"Aquí se escucha el silencio": la cinta que retrata y sana las heridas de la dictadura en Chile

Paula Paredes S. · 23 de abril de 2026

"Aquí se escucha el silencio": la cinta que retrata y sana las heridas de la dictadura en Chile

El documental chileno “Aquí se escucha el silencio” llega al Festival de Cine de Guadalajara, uno de los espacios más importantes en el país.

Hablamos con Gabriela Pena y Pincho García directores de la cinta, sobre la importancia de recordad, los desafíos de contar esta historia y el papel del cine como herramienta de memoria y reparación.

¿De qué se trata “Aquí se escucha el silencio”?

El documental narra la historia de Gabriela Pena y su familia (sus abuelos y mamá), la cual se vio obligada a migrar a España debido a la dictadura Militar que se desarrollaba en Chile tras el Golpe de estado a Salvador Allende y la llegada de Augusto Pinochet al poder el 11 de septiembre de 1973.

Aunque Gabriela es la tercera generación desde la dictadura y nació en España en otra época, siente la necesidad de volver a su origen, junto a sus abuelos en Valparaíso donde encuentra de frente la última casa en la que habitaron y decide restaurarla.

Así, lo que alguna vez significó abandono y una historia cargada de dolor se transforma en algo habitado, en un hogar y una forma de conectar con su historia y la de su mamá.

Bajo esta premisa y en medio de conversaciones con sus abuelos y madre, se narra una historia que pone en evidencia diferentes temáticas como la memoria, y los traumas heredados en un relato que por desgracia parece muy vigente en el mundo actual, pero que  también nos invita a ver el pasado sin quedarnos atrapados en el; sino a pensar en la posibilidad de futuro.

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Lo personal también es colectivo

Desde el inicio, Gabriela tuvo claro que su historia no le pertenecía únicamente a ella. Al ser una historia que se desarrolló a partir de una situación que atravesó no solo a Chile, sino a todo un continente gracias al llamado “Plan Condor”, la historia de su familia es la historia de muchos:

“Hay muchas personas que piensan que lo personal y lo universal son dos cosas separadas, pero yo me sumo a la creencia de que están completamente tejidos”, explica.

Por esto, la decisión de convertir su historia familiar en una película no fue sencilla e incluso durante mucho tiempo se resistió a ocupar el lugar de protagonista, pero entendió que compartir su vulnerabilidad podía tener un sentido más amplio:

“Lo hice precisamente porque sentía que podía ser un bien colectivo, como compartir la vulnerabilidad de manera más política”.

Lo que vivía con sus abuelos ese “traspaso de memoria” o esa “experiencia de amor y de ternura” -como ella lo explica-, podía funcionar como un espejo para otros contextos marcados por la violencia histórica:

“Podía ser un ejemplo simbólico de algo mayor, de la esencia de lo que ha sido la historia de Chile, pero también de Latinoamérica y del mundo”, expresa.

La casa como símbolo

El proyecto no surgió de una idea clara, sino de una necesidad emocional. Gabriela recuerda haber llegado a Chile “muy perdida”, con la intuición de que debía resolver algo en su historia familiar. El punto de quiebre ocurrió al entrar a la casa que luego rehabilitaría:

“Sentí como que estaba abriendo una especie de portal de tiempos, de emocionalidades, de relatos solapados de la historia de mi familia”.

Ese espacio entonces se convirtió en el eje narrativo de la película, en lugar donde convergen capas generacionales y heridas no resueltas, pero también la posibilidad de reconstrucción. Todo esto, además, en paralelo al estallido social de 2019 en Chile, que amplificó la dimensión política del proyecto. Así, más que un escenario, la casa se transformó en un símbolo:

“Esa casa es una de las cosas más hermosas que me han pasado en la vida”, dice Gabriela. “No solo como algo del pasado traumático, sino como un territorio donde todavía hay posibilidad de futuro, de amor, de familia”.

Incluso adquirió un significado más íntimo:

“Fue simbólicamente como una especie de retorno al útero, como retorno a la génesis”.

Ahí no solo reconstruyó su vínculo con su madre, sino también su propia identidad como hija y como madre:

“Fue el lugar donde nació mi hijo, donde yo me volví mamá, donde pude entender a mi propia mamá, donde entró la luz nuevamente”.

Recordar también duele: la resistencia a la memoria

Uno de los ejes más complejos de la película y que es quizá una de las razones más potentes por las que no te la puedes perder tiene que ver con la relación distinta que cada generación puede tiene con la memoria, y como sobrelleva o preserva la misma. Por ejemplo, mientras sus abuelos insisten en recordar, su madre inicialmente se resiste. Para la directora este punto justamente es uno de los desafíos de su documental: encontrar un equilibrio delicado, pues hablar del pasado implica lidiar con heridas profundas.

