Felipe Morales · 18 de junio de 2026
Un secreto escondido en el genotipo mexicano, hace del drama, algo emocionante. México sabe sufrir.
Porque la necesidad carece de estilo, se confirmó que “un partido para olvidar”, se convirtió en “un resultado para recordar”. Lo sabe la Selección Mexicana y lo dijo Javier Aguirre. Pero eso no importa tanto cuando eres primer lugar de grupo. Pase lo que pase contra Chequia, el equipo del Vasco comandará el pelotón A y jugará Dieciseisavos de Final en el Estadio Azteca.
Lo hará gracias a dos porteros: Al coreano Seung-Gyu Kim y al mexicano ‘Tala’ Rangel. Si el primero le regaló un gol a Luis Romo y a México, el segundo se lo arrebató a Corea del Sur.
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De esa forma, se demostró que los guantes no solo sirven para proteger las manos sino para elevar a un país sobre los cielos mundialistas.
Sucede que cuando el futbol no alcanza, el trébol de cuatro hojas tiene tres colores: el verde, el blanco y el rojo. Se supo cuando en el segundo tiempo, ,Seung-Gyu Kim y el defensa Gi hyuk-Lee se hablaron en coreano.
México gana su segundo partido en el Mundial y logra el primer lugar del grupo A. Le espera un partido frente a Chequia donde se espera juegue con comodidad.
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— Animal MX (@AnimalMX) June 19, 2026
El portero salió de su arco, brincó y cuando quiso quedarse con la pelota, chocó con su compañero y sus guantes se derritieron como mantequilla en un sartén. Algo supo Luis Romo. Sabía que algo estaba cocinándose.
Su mérito fue estar ahí para devorarse ese balón, en forma de panquecito recién salido del horno.
“Cuando veo que el portero iba forzado, estuve ahí, ahora sí que a las ‘caiditas’. Cuando cayó ahí, pues tuve que empujarla nada más”, describió, Romo, quien solo tuvo que disfrutarlo, como se disfrutan los regalos o como se agradece que alguien de la mesa de al lado te invite la cuenta.
Hasta ese entonces, el equipo mexicano jugaba el partido desde una táctica peligrosa y desde el más inestable sistema: el nervioso.
México era como una mesita mal calzada. Al más mínimo lanzamiento coreano, al espacio, se sentía su inestabilidad. En uno de esos lances asiáticos, Edson Álvarez fue Hugo Sánchez. No porque marcara un gol de chilena, sino porque así lo evitó en la raya.
Aquella jugada será recordada por su plasticidad, pero fue en fuera de lugar. Uno de los seis en los que cayó Corea, como cae un ratón, en una trampa, olfateando un queso.
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Entonces, México padeció el juego. Pero supo transitarlo desde la combatividad de un Edson Álvarez, habilitado de central que infló el pecho y comandó a las tropas defensivas. No solamente se recuperó al capitán. Se recuperó una voz de mando.
Así, más preocupado por defenderse que por desdoblarse, el ‘Piojo’ Alvarado ejercía de lateral derecho, no de extremo. Eso es como pedirle a un caballo de mar que se arrastre por la arena. Pero supo hacerlo.
Esa es otra virtud mexicano: Adaptarse a los contextos. Caminar aunque aprieten los zapatos. Jorge Sánchez, por ejemplo, jugó porque es el más rápido e hizo del futbol, una carrera de 400 metros planos para perseguir coreanos. A veces, ser veloz sirve no solo para llegar a tiempo.
Erik Lira sigue siendo el motorcito con piernas que le da Norte a los partidos. Pero Aguirre ha encontrado una formula tan predecible como impredecible: que jueguen todos. Y así, Obed Vargas, Orbelín Pineda, Santiago Giménez, Israel Reyes y el Chino Huerta entraron al campo para dictarle al mundo que hoy el futbol se juega con 15 y no de 11.
Después, Raúl Jiménez pudo ser gol, pero fue frustración cuando apareció rondando el segundo poste. Controló y disparó barriéndose; la pelota fue repelida por el portero, que, esta vez, sí tuvo guantes más parecidos a un magneto.
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Luego, Obed Vargas prendió el balón con todo Jalisco por detrás, pero el portero se tendió a la izquierda para lavar su error en agua tibia.
Entonces, vino el momento cumbre. Justo cuando se tensó más la trama, el ‘Tala’ Rangel alzó la mano para confirmarse como titular. La alzó tanto que pareció casi elástica… Cho Gue-Sung sacó la escopeta, en forma de cabezazo, para fusilar al portero mexicano. A quemarropa, reaccionó y le metió el guante derecho a una pelota que se escurría por abajo; después, tendido en el pasto, Hyun jun- Yang contra remató, pero Rangel, y sus brazos de goma, impidieron el gol.
“Fue reacción pura, no sabría decirte lo qué pasó, solo recuerdo el impacto y tener el balón. Aparecí en el momento en que el equipo lo requirió ¡estoy feliz por eso!”, compartió el guardameta de las Chivas…
De esa manera, la afición mexicana cambió los abucheos del medio tiempo por el Cielito Lindo: “¡Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones!”. Y para disfrutar eso y la clasificación consumada, se tuvo que aprender a sufrir…