Animal MX · 13 de mayo de 2026
En el deporte de alto rendimiento, la línea que separa la disciplina de la violencia suele ser muy delgada, pero un grupo de gimnastas históricas ha decidido trazarla con claridad. Este lunes, integrantes de la Selección Mexicana de Gimnasia Rítmica recurrieron a sus redes sociales para lanzar una denuncia que ha sacudido al deporte nacional: están viviendo un proceso olímpico marcado por la violencia psicológica y emocional.
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Kimberly Salazar, Adirem Tejada, Julia Gutiérrez y Dalia Alcocer —quienes apenas hace un par de años hicieron historia al calificar por primera vez a México en esta disciplina para París 2024— aseguraron que ya no pueden seguir guardando silencio ante el miedo y la preocupación por su futuro.
“Nadie debería elegir entre su salud mental, dignidad y carrera deportiva”, sentenció Dalia en el video que ya es viral.
Aunque en el video no mencionan nombres directamente, diversas versiones y entrevistas posteriores apuntan a la entrenadora nacional, Blajaith Aguilar. Las atletas, que entrenan en el CNAR, señalan tres puntos críticos:
Violencia psicológica: Se sienten “expuestas y humilladas” durante las sesiones.
“Esta persona a cargo de la selección ya había tenido muchos antecedentes respecto a violencia física, maltrato, violencia psicológica, desde 2017. En conjuntos de generaciones pasadas habían sufrido castigos físicos, incluso a una de nuestras compañeras, a Adirem, le aventó una extensión. Ese tipo de comportamientos, castigos físicos, daban terror. Les quitaban los celulares, tenían chocolates y las puso a saltar a la madrugada. Las encerraban en sus cuartos con llaves para que no salieran”, narraron en entrevista con ESTO.
Abuso de autoridad: Denuncian falta de claridad y respaldo por parte de la Federación Mexicana de Gimnasia (FMG).
“Las cargas de entrenamiento eran terriblemente fuertes. Llevábamos una semana entrenando así, que no comíamos bien y acabábamos muy tarde. Entonces yo llorando le dije a la entrenadora que sentía que ya no podía más y su única respuesta fue que tenía que poder. Que si queríamos llegar más lejos de donde habíamos llegado, que teníamos que entrenar más. Y bueno, regresamos de ese campamento”, expresaron las deportistas a la prensa.
Sobrecarga física: Entrenamientos que rebasan los límites de la salud integral.
Las gimnastas afirmaron contar con el apoyo de la Conade y esperan que el Comité Olímpico Mexicano (COM) las respalde, pues temen que la FMG “proteja” a la entrenadora debido a los resultados históricos obtenidos recientemente.
Ante la tormenta mediática, la entrenadora Blajaith Aguilar negó categóricamente las acusaciones. En entrevista para el diario ESTO, Aguilar aseguró que su gestión se basa en un “trabajo colaborativo” y que siempre está acompañada por un equipo multidisciplinario.
Su postura: Respeta la libertad de expresión, pero califica las acusaciones de maltrato como “completamente falsas”.
“Niego categóricamente cualquier acusación de maltrato. Y pido que no se pierda de vista que el alto rendimiento requiere cargas superiores al común pero siempre cuidando y salvaguardando al deportista, situación que siempre se ha respetado”, declaró la entrenadora al rotativo capitalino.
El argumento: Según Aguilar, el alto rendimiento exige cargas superiores al común, pero estas están validadas por reglamentos técnicos y planes de entrenamiento supervisados por las autoridades.
La transparencia: Se puso a disposición de las instituciones para que revisen los diarios de entrenamiento e informes técnicos.
“Estoy en total disposición de que se revisen los diarios de entrenamiento y los informes técnicos que sustentan cada decisión tomada en el gimnasio”, expresó en la entrevista.
Bajo el mando de Aguilar, este equipo logró lo impensable: llevar la gimnasia rítmica mexicana a unos Juegos Olímpicos, terminando en el lugar 12 en París 2024. Sin embargo, este nuevo conflicto pone sobre la mesa una pregunta incómoda pero necesaria para el deporte en 2026: ¿Vale la pena un resultado histórico si el costo es la salud mental de las atletas?
Mientras las instituciones deciden si investigan a fondo los informes técnicos o escuchan el clamor de las gimnastas, el sueño rumbo a Los Ángeles 2028 pende de un hilo. La excelencia deportiva no debería ser sinónimo de miedo.