¿El uso de IA invalida el arte? Rawayana desata polémica por su forma de promocionar gira

Paula Paredes S. · 21 de abril de 2026

¿El uso de IA invalida el arte? Rawayana desata polémica por su forma de promocionar gira

Desde España hasta Colombia y México, la gira ¿Dónde es el after? de Rawayana recorrerá distintos países. Pero antes de subirse al escenario, la agrupación venezolana ya encendió la conversación con una estrategia promocional que dividió opiniones.

Aquí te contamos qué pasó y, además, recogemos la perspectiva de Torrivilla, investigador y especialista, sobre el debate que esto provocó.

Puedes leer: “Slop”: La palabra que define al contenido hecho con IA muy chafa

Sobre “¿Dónde es el after?”

Publicado el 1 de enero, este es el sexto álbum de estudio de la banda venezolana producido por Brocoli Records, sin contar que se trata de su proyecto más extenso y ambicioso, contiene 23 canciones que incluyen colaboraciones con Manuel Turizo, Danny Lux, Elena Rose, Justin Quiles, Jowell & Randy, Magic Juan, Mazzarri, Carín León, Grupo Frontera, Servando & Florentino y Joaquina.

El álbum navega entre géneros como afrobeats, funk, urbano, ritmos caribeños, reguetón, dembow e incluso una cumbia con tintes mexicanos.

Fiel a su estilo, la banda vuelve a poner a Venezuela en el centro, desde la portada misma, en la que aparece un número telefónico +1 (414) 261-2692 y que al ser marcado reproduce un fragmento de una entrevista de Arturo Uslar Pietri, escritor, periodista y productor venezolano. En él se escucha:

“Venezuela fracasó, los hombres que dirigieron a Venezuela en la abundancia petrolera fracasaron” como crítica de la dependencia de ese país al crudo.

Por otro lado, la pista “El after del after” contiene un fragmento del episodio final de El show de Renny, emitido en 1973:

Es una gran tontería, sin duda alguna, tener espacio en el corazón para un rencor, porque un espacio es un espacio y si está lleno con un rencor, no hay sitio en ese espacio para un amor», y añade: «La exclusividad de la verdad no es de ningún grupo. Cuando se decide uno por un grupo tranquilamente perdió la verdad que puedan tener los otros grupos”

Uno de los temas que más se popularizaron del disco es “Si te pica es porque eres tú”, en el vidoeclip de la canción se logra ver  como una especie de premonición a Nicolas Maduro preso. El 3 de enero esto ocurrió en la vida real.

Rawayana no ha sido ajeno al contexto de Venezuela. De hecho, la agrupación en algún momento debió cancelar conciertos por la furia que desató al entonces presidente la canción “Veneka”, que empezó siendo una composición cargada de referencias, pero se acabó convirtiendo en una especie de himno que retrataba la migración. ¡No son venecas, son venezolanas!”, gritó furioso el líder venezolano.

Antes de seguir, el término en sí tiene su historia: “Veneco” o “veneca” es una palabra que nació como un apelativo despectivo pero hacia los hijos de los colombianos que había emigrado en los años 70 y 80 hacia Venezuela. Sin embargo, en los últimos años tras la diáspora, se empezó a usar en contra de los migrantes venezolanos. Rawayana tomó el término como punto de partida para escribir la canción.

¿Quién es “Patria”?

La gira comenzó el 17 de abril en Bogotá y concluirá el 6 de diciembre en Miami. Para promocionarla, la banda presentó a “Patria”, una modelo que aparece como figura central en la narrativa visual del disco.

El detalle: Patria no existe. Fue creada con inteligencia artificial.

En un video promocional, el personaje se presenta con un discurso que mezcla incertidumbre, futuro e identidad, funcionando como extensión conceptual del álbum.

“¿Ustedes también sienten que algo está pasando, pero nadie lo está diciendo? Como que algo cambió, pero seguimos actuando igual. Yo no vengo del pasado, yo soy lo que viene. Mi nombre es Patria. Si estás viendo esto, es porque vamos a descubrir juntos dónde es el after. ¿Están listos?”