“Es súper importante perdurar la memoria, pero también es súper delicado quién tiene esa responsabilidad y cómo se hace. Hay ciertos momentos en los que hay que parar, en los que hay que respetar el dolor del otro…. hay un equilibrio entre recordar y también transformar la energía de lo pasado… sin olvidar, porque esto no se olvida, se integra”, explica Gabriela.

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Trauma heredado y la posibilidad de sanar

La película también aborda cómo el trauma  de este tipo de situaciones atraviesa generaciones. Gabriela lo define con claridad: “La desconexión es el trauma”. Frente a eso, propone la conexión como una forma de reparación, además, comparte que el proceso de hacer la película fue, en sí mismo, una forma de sanar:

“Todo tuvo que ver con conectar: con la historia, con mi madre, con mis abuelos, conmigo misma, con mi hijo y con mi país”.

Pincho, el codirector, aportó una perspectiva clave en un proyecto tan personal. Su rol fue, en parte, generar distancia; pero también ser soporte, algo sumamente importante teniendo en cuenta la temática del documental.

“Poder tener perspectiva, estar un poquito más separado de la historia… ayudar a ver por dónde ir o cuándo parar. Si de verdad duele mucho, quizás no es el momento”.

Esa mirada externa permitió construir una narrativa que no quedara atrapada en lo íntimo, sino que pudiera dialogar con otros. Después de seis años de proceso de grabación, al mirar atrás, comparten que también han crecido con la cinta:

“Éramos dos jóvenes recién titulados y ahora somos padres” Además, durante ese periodo atravesaron pérdidas, migraciones y transformaciones personales, algo que interpretan como una invitación a sí, mirar al pasado, pero sin perder el norte:

“Pude crecer con el proyecto… mirar para atrás para poder mirar para adelante”, comparte el codirector.

Más allá de Chile: una historia que resuena

La cinta ya se ha presentado en festivales como el Copenhagen International Documentary Film Festival donde tuvo gran acogida, y ahora llega al Festival Internacional de Cine de Guadalajara; y aunque si, se trata de un trabajo basado en parte de la historia de Chile, sus creadores insisten en que va a tener peso en otros territorios como el mexicano, y ademas, agregan que no se busca dar necesariamente una lección de historia, sino la oportunidad de vivir emociones.

Sumado a esto, también hay un panorama de responsabilidad claro, pues al presentar “Aquí se escucha el silencio”, estamos conociendo un poquito de la historia de Gabriela, pero también la de sus abuelos, la de su mamá y a su vez la de un continente.

“No es para que la gente lo entienda todo, es para que puedan vivir las emociones y si, es una responsabilidad, pero también una oportunidad. Se trata de que no quede en una historia familiar puntual, sino que conecte con otras experiencias personales”.

Memoria, dolor y esperanza

A pesar del peso de los temas que aborda, la película no se queda en la oscuridad. Hay una apuesta por la vida, inspirada en los propios abuelos de Gabriela pese a lo vivido compartiendo, sonriendo e incluso festejando sus cumpleaños. Como ella lo expresa todo esto se convierte entonces en una especie de victoria frente a lo sucedido

“Con todo lo que pasaron, llegaron a sus últimos días con ganas de vivir, con humor. Una cosa no quita la otra: no olvidar la historia no significa no poder mirar el jardín, las flores”. Incluso en contextos difíciles, la cineasta insiste en una mirada agridulce: “La vida es así… siempre tiene ese equilibrio”.

Habitar en lugar de entender

Más que ofrecer respuestas, “Aquí se escucha el silencio” propone una forma de estar en el mundo. Como dice Gabriela hacia el final: no se trata de entenderlo todo, sino de volver a habitar. Habitar la memoria, el dolor, los vínculos. Habitar también la posibilidad de transformar lo heredado.

Porque, como sugiere la película, el pasado no desaparece: se reescribe en cada generación, y es en ese gesto íntimo, político, y profundamente humano que todavía hay un espacio para la luz.

¿Cuándo y donde ver?

La cinta llegará al festival hoy. Te dejamos los horarios en los que podrás verla durante el festival:

  • Jueves 23 a las 17:30 horas en la Cineteca del Festival Internacional de Cine de Guadalajara.
  • Viernes 24 a las 17:40 en el Cinépolis Centro Magno 06.
  • Sábado 25 a las 16:30 en el Cinépolis VIP Midtown 08.