólico también puede ser una forma de leer el presente.; y cuando ese universo conecta con otros, la experiencia se amplifica.
“Desarrollamos un sonido y una identidad con todo este imaginario que creo que acá en México es donde más están ávidos de interpretarlo… tienen las condiciones culturales para profundizar”.
No es solo escuchar, es interpretar. Completar el sentido desde quien recibe.
En un contexto donde todo parece responder a tendencias, su postura es clara y parte de esa postura, es quizá uno de los aspectos que hacen más especial a la banda: Mantener la vista clara en lo que que quieres.
“Lo más sano es hacer algo que te guste a vos… usar los medios como difusión, pero no vivir para ellos”.
La música, dicen, no se negocia.
“La música no se sacrificó absolutamente nada”.
Esa idea se resume en una anécdota simple: un concierto donde intentaron adaptarse al contexto… hasta que alguien del público intervino.
“‘Pero, ¿ustedes qué tocan? Rock, toquen rock’”.
El consejo fue directo. Y suficiente.
“Si haces eso, haces lo que haces, ¿a quién quieres engañar?”.
En un momento donde todo parece ajustarse a lo que funciona, la respuesta de Los Espíritus es otra: seguir el propio camino, incluso cuando no está del todo claro.