"Rawayana" es tendencia porque ha recibido críticas por utilizar una mujer creada con inteligencia artificial para promocionar su nuevo disco. pic.twitter.com/xDjbVrA0Mm

— ¿Por qué es tendencia? (@estendenciavzl) April 15, 2026

Entre representación, arte e inteligencia artificial

La reacción no se hizo esperar. Por un lado, surgieron críticas sobre el uso de inteligencia artificial, especialmente considerando las dificultades que enfrentan artistas y trabajadores creativos en Venezuela. Para algunos, una banda con el alcance de Rawayana podría haber optado por colaborar con talento real.

También se cuestionó el uso de una figura femenina que remite a estereotipos asociados a la mujer venezolana.

Por otro lado, hubo quienes defendieron la decisión, señalando que la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana y que criticar su uso en este contexto puede resultar incluso hipócrita

Más allá de posturas a favor o en contra, el caso abre una pregunta más amplia: ¿qué pasa cuando la inteligencia artificial entra en el arte? ¿Pierde valor o simplemente se transforma?

Un debate con muchas aristas

Para profundizar en esta discusión, hablamos con Torrivilla, investigador, curador e historiador del arte venezolano.

Y aclaramos: más que emitir un juicio definitivo, esta conversación invita a mirar el fenómeno desde una perspectiva más amplia: entender que este tipo de decisiones no solo tocan temas tecnológicos, sino también culturales, políticos y simbólicos.

Desde la idea de identidad hasta la representación, pasando por el nacionalismo y los discursos contemporáneos sobre el arte, el caso de Rawayana funciona como punto de partida para una conversación más profunda sobre lo que estamos consumiendo… y por qué.

Rawayana
Foto por Luis Torrivilla (@luisftvilla). Tomada de: www.torrivilla.net

Así que vamos por partes:

“Aquí se cruzan muchísimos temas: la representación, la inteligencia artificial, la ética… incluso el nacionalismo”.

Por eso, más que intentar definir si la decisión fue correcta o incorrecta, propone algo distinto: desmenuzar las incomodidades.

La imagen: más vieja que la tecnología

Aunque el uso de IA fue lo más visible, Torrivilla es claro: en este caso, la tecnología es casi secundaria.

De hecho, considera que su uso es “superficial”. Lo que realmente importa es el tipo de imagen que se construye.

La figura de “Patria” se inserta en una tradición visual profundamente arraigada en Venezuela: la mujer como símbolo de nación. Una idea que no solo pasa por los concursos de belleza como Miss Venezuela, sino por décadas de cultura publicitaria y popular.

Están ejemplos como las “Chicas Polar” o “La Catira Regional”, figuras que consolidaron un modelo: cuerpos normativos, sexualizados y convertidos en representación del país.

“Esa feminidad no solo es estereotípica, sino que ha sido asumida como el país mismo”, señala Torrivilla.

Desde esa lectura, lo que hace Rawayana es continuar esa línea, ahora con otra herramienta.

“Patria” y el peso simbólico de lo femenino

El nombre del personaje no es menor. En el contexto venezolano, la relación entre lo femenino y lo nacional tiene capas históricas y simbólicas profundas.

Torrivilla menciona figuras como María Lionza, una representación femenina vinculada a la naturaleza, la espiritualidad y la identidad del país.

En ese sentido, “Patria” puede leerse como un intento de reactivar ese imaginario desde una lógica contemporánea. Pero ahí también aparece la crítica: en lugar de complejizar esa tradición, la campaña recurre a una versión simplificada, donde la identidad se vuelve de alguna manera, una imagen consumible.

La identidad como producto

Esa simplificación no es casual, para Torrivilla, forma parte de una operación más amplia dentro del proyecto de la banda.

Rawayana ha construido una narrativa que busca resignificar la identidad venezolana desde la diáspora, retomando símbolos culturales, lenguaje cotidiano y sonidos populares; sin embargo, en ese proceso ocurre algo clave: las tensiones sociales detrás de esos elementos se diluyen.

