Felipe Morales · 11 de mayo de 2026
Donde algunos recurren al Tarot, otros sacan telescopios para observar la alineación de los planetas para saber si Mercurio Retrógrado está de su lado o si la alineación de las estrellas les mejorará el domingo.
Efraín Juárez, por ejemplo, señala al cielo con el índice y cree que Hennry Martín tomó la pelota y la estrelló en el poste, en el último vapor del partido, porque lo dictaminó “el de arriba” o porque, en pleno 10 de mayo, tuvo más madre.
El DT de Pumas es un convencido de que si te encuentras un billete en un pantalón es destino y que si el delantero del América choca la pelota contra la madera es justicia divina y todo, menos suerte.
Pero Pumas la tuvo.
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El 3-3, de la Ida entre América y Pumas, y el 3-3 de la Vuelta en CU, configuraron un 6-6 global caótico que le dio el pase a las Semifinales a los felinos por mejor posición en la tabla y por haber terminado como primer lugar del torneo regular. A veces, conviene ser el aplicado de la clase.
Henry Martín no lo fue. No jugó todo el campeonato y le arrebató uno al América. El capitán no debió cobrar ese penal. El poste demostró ser alérgico a futbolistas sin ritmo.
El “peor” América casi le remonta al “mejor” Pumas. Y si el futbol sigue siendo de sensaciones, esa es la que prevalece en el entorno felino. Si hicieron todo para marcar seis goles, también hicieron todo lo posible para que les hicieran siete. En esa improbabilidad radica el valor de la Liguilla, confirmada como cine absoluto…
Pero todo comenzó cuando en los albores del partido, Carrasquilla había puesto el balón en la horquilla. Mientras la defensa del América le sacaba una foto al remate, Rubén Duarte advirtió que el balón pegó en la unión del poste y el travesaño. Entonces, se anticipó a todos, como cuando te bajas del metro para salir antes, y escapó hacia el gol tempranero, antes de los cinco minutos.
Poco tiempo después, cuando solamente Pumas dictaba las partituras, Nathan Silva ganó el primer poste, se anticipó a Jonathan dos Santos y remató peinando la pelota hacia el segundo palo, como se peina a un niño en su primer día de clases. A citas tan importantes, siempre hay que llegar antes. Y no hubo nadie más puntual que Nathan.
Luego, para consumar la subrayada superioridad, y como perseguido por una manada, Jordan Carrillo arrancó por izquierda, entró al área, se subió a una bicicleta, muy parecida a su amague y cuando tenía de frente a los dos centrales azulcrema, se coló entre ellos, como cuando se cierra la puerta de un elevador y logras meterte. No es que Jordan usara el ’23’ o volara como Michael, pero con el tercer gol del partido, Pumas sí lo hacía.
Con el 3-0, el global se estiraba 6-3 a favor de los comandados por Efraín Juarez.
Todo lo demás parecía un trámite, como cuando te piden fotos para un pasaporte.
Pero no cuando el rival es el América.
Las Águilas renacieron con un cabezazo improbable de Patricio Salas, que desde su condición de ‘9’ emergente acortó distancias. Aunque el global seguía siendo como subir el Everest, el penal anotado por Alejandro Zendejas, sería un paso más para clavar la bandera en la punta, donde se necesita mucho oxígeno. Y los de Andre Jardine lo tenían.
Incluso, habían marcado el 3-3. Erick Sánchez había rematado de cabeza con dirección a la red, pero César Ramos anuló la anotación por exceso observación. El VAR, milimétrica tecnología amiga de la justicia, detectó que el diminuto pie del “Chiquito” estaba por delante de la rodilla de Nathan.
Fue la victoria del futbol moderno, quisquilloso hasta en medir el corte de las uñas que habilitan o no a un jugador con líneas de fuera de lugar y vectores satelitales, propios de la NASA, diseñados para arrancar gritos de las gargantas.
Con esa emoción azulcrema contenida, Ciudad Universitaria fue también el triunfo del silencio. Sus paredes se volteaban a ver y sus banderas ondeaban más lento sobre los aires del lamento. El América, por su parte, seguía siendo uno, apretado en un puño.
Así lo confirmó Alejandro Zendejas cuando bajó un globo aerostático, en forma de pelota, con un cabezazo en las barbas de Keylor Navas. Si la tierra se trabaja y el área chica se camina, el arquero tico no hizo ninguna de las dos. Navas dejó que le remataran en la recámara de la portería. Era el 3-3 y el 6-6 global.
Después, cuando el futbol se puso serio y el grito de cuidado advirtió que avanzaría el equipo que cometiera menos errores, vino aquel penal de Vite sobre Ramón Juárez. La pelota se la pelearon Brian Rodríguez y Henry Martín. Fue la jerarquía de un futbolista con exceso de pasado y poco presente, como Henry, la que cobró aquella pena máxima, que fue eso: una pena para el America y una alegría para Pumas, que jugará las Semifinales contra el Pachuca, porque, en pleno 10 de mayo, los universitarios tuvieron más bendiciones de “el de arriba”. O más suerte. O más madre.