Frasua Esquerra · 12 de marzo de 2026
La fluctuación en el precio internacional del petróleo provocada por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente comienza a tener repercusiones en México. La mezcla mexicana de exportación cerró este miércoles en 81.59 dólares por barril, en medio de un repunte global detonado por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán y por el bloqueo del estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por la que circula cerca de una quinta parte del crudo mundial.
En este contexto, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum activó este miércoles una de las medidas previstas para contener el impacto interno de la volatilidad petrolera: la renovación del acuerdo con el sector gasolinero para mantener el precio de la gasolina regular en 24 pesos por litro durante los próximos seis meses. El gobierno también ha reiterado que, ante presiones adicionales sobre los precios internacionales, podría recurrir a estímulos fiscales al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios para amortiguar el efecto en el consumidor final.
El encarecimiento del crudo tiene efectos complejos para la economía mexicana. Por un lado, puede generar mayores ingresos petroleros; por otro, presiona la inflación, el tipo de cambio y el costo de importación de combustibles.
La economista Ana Lilia Moreno explica que el marco para entender el impacto de la cotización del petróleo en México ha cambiado, en gran medida, por la política energética aplicada en los últimos años que ha priorizado la refinación interna.
La coordinadora del programa de Competencia y Regulación de México Evalúa advierte que el aumento del precio del crudo ya no se traduce automáticamente en mayores beneficios fiscales para el país, debido a que producimos menos que en el pasado y de que aún dependemos de la importación de combustibles.
“El hecho de que suba el precio del petróleo ya no necesariamente implica que México cuente con un aumento en la renta petrolera”, afirma.

“Hay que entender que el fenómeno que está ocasionando a nivel global el alza en los precios del petróleo es un aspecto de carácter geopolítico y esto tiene implicaciones sobre diferentes activos financieros, no sólo sobre el precio del petróleo”, explica el economista de la Casa de Bolsa Finamex, Víctor Gómez Ayala.
El aumento del precio del petróleo va de la mano de la volatilidad financiera en los mercados emergentes y de acuerdo con Gómez Ayala, esto se traduce en dos efectos inmediatos para México: presiones cambiarias y un impacto en sobre los precios de referencia de las gasolinas.
“Lo que hemos visto en los últimos días es presión sobre el precio del petróleo y algunos otros hidrocarburos, como el gas natural a nivel global, pero también un debilitamiento de diferentes monedas de mercados emergentes frente al dólar”, explica.
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En el caso mexicano, el impacto no se traslada de forma directa al precio final que pagan los consumidores. El economista recordó que el traspaso entre el precio del crudo y el de las gasolinas no es automático ni proporcional.
“El precio del petróleo no es uno a uno al precio de las gasolinas, depende de factores propios del mercado del petróleo y de las gasolinas”, indica. Entre estos factores destaca el margen de refinación, es decir la capacidad de los productores de gasolinas para contener parte del incremento en sus márgenes.
Aun así, el impacto podría sentirse en el bolsillo de los consumidores si el conflicto se prolonga. Moreno advierte que el problema es estructural: México depende fuertemente del exterior para abastecer su consumo energético. “Importamos entre un 60 y 70% de gasolina y gas”, explica, por lo que un aumento sostenido en los precios internacionales inevitablemente presiona el costo interno de los combustibles.

El aumento del precio del crudo puede elevar los ingresos petroleros del sector público, pero también obliga al gobierno a gastar más para evitar que suban los combustibles.
Para evitar que el aumento en el precio de las gasolinas se traslade directamente a los consumidores, el gobierno puede reducir o eliminar el impuesto a las gasolinas o IEPS que se cobra por cada litro.
De acuerdo con Ana Lilia Moreno, esto genera un equilibrio complejo en las finanzas públicas: cuando suben los precios internacionales de las gasolinas, la autoridad suele reducir el IEPS para contener el impacto al consumidor. “Esto implica una renuncia recaudatoria”, afirma. Y tal renuncia —añade— puede obligar al gobierno a recortar el gasto o a aumentar la deuda pública si el choque de precios se prolonga.
Ante el riesgo de un incremento en los combustibles, el gobierno de Claudia Sheinbaum renovó el acuerdo con el sector gasolinero para mantener el precio de la gasolina regular en 24 pesos por litro durante los próximos seis meses. El pacto, avalado por el 96 % de las estaciones de servicio del país, busca evitar cambios abruptos en el precio del combustible mediante la coordinación entre el gobierno federal y los distribuidores.
“Mientras en el mundo sube el precio de la gasolina, en México protegemos la economía de las familias, a través de la renovación del acuerdo voluntario”, publicó Sheinbaum este miércoles en redes sociales.
A la reunión asistieron la Presidenta junto con el secretario de Hacienda y Crédito Público, Edgar Amador, y el director general de Petróleos Mexicanos, Víctor Rodríguez, así como la secretaria de Energía, Luz Elena González Escobar.
“El objetivo es que el precio promedio de la gasolina no sufra demasiados cambios”, explica Gómez Ayala. Para lograrlo, el gobierno puede recurrir a distintos mecanismos, como ajustes en el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios o acuerdos con los distintos actores de la cadena de suministro.

El impacto del encarecimiento del petróleo no se limita a las gasolinas. De prolongarse el conflicto en Medio Oriente, podría afectar otras variables macroeconómicas. Entre los canales más relevantes están el tipo de cambio, el costo del financiamiento internacional y el precio de otros energéticos, como el gas natural o la electricidad.
También podrían surgir efectos indirectos sobre alimentos, especialmente si el aumento del petróleo eleva el precio de fertilizantes a nivel global, lo que terminaría presionando el costo de frutas y verduras.
“Cuando sube el precio de la gasolina aumentan muchos precios”, subraya la economista Ana Lilia Moreno; desde transporte hasta bienes básicos, lo que añade presión sobre la inflación.
Por ahora, los mercados han reaccionado con cierta calma. “La percepción de que esto va a ser de carácter temporal ha crecido y por lo tanto el riesgo percibido en torno a la volatilidad por factores geopolíticos se redujo de manera sustancial”, añade Gómez Ayala.
Aun así, el desenlace dependerá, en gran medida, de cuánto tiempo continúe la tensión en Medio Oriente. Mientras tanto, México enfrenta un escenario en el que los altos precios del crudo pueden representar ingresos adicionales, pero también un desafío para mantener estables los combustibles, las finanzas públicas y la inflación.