Abigail Camarillo · 12 de noviembre de 2025
A veces, una historia trasciende sus orígenes para convertirse en un símbolo universal de lucha, injusticia y, finalmente, esperanza. La película Belén es uno de esos relatos, pero es la historia detrás de su creación la que también ofrece lecciones profundas.
A través de una conversación con sus creadoras, descubrimos que los caminos del activismo, el arte y la empatía están llenos de giros que nos obligan a repensar cómo se generan los cambios verdaderos.
La película Belén estará disponible en Prime Video desde el 13 de noviembre.
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En 2014, una joven de 25 años acudió al Hospital Avellaneda de San Miguel de Tucumán, una provincia al norte de Argentina, con fuertes dolores abdominales y una hemorragia severa.
El personal médico que la atendió, en lugar de tratarla como una emergencia médica, violó el secreto profesional y la denunció a la policía, acusándola de haberse provocado un aborto.
Belén fue detenida en el hospital. Durante el proceso, no se presentaron pruebas concluyentes; no había ADN que vinculara el feto (encontrado en un baño del hospital) con ella, y el feto desapareció cuando se intentó hacer una prueba de ADN.
A pesar de la falta de pruebas sólidas y las contradicciones en la autopsia, en 2016 fue condenada a ocho años de prisión por homicidio agravado. Es en ese momento, la abogada feminista Soledad Deza tomó el caso y su trabajo fue clave para demostrar la falta de pruebas y los prejuicios de género en el sistema judicial que llevaron a la condena injusta de la joven.
Durante la conferencia de prensa de la película Belén, a la que asistió Animal MX, la abogada Soledad Deza describió cómo la lucha estaba inicialmente “encapsulada en una provincia y no alcanzaba a nacionalizarse”.
Parecía una batalla solitaria, contenida por barreras geográficas y sociales hasta que hubo varios puntos de inflexión que cambiaron todo. Entre ellos, un gesto de la misma Dolores Fonzi.
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Durante la misma conferencia, se recordó que esta película se gestó gracias a que en 2016, durante los Premios Platino en Uruguay, Dolores Fonzi subió al escenario para recibir un galardón.
En un acto tan simple como poderoso, desplegó un cartel que decía “Libertad para Belén”. El impacto fue instantáneo y desconcertante para muchos. Leticia Cristi, quien se convertiría en la productora esta película, recuerda vívidamente ese momento:
“Los que estábamos ahí decíamos: «¿quién es Belén? ¿Quién es Belén?». No sabíamos”.
Ese simple cartel fue una llamada a la acción que comenzó a tejer el extraordinario aquelarre de mujeres que adaptarían esta historia un par de años más tarde.
El movimiento para liberar a Belén y contar su historia no fue obra de una sola persona, sino el resultado de una red de mujeres que unieron sus talentos y convicciones.
Obviamente está Soledad Deza, a quien describieron durante la conferencia como “el eslabón inicial de toda esta cadena”.
Como abogada defensora, fue la primera en enfrentarse al sistema judicial en nombre de Belén. Su trabajo en el terreno fue fundamental, pero ella misma reconoce los límites de la lucha individual. Soledad reflexionó que actuando sola, “quizás no hubiera podido lograr la potencia esa“, subrayando la necesidad vital de la acción colectiva para interpelar a un sistema injusto.
La escritora Ana Correa expresó que se unió a la causa después de que la propia Belén le hiciera una petición directa: “Vos puede ser mi voz”. Con ese mandato, Ana escribió el libro Somos Belén, la obra que sentaría las bases narrativas para la película.
Un aspecto crucial de su trabajo, y posteriormente del filme, fue el profundo respeto con el que se trató la historia de Belén. Para Ana, este enfoque, en una época donde a menudo se “espera la crueldad”, fue un acto “revolucionario”.
El viaje del libro al cine fue un proceso guiado por la convicción y la oportunidad. Leticia Cristi cuenta que ella misma se enteró del caso gracias al gesto de Dolores Fonzi en los Premios Latinos de 2016.
En 2019, tuvo la oportunidad de leer el libro de Ana Correa y, sin dudarlo, compraron los derechos. Cuenta que la decisión fue unánime, pues sintieron que “lo que le pasó a Belén era de película”.
