Victor Alvarado · 18 de julio de 2026
El Mundial 2026 está en su recta final con dos encuentros muy atractivos. El primero, es la Gran Final entre España y Argentina el próximo domingo 19 de Abril en Nueva Jersey, el segundo es entre Francia e Inglaterra el sábado 18 de julio en Miami, mismo que definirá al tercer lugar de la competencia, un partido que, si bien por nombres luce atractivo, históricamente es el juego más irrelevante de la Copa del Mundo.
Aunque se promociona como el podio del fútbol definitivo, la realidad en la cancha y en las redes sociales es muy distinta, ya que se considera como la final que nunca pasó y se convierte en un juego de trámite que ni los jugadores y entrenadores sienten que deberían disputar.
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Para los dos equipos involucrados, este partido no es una celebración; es un proceso de duelo transmitido en vivo para millones de personas.
A diferencia de los Juegos Olímpicos, donde se gana la medalla de bronce y se puede llevar orgullo a su nación, en el Mundial es solo un juego extra que pretende cumplir con la cuota de espectáculo. Es más, en México no es considerado siquiera como evento por ver, ya que no se ha transmitido por TV Abierta desde hace años, y como solo se espera la final, los aficionados pasan de largo.
En el terreno de juego, los jugadores llegan física y mentalmente desgastados tras el colapso emocional de haber perdido una semifinal apenas unos días antes. En lugar de competir por el trofeo más codiciado del planeta, se ven obligados a jugar un partido amistoso glorificado mientras el resto del mundo solo cuenta las horas para la verdadera Gran Final.
⛔️🇫🇷 Didier Deschamps rechazó la petición de sus jugadores de tener una noche libre en Miami.
Tras la dolorosa eliminación ante España, el seleccionador francés quiere máxima concentración de cara al duelo por el tercer puesto frente a Inglaterra, un partido que además marcará… pic.twitter.com/C1aA0SwK4h
— Motivaciones Fútbol (@MotivacionesF) July 17, 2026
Previo al juego del sábado, el seleccionador alemán Thomas Tuchel, muy criticado en Inglaterra por su planteamiento ultradefensivo después del 1-0, resumió el ánimo de los protagonistas antes del sábado: “Nadie de estos jugadores, nadie de los jugadores franceses, quiere jugar en este partido“.
Didier Deschamps también tendrá que encontrar el mensaje para movilizar a sus tropas. “No tenemos el partido que queríamos (…), pero hay un deber cuando uno lleva esta camiseta”, dijo el técnico en rueda de prensa en Miami.
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“Hay una responsabilidad (…) respecto a millones de franceses y francesas que nos apoyan, que han vibrado de emoción y que también han sufrido decepciones”, añadió en la víspera de su último partido al frente de Francia, con la que ganó un Mundial como jugador en 1998 y otro como entrenador en 2018.
El estratega francés incluso reveló que hará rotaciones en su 11 inicial por diversos motivos, aunque se espera que Kylian Mbappé juegue en busca de romper su empate con Lionel Messi en la tabla de goleadores, donde hasta el momento comparten el primer lugar con ocho tantos.
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Históricamente, la FIFA ha mantenido el formato principalmente por razones comerciales y de derechos de transmisión, sin embargo, la narrativa deportiva quedó desgastada hasta el punto en que la relevancia del encuentro es nula.
Muy pocas personas recuerdan con exactitud quién completó el podio de cada Copa del Mundo en la historia, pero todos recuerdan a los dos que jugaron el partido final. El juego del tercer lugar se queda ahí: en el limbo de las estadísticas y como el recordatorio perfecto de lo cruel que puede ser el futbol con los que se quedaron a un paso de la gloria