Animal MX. · 18 de julio de 2026
El juego por el tercer lugar es como llegar tarde a una reunión que no te invitaron. A nadie le interesa si llevaste los hielos. Ya no hay música y los anfitriones se quieren ir a la cama.
Es igual de incomodo que estar en un lugar que no quieres estar. Nadie quiere jugarlo. No sirve de nada que te ofrezcas para preparar la botana. Ya se acabó la fiesta.
Pero Inglaterra la pasó bien, por lo menos, en el primer tiempo. Mejor que una Francia, que no tuvo ánimos de presentarse. En los primeros 45 minutos, los galos fueron eso: impresentables. Lo confirmaron cuando iban perdiendo 4-0.
En el segundo tiempo, Mbappé empezó a jugar para él. Y eso, es jugar mejor para todos.
Kylian marcó un doblete, consumó su décimo gol de esta Copa del Mundo y llegó a 22 para encumbrarse, a falta de lo que haga Messi, como el mejor anotador de todos los Mundiales.
A veces, el egoísmo es otra de las formas del triunfo.
Aunque sea solo para el reconocimiento personal e insuficiente para un equipo francés vapuleado 6-4, en algo más parecido a un juego de tenis.
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Todo comenzó como inicia un torbellino. Con aires ligeros de superioridad, Declan Rice marcó el primero apenas a los dos minutos del partido. Lo hizo con un disparo tan lejano como efectivo, cuando le imprimió la parte interna de la pierna derecha a un balón, que viajó hacia el poste izquierdo.
En ese instante, se supo que el huracán era Categoría 5.
Francia, resguardado en su casa, no quiso salir de ella ni para jugar a la pelota. Ante los furiosos vientos, en forma de gol, vino el segundo, a cargo de un cabezazo de Konsa.
No había predicción para este ciclón que, en menos de 20 minutos, arrasaba la cancha de Miami.
Como ráfaga violenta, Inglaterra encontró el tercero, desde los pies de Bukayo Saka: el ojo del huracán del gol, en forma de futbolista, que marcaba el primero de los tres que haría en esta tormenta de anotaciones.
Francia no tenía ni brújula ni Norte. Solo se resguardaba debajo de la mesa. Saka lo aprovechaba con un zurdazo, sobre la marcha, que consumaba el cuarto tanto.
Como el futbol también es un estado de ánimo, la escuadra francesa necesitaba antidepresivos. O cambios. Para el complemento, Deschamps activó cuatro, incluído el Balón de Oro, Dembélé. Y de esa forma, llegaron al partido. Tarde, pero lo hicieron, propulsados por la ambición individual de Mbappé y por su primer gol, filoso como una navaja, en forma de zurda.
Después, Barcola entró al área como si estuviera en la sala de su casa. Un derechazo también funcionaba como manotazo. Los galos estaban de vuelta. Si los ingleses habían sido un torbellino, los franceses ya eran un maremoto.
De esa forma, marcaron el tercero. Mbappé acercaba a su equipo con otro zurdazo dirigido a la base del poste izquierdo. El 4-3 ya también calificaba como tsunami en un partido sin puntos cardinales.
Mientras las casas de apuestas también volaban por los aires con este resultado improbable, vino un penal favorable a los ingleses. Bukayo Saka firmó su tercia de anotaciones,y el quinto para el equipo de ‘La Rosa’, con un envío cruzado a la izquierda.
Todo en orden, si es que en juegos como éstos eso existe.
Pero Dembélé insistió en hacer de este partido una avalancha de emociones. Con un tiro seco a la red derecha, demarcó el 5-4.
Luego, el recién ingresado Bellingham marcó un gol para enmarcarse entre dos vidrios, cuando se internó al área, por izquierda, hizo una bicicleta, recortó hacia el centro, cabalgó por toda el área chica, y definió casi en la línea.
Fue un gol de oro que daba un bronce.
Fue el 6-4 que daba un set y un tercer lugar inglés, en el juego que nadie quería jugar. Y, con 10 goles, jugaron todos. Menos los porteros…
No te vayas sin ver: Inglaterra se llevó el tercer lugar tras vencer a Francia en un show de goles