Paula Paredes · 30 de junio de 2026
Aunque el paso de Irán por el Mundial 2026 terminó, su participación dejó un de las postales más emotivas del torneo.
Después de haber sido eliminado de la fase de grupos, el equipo se despidió de México con aplausas, fotos, autografos y mensajes de apoyo de cientos de aficionados que ahora los siguen desde el otro lado del mundo.
Te contamos un poco más de cómo fue la despedida y como se formó este vinculo entre ambos países.
La historia de Irán en el Mundial 2026 terminó antes de lo esperado, pero dejó una de las postales más emotivas del torneo. Luego de quedar eliminado en la fase de grupos, el conjunto asiático abandonó México entre aplausos, fotografías, autógrafos y mensajes de apoyo de cientos de aficionados que acudieron a despedirlo en Tijuana.
Lejos de marcharse con resentimiento, la selección iraní aprovechó su salida para agradecer la hospitalidad recibida durante varias semanas y aseguró que México dejó de ser únicamente un país anfitrión para convertirse en un lugar especial en su historia.
“Nuestro corazón y nuestra alma se quedan acá”, expresó el técnico Amir Ghalenoei, mientras que la federación afirmó que el país será, desde ahora, su “segundo hogar” y su “segundo equipo”.
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Más allá de algo deportivo, esta edición de la Copa del Mundo representó un desafio constante para la selección iraní, la cual tenía originalmente previsto establecerse en Tucson, Arizona, sin embargo, a raíz de las tensiones entre su país y Estados Unidos, este último oblicó a los iraníes a modificar esos planes apenas unos días antes del inicio del torneo.
Por lo anterior, el combinado asiático encontró en Tijuana su sede durante la competencia. Desde ahí viajaba a Estados Unidos para disputar sus partidos y posteriormente regresaba a territorio mexicano.
Las restricciones migratorias también marcaron su participación. Durante buena parte del torneo, a la delegación solo se le permitió ingresar a Estados Unidos un día antes de cada encuentro, situación que, según el cuerpo técnico, reducía el tiempo de descanso y preparación respecto a otras selecciones.
Más adelante, las autoridades estadounidenses flexibilizaron parcialmente esas medidas para el último compromiso de la fase de grupos, permitiéndoