Paula Paredes · 15 de octubre de 2026
“Entre Tierras” llega hoy a las salas de cine del país. Conversamos con su director Atzin Ortiz González sobre esta producción que pone en pantalla grande uno de los temas que atraviesan la migración, especialmente en medio de políticas como las de Estados Unidos.
El documental nos presenta tres historias de tres familias que atraviesan una misma situación, el drama y las consecuencias de la deportación desde Estados Unidos a México.
A lo largo de la cinta, vemos cómo esos vínculos y dinámicas familiares se han trasnformado y mantenido a través de la distancia y el tiempo —o más bien, pese a estos—evidenciando las consecuencias de las salidas forzosas del país que llevaban años habitando y en el que habían construido sus vidas.
Atzin llegó a estas historias a través de la fundación “Deportados Unidos”, de la cual Ana Laura López, una de las protagonistas del documental es fundadora. Esta fundación se encarga de darle seguimiento y acompañamiento a personas que han sido deportadas, en ese espacio Atzin conococió también a Gustavo y Jesús, los otros dos protagonistas de la cinta.
“Llegué a partir del segundo debate presidencial donde uno de los candidatos allá en el 2018 habló de Ana Laura. Al querer saber si la estaban instrumentalizando, ¿no? O sea, digo, su historia y su vida, me di a la tarea de pues meterme a internet, averiguar este quién era ella y fue cuando empecé a conocer su historia que me parecía fascinante: esta cuestión de regresar y empezarse a dedicar con el tema de de acompañamiento o de pues hacer algo para la comunidad migrante repatriada”, comenta.
Lo siguiente fue contactarles a través de Facebook:
“Así de Hola, soy Jatzin, este, soy un director, me gustaría conocerlos, creo que aquí hay una historia importante que contar. No necesariamente sabía en ese entonces qué exactamente quería contar, pero quería acercarme, ¿no? al menos en todo caso empezar una investigación. Pegamos muy buena onda y a partir de ahí me empezaron a invitar a convivir con ellos, empecé como un poco hasta formar parte del colectivo, ellos de hecho sí me dicen que yo ya soy como parte del colectivo. Y pues también al estar estar como conociendo y escuchando las historias de vida de diferentes personas con las que pues este ayudaban o pues se juntaban ahí en en en las oficinas que tenían”
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Más allá de las cifras y los discursos políticos que suelen acompañar el término de migración. Hay historias que ocurren en la intimidad de los hogares, en la distancia entre familias o en los intentos de construir una vida lejos. Esto fue justo lo que el director quizo capturar.
“Empecé como a darle un poco más forma al aspecto humano de la película porque originalmente estaba más bien enfocada a el trabajo del colectivo. Pero cuando vi esta imposibilidad de tener un duelo sobre la separación familiar y la distancia tomé la decisión de llevarlo más hacia un lado humano y explorarlo, y más que buscar como algo extraordinario en su vida, yo tenía ganas de mostrar qué pequeños detalles desde lo cotidiano, desde lo común me podían servir para crear un un retrato mucho más amplio de la situación”, explica.
Aunque en la cinta vemos 3 historias particulares, el relato acaba reflejando una realidad que viven muchas personas, y más aún en las politicas migratorias que vemos en la actualidad.
“Entonces no necesariamente estoy hablando solo de ellos tres, sino que estoy hablando de una realidad que los sobrepasan, ¿no? que refleja como pues lo que viven muchos connacionales. El tema migratorio a nivel mundial es un tema muy delicado, ya empiezan a verse estos nacionalismos, ¿no? de que todo el mundo dice que no haya migrantes en nuestros ciudades. Me interesaba esta cosa, desde lo pequeño crear un retrato colectivo”
Uno de los aspectos que atraviesan el documental es la manera en que las personas intentan conservar sus vínculos familiares a pesar de las fronteras y las circunstancias que las separan. La película presenta distintas posibilidades de reencuentro: desde aquellos que finalmente se concretan hasta los que permanecen distantes o inciertos.
Para el director, acompañar estas historias significó reconocer los esfuerzos que hacen madres y padres por mantener su lugar dentro de la familia, incluso cuando las condiciones políticas y migratorias dificultan esa tarea.
“Encontré la humanidad, ver cómo, por ejemplo, luchan por seguir su rol de padres o de madres a pesar de ciertas adversidades impuestas por dos gobiernos, al final, porque no solamente es uno, sino también las complejidades que encuentran aquí en México”
La separación no implica necesariamente que los lazos familiares desaparezcan, pero sí puede dejar marcas que persisten con el paso del tiempo:
“Los lazos familiares empiezan a ser un poco más… No digo que se quiebran, pero sí tienen esa marca indeleble que, a pesar de que sane, ahí está y esa marca va a seguir permeando con el paso del tiempo”.
Esa mirada permitió acercarse a la migración desde un lugar distinto: no solamente como el desplazamiento de un territorio a otro, sino como una experiencia que transforma las relaciones, las responsabilidades y las maneras de reconocerse dentro de una familia.
