AnimalMX · 6 de mayo de 2026
A menos de dos semanas de que el polvo de ladrillo de París empiece a volar en Roland-Garros (del 18 de mayo al 7 de junio de 2026), el ambiente en el vestidor de la WTA y la ATP está más que tenso. No se trata de quién tiene el mejor revés, sino de quién se queda con el dinero. Aryna Sabalenka, la actual mandamás del ranking, ha encendido las alarmas al mencionar abiertamente la palabra que los organizadores de Grand Slams más temen: boicot.
Durante una rueda de prensa en el torneo de Roma, la bielorrusa no se anduvo con rodeos. Su mensaje fue una estocada directa a la gobernanza del tenis:
“Es gracias a nosotros que los torneos existen. Sin jugadores, no hay espectáculo”, en declaraciones que recoge L’Equipe.
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Aunque Roland-Garros anunció un aumento en su bolsa de premios para este 2026, alcanzando los 61.7 millones de euros (un 9.5% más que el año pasado), los jugadores dicen que los números son un espejismo.
El problema real es la distribución. Actualmente, los tenistas reciben menos del 15% de los ingresos totales generados por los Grand Slams, una cifra que, irónicamente, ha bajado mientras los contratos televisivos y patrocinios suben como espuma. ¿Qué piden? Una tajada de entre el 20% y el 25%, similar a lo que ocurre en ligas como la NBA o la NFL.
Detrás de la exigencia económica hay un agotamiento físico real. El calendario de 2026 se siente más pesado que nunca:
Masters 1000 eternos: Torneos que antes duraban una semana ahora se extienden a 12 días, obligando a los jugadores a estar en competencia casi todo el año.
Horarios nocturnos: En el pasado torneo de Madrid, jugadores como Carlos Alcaraz y Jannik Sinner criticaron partidos que terminaban a la una de la mañana, destrozando sus ciclos de recuperación.
Pelotas “low cost”: Figuras como Arthur Fils han denunciado que la calidad de las pelotas cambia en cada torneo, aumentando el riesgo de lesiones en la muñeca y el codo.
Este pulso no es nuevo. Novak Djokovic, a través de la PTPA (Asociación de Jugadores de Tenis Profesionales), lleva años denunciando que el sistema está roto. Sin embargo, que sea Sabalenka —una figura en la cima de su carrera y con todo el foco mediático— quien hable de boicot, cambia las reglas del juego.
A pesar de la intensidad, un boicot total a Roland-Garros parece, por ahora, una medida de presión más que una realidad inminente. La misma Iga Swiatek calificó la idea como “un poco extrema”. No obstante, la advertencia está lanzada: los jugadores ya no quieren ser solo los “empleados del mes” en un negocio multimillonario donde ellos ponen el cuerpo y otros se quedan con la gloria económica.
En este 2026, la batalla más importante del tenis podría no jugarse en la Philippe Chatrier, sino en las mesas de negociación. ¿Se atreverán a dejar las raquetas en el suelo?