“Se toman referencias que están cargadas de conflicto como las culturas de barrio o las sonoridades afrovenezolanas y se presentan de forma más ‘potabilizada’, más fácil de consumir”, explica.

No es una negación de su valor, sino una transformación: se vuelven parte de una estética exportable, funcional al mercado global.

La IA no crea el problema

El uso de inteligencia artificial entra como una capa adicional que expande la discusión, entonces aparecen preguntas sobre ética , si sustituye o no el trabajo humano, pero también sobre el valor de lo artístico.

Para Torrivilla, este tipo de inquietudes tienen antecedentes claros: desde mediados del siglo XX, con el desarrollo de la industria cultural, ya existía el miedo a que la producción masiva aplanara la complejidad del arte.

Lo que hace la IA es intensificar ese escenario.

“Acelera la producción, la vuelve más accesible, pero también más propensa a la estandarización”, advierte.

Y en ese contexto aparece un fenómeno actual: la producción masiva de imágenes sin valor lo que hoy se llama “slop”, que reutiliza referentes existentes para generar contenido en escala.

Tecnología: entre veneno y posibilidad

Sin embargo, su postura no es rechazar la herramienta. Torrivilla retoma la idea del filósofo Bernard Stiegler: la tecnología es un “fármaco”, así que puede ser veneno o remedio.

El problema, entonces, no es su existencia, sino su gestión.

“Ya no estamos en un punto donde podamos decidir no usarla. La pregunta es cómo la usamos para construir sentido”, plantea.

Eso implica pensarla no solo como herramienta de producción rápida, sino como una técnica que también puede abrir nuevas formas de creación, investigación y lectura cultural.

¿Dónde empieza —o no— el arte?

En medio de la discusión, surge una de las preguntas más recurrentes: ¿la IA le quita valor al arte? Para Torrivilla, el problema está mal planteado. El arte no depende de la herramienta, sino de lo que ocurre con ella.

Generar una imagen por más impresionante que sea no garantiza nada.

Lo artístico aparece cuando hay una relación crítica con la técnica, cuando se revelan sus contradicciones, cuando produce una experiencia que transforma la percepción.

“El arte necesita del cuerpo, de la experiencia, de la conmoción”, explica.

Es decir, necesita de lo humano no como oposición a la tecnología, sino como condición para que esa tecnología tenga sentido.

El límite del moralismo

Otro punto que atraviesa la conversación es el juicio moral: si es válido criticar el uso de IA en un contexto donde su uso es cada vez más cotidiano. Para el experto, ese enfoque es insuficiente.

“No podemos colocarnos fuera del sistema como si no participáramos en él”, señala.

Pensar en términos de pureza de no usar IA, no participar del mercado, no formar parte de la lógica capitalista resulta poco realista en un sistema que lo absorbe todo. Por eso propone otro enfoque: en lugar de prohibiciones, hablar de prácticas.

  • ¿Cómo usamos estas herramientas?
  • ¿Qué tipo de sentido estamos produciendo con ellas?
  • ¿Qué tipo de mundo están ayudando a construir?

Una reacción que dice más de nosotros

Al final, la intensidad del debate no se explica solo por la campaña, sino que  hay algo más profundo en juego: una necesidad urgente de sentido.

En un contexto atravesado por crisis, migración y fragmentación social como el venezolano, la representación cultural se vuelve un terreno sensible.

“Hay una expectativa de que estos proyectos den sentido, representen, conecten…y cuando no lo hacen o lo hacen de forma simplificada aparece la frustración”, explica.

La pregunta incómoda

Quizá el problema no es únicamente lo que hizo Rawayana, ni el uso de inteligencia artificial, sino lo que estamos esperando de ese tipo de proyectos.

“Tal vez estamos buscando respuestas en el lugar equivocado”, dice Torrivilla.

Porque, al final, una campaña publicitaria aunque esté cargada de símbolos difícilmente puede sostener el peso de preguntas tan complejas como identidad, representación o cultura. Y sin embargo, seguimos pidiéndoselo.

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