La cercanía con los protagonistas también planteó preguntas sobre la responsabilidad de representar sus experiencias. Para Jatzin, trabajar con personas reales implica reconocer que no todo momento íntimo debe convertirse en una escena, incluso cuando podría aportar una gran fuerza narrativa a la película.
Uno de los ejemplos más significativos ocurrió cuando el hijo de Ana Laura finalmente pudo viajar para reencontrarse con ella después de conseguir su visa. Aunque el momento habría podido convertirse en una secuencia importante para el documental, el director decidió no filmarlo.
“Claramente esto no lo voy a filmar. Siento que podría ser maravilloso eso para la película, pero creo que Ana lo que necesita es disfrutar el reencuentro con su hijo a como dé lugar”.
En otras ocasiones, la cámara tuvo un propósito distinto al de registrar material para la película. Así ocurrió con el reencuentro de Jesús con su hija en el aeropuerto. El director quiso que tuviera un recuerdo de ese momento, consciente de la importancia que tenía para él. Solo después, cuando Jesús le dio su autorización para utilizar las imágenes, estas se incorporaron al documental.
Si la migración suele asociarse con la decisión de dejar un lugar para buscar mejores oportunidades en otro, el documental pone el foco en una experiencia distinta: el regreso obligado y la incertidumbre que viene después. Volver no significa necesariamente recuperar la vida que se dejó atrás.
Para quienes regresan, puede implicar reconstruirse desde lo laboral, lo familiar y lo personal, mientras intentan adaptarse a un entorno que, aunque conocido, puede sentirse ajeno, esto sin contar que el proceso, además, no es igual para todas las personas.
“No todos tienen la misma fuerza, no todos tienen la misma resiliencia, a algunas personas les cuesta más, a algunas personas les cuesta menos; a algunas personas, por más que lo intenten, no logran quizás resolver la mayor parte de esos problemas que significa el resignificarte desde lo laboral, desde tu propia identidad, desde lo familiar”
Desde esa perspectiva, el retorno no representa necesariamente el final de una trayectoria migratoria. Puede ser el comienzo de otra etapa marcada por la incertidumbre, la búsqueda de pertenencia y la necesidad de reconstruir los vínculos que quedaron suspendidos.
Frente a ello, Jatzin plantea una reflexión sobre el derecho a migrar y las condiciones que deberían acompañarlo:
“Al final, creo que lo que uno siempre espera es que la migración pueda ser un derecho, algo que todos podamos hacer libremente, independientemente, evidentemente, de tu estatus social, económico, etcétera”.
El encuentro con estas historias también transformó la manera en que el director entiende su propia experiencia migratoria. Jatzin vivió ocho años en Argentina, donde viajó para estudiar, y después decidió regresar a México. Esa posibilidad de elegir el regreso, explica, estuvo acompañada de una comodidad que no necesariamente comparten quienes son obligados a volver.
“Yo también he dicho que soy un migrante privilegiado porque yo fui a estudiar a Argentina, viví ocho años allá, regresé a México, pero tomé la decisión de regresar. También me encuentro con un país en el que me tengo que adaptar de vuelta, pero desde un lugar de completa comodidad”
En ese reconocimiento aparece otra reflexión: la manera en que las palabras construyen distinciones y, en ocasiones, permiten que ciertas personas se excluyan de experiencias que sí las atraviesan. El director recuerda que antes se identificaba como expat, en lugar de reconocerse como migrante.
“A veces no nos hacemos responsables de las palabras, de lo que cargan las palabras, el significado”
Para él, establecer esa separación puede contribuir a que la migración se piense únicamente desde el estigma y la vulnerabilidad, dejando fuera otras experiencias marcadas por el privilegio. Reconocer esa diferencia le permitió observar la problemática desde otro lugar y preguntarse cómo utilizar su propia posición para contribuir a un cambio.
El documental fue filmado durante tres años, entre 2018 y 2021, y su proceso de edición tomó alrededor de dos años más. La producción comenzó de manera autogestiva y posteriormente consiguió apoyo para la posproducción a través de una iniciativa vinculada al Festival de Guadalajara y su festival hermano en Los Ángeles.
El tiempo, sin embargo, no quedó únicamente como una circunstancia de producción: terminó convirtiéndose en uno de los ejes de la película. Las historias continúan después de que la cámara deja de grabar y las preguntas permanecen abiertas. ¿Qué ha cambiado? ¿Qué sigue igual? ¿Qué ocurre con las familias y con quienes intentan rehacer su vida?
Para Jatzin, esa continuidad es parte de la experiencia que busca compartir con el público, en la que la intención no es ofrecer respuestas definitivas ni convertir la película en un sermón, sino abrir un espacio para que cada espectador se acerque a la problemática desde su propia experiencia.
“La película no la pensaba como para sermonear. Si hay una postura muy clara de mi parte en la película, no la hago explícita, pero en ese sentido lo hago para que también la película pueda ser vista desde diferentes ojos, desde diferentes perspectivas. Para mí, mi interés es que el espectador entre, vea una problemática y, a partir de sus prejuicios o su conocimiento o su ignorancia sobre el tema, reflexione”, concluye.
La cinta llega a las salas de cine este 15 de octubre. Puedes verla en las salas de Cinemex. Checa el trailer a continuación:
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