México nos hizo pensar que sí

Felipe Morales · 5 de julio de 2026

México nos hizo pensar que sí

México nos hizo pensar que sí. Pero no, porque a pesar de que la fe chute, por alguna razón, las jerarquías siguen sabiendo patear mejor a portería.

No es que Inglaterra sea más: es que México, y su selección, se entienden como mejores en una realidad alterna, donde alinean preguntas cargadas de fe: El ¿y si, sí? fue el triste recordatorio de casi siempre no…

No es reclamo: inclusive es agradecimiento. Porque perder así siempre será recordado.
Somos expertos en eso.
Caer decorosamente es nuestro bonito consuelo. Y eso nos basta.

El sueño se terminó: México cae 3-2 ante Inglaterra y se despide del Mundial 2026

Cuando la Selección Mexicana inició por detrás de la pelota, se supo que las fronteras existen para algo.

El ‘Tala’ Rangel demostrando que así como la tierra se trabaja, el área se camina, alejó todo chiste parecido a Charles Chaplin.

Por momentos, México no fue solo un país apretado en un latido. También fue una secuencia de pases de izquieda a derecha, como las manecillas de un reloj, que daban la hora casi exacta, en una circulación casi consolidada en un remate de Raúl Jiménez.

Si el portero Pickford es el cliente favorito de Raúl, en la Premier League, con 6 goles anotados, esta vez no, cuando el portero inglés acalló a todo un país, desde El Ángel hasta a Tijuana y Cancún, con un lance tan estruendoso como silenciador.

Pero el Estadio Azteca seguía latiendo al ritmo de una República a Mexicana unida al ritmo de un Gilberto Mora que era su brújula.
Su Norte: su destino.

O de Erik Lira: el futbolista que nació en México, pero que podría vivir en la mismísima Inglaterra, en la Premier League, con marcaciones tan ajustadas a Bellingham, que parecían más un día en la oficina, porque, en esos instantes del primer tiempo, los horarios no sabían de domingos o siguientes lunes mundialistas.

O de Erik Lira: el futbolista que nació en México, pero que podría vivir en la mismísima Inglaterra, en la Premier League, con marcaciones tan ajustadas a Bellingham, que parecían más un día en la oficina, porque, en esos instantes del primer tiempo, los horarios no sabían de domingos o siguientes lunes mundialistas.

Pero, a veces, sí se sentían como ese incómodo día. Casi igual de pesados por los envíos disparados por Gordon, contenidos por Rangel. Por nuestro, hasta entonces, invulnerable Tala’.

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Pero, a veces, sí se sentían como ese incómodo día. Casi igual de pesados por los envíos disparados por Gordon, contenidos por Rangel. Por nuestro, hasta entonces, invulnerable Tala’.

Era tal la confianza en nuestra posibilidad de ser, que hasta Luis Romo disparaba desde la Tierra para llegar a la Luna, aunque su envío fuera a las estrellas.
Y había que jugar con los pies en el suelo.

Pero Jesús Gallardo, por izquierda, sugirió una fisura.
Nunca puedes hacer eso.
En estos contextos, contra potencias internacionales, aquello se parece más a una fractura, aprovechada por el arribo de Beelinhan: el futbolista que si no es gobernado, se parece más a un incógnito del gol desde su improbable aparición.
O desde su anarquía.

(Photo by Yuri CORTEZ / AFP)Porque justo cuando anotó el primero, en solo dos minutos, hizo el segundo.
Así de fácil.
Como un choque imprevisto nos aparece la desgracia.

No es que, en esta ocasión, el ‘10’ de Inglaterra, no fuera perseguido por Lira.
Es que, aunque lo siguió, no fue suficiente, desde su condición de jugador que gusta de ponerse en situación y no estar situado.
Dos veces, el del Real Madrid, se nos apareció como una mala noticia dada por teléfono, que te deja frío…

A veces, nos sucede.
Ser más no siempre es serlo.
En Inglaterra, ser menos, muchas ocasiones, sí es ser superior, desde sus contraataques supersónicos, que nos resultan, por demás, difíciles de comprender…

Pero Julián Quiñones siempre tiene y tendrá opinión distinta.
O casi siempre.
Nació colombiano. Y nos hizo crecer con ilusiones mexicanas.
Nos impulsó desde sus centros sudamericanos para que retumbáramos en los nuestros, bien mexicanos con un gol que retumbó en todo el continente.
En el nuestro.
Igualó con cuatro goles, en una sola Copa del Mundo, a Luis Hernández.
Buena noticia cuando queramos tener dos ‘matadores’ en el área del otro.

(Photo by Yuri CORTEZ / AFP)Luego, Raúl acrecentó el grito de “¡Sí se puede!”, cuando vació un tiro, de francotirador, al lado del poste derecho inglés: era el cálculo de la mira. El ajuste de un cazador que hacía figura a su némesis con otro cabezazo ajustado al ángulo derecho.

México ya era más.
Impulsados por nuestros anhelos, México centraba para que el ‘Cachorro’ Montes elevara un disparo, en del área chica, hasta el lejano Reino Unido.

Pero si había algo unido era eso: nuestra selección de cara al posible segundo gol, solo postergado por un poste inglés, pero reavivado por una roja europea.

El Estadio Azteca estaba próximo a jugar su partido desde la altitud de sus tres Mundiales, desde el pulmón de sus alientos, desde el crudo ayer.

En esa trama filosa, solo permitida para los verdaderos creyentes, se necesitaba historia pura.
Se requería que la necesidad de todos los pasados, por fin, se vistieran de presente.

Porque no hay nadie que necesitara más este momento de igualada que nosotros.

Y justo en ese injusto e inexacto momento, fuimos destrozados como un huracán despedaza todo desde su inmisericorde petulancia.

(Photo by Yuri CORTEZ / AFP)

 

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Y no hay nada menos sostenible, que un huracán, desde los once pasos.
‘Hurrikane’ lo patentó como siempre, como ese inglés al que no le importan los contextos.
Menos desde su distancia favorita.
3-1 en contra.

Nada qué decir ante unas de las formas de la autoridad.

Pero luego, aquel halo de esperanza se calzó lo botines de Raúl JImenez.
El mejor cobrador de penales del planeta hizo lo de siempre: hacer de Pickford algo parecido a su hijo con un gol con siluetas de paternidad .
Cómo siempre.
Cómo siempre ha sido.
Cómo siempre fue.
Como siempre habrá de ser.

Pero no este doloroso 5 de julio.
Porque México fue, otra vez, el nadar y nadar, desde la inagotable voluntad hacia la tierra de la trascendencia, que nunca ha de tocar. No ahora.

La Selección Mexicana, a pesar de todo, no ha sabido ser.
No es que no quiera.
Es que eso somos.
Nunca seremos ingleses en nada.
Ni para sufrir.
Ni para ganar.
Y está perfecto.
Aunque, en este Mundial, en el nuestro, no en el de nadie más, desde el futbol, México, nos hizo pensar que sí…