Aunque ya habían decidido que Dolores Fonzi debía protagonizar la película interpretando a Soledad Deza, fue hasta que vieron Blondie (ópera prima de Fonzi, lanzada en 2023) que Cristi tuvo una revelación: “No había ninguna duda de que Dolores era la persona ideal para dirigirla”.
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Durante la conferencia, también se mencionó que, cuando Argentina promulgó la ley del aborto en 2020, el equipo de producción enfrentó una crisis existencial.
Y es que, en 2018, la ley había sido derrotada en el Senado; en 2019, adquirieron los derechos del libro Somos Belén con la idea de que la película fuera “un elemento para la lucha”. Pero con la victoria legal en 2020, ¿seguía teniendo sentido contar esta historia?
La respuesta fue un rotundo sí: “entendimos que sí valía la pena”, compartió la productora Leticia Cristi.
Y es que, en conjunto, fue muy claro que el propósito de la película había evolucionado: ya no era solo una herramienta de campaña, sino un homenaje al movimiento que lo logró y, más importante aún, un recordatorio.
La abogada Soledad Deza enfatizó que, incluso con la ley vigente, hoy siguen existiendo casos de mujeres en la misma situación que Belén. Así es como la película se convirtió en una memoria necesaria para recordar que las luchas por los derechos nunca terminan del todo.
Al mismo tiempo, el mayor desafío para las creadoras era evitar que la historia de Belén se convirtiera en un símbolo frío o en un panfleto político.
La clave fue su enfoque: tratar la historia desde un aspecto profundamente humano. En lugar de centrarse únicamente en el litigio, la película explora a las personas, sus dinámicas, e incluso el humor en medio del drama. El ejemplo perfecto es el retrato de la abogada que, mientras combate un sistema judicial anacrónico, también tiene que ir a la reunión de colegio.
Este enfoque permite que la película dialogue con una audiencia mucho más amplia, porque no habla de ideología, sino de personas enfrentando una injusticia. Como explica Fonzi, la película es deliberadamente “triunfalista” porque su objetivo es ser un “tributo a ese movimiento de mujeres” que ganó la ley en las calles. Es una celebración, no una lección, y por eso logra “tocar la humanidad una vez más”.

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En una industria marcada por historias de abuso y egos desmedidos—la escritora Ana Correa no dudó en mencionar “las denuncias con Lars von Trier”—, el proceso de creación de Belén fue revolucionario por una razón muy simple: el profundo respeto: respeto por la historia real, por las personas involucradas y por el propio equipo.
Esto se manifestó en decisiones concretas, como la de convocar a actrices, actores y equipo técnico de Tucumán, la provincia donde ocurrieron los hechos, para integrar la producción. El equipo demostró que se puede hacer gran arte desde la empatía y la decencia, probando que ser buenas personas no está reñido con la excelencia artística; de hecho, puede ser su motor.
“En un momento donde parece que la crueldad es el eje (…), el respeto por lo humano hoy es revolucionario y esta película se hizo con el respeto a los seres humanos“, dijo la escritora Ana Correa.
Contrario a lo que se podría pensar, la historia de Belén no ha perdido vigencia; al contrario, se ha vuelto más urgente. Hoy, en un contexto global donde las democracias y los derechos ganados están siendo “asediados” por nuevas narrativas políticas, la película Belén adquiere una nueva dimensión: funciona como un recordatorio de que ningún derecho está garantizado para siempre.
Con una sociedad que, según Deza, parece “dispuesta a volver con la amenaza de cárcel sobre las mujeres”, la película subraya la importancia vital del “activismo colectivo, no de la salida individual”. Nos muestra que la lucha por la justicia no es un evento aislado, sino un estado de alerta permanente frente a la amenaza constante de retroceder.
“Me parece a mí que, contrario de lo que pensamos en el año 2016, cuando logramos la libertad para Belén, esta historia ha recobrado mayor importancia ahora“, añadió Dolores Deza.
Concluyó: “El cine nos acompaña, es retrato, es memoria, es celebración, es tributo, gana premios, pero lamentablemente no hace milagros”, enfatizando que al final de cuentas, la lucha colectiva es la más importante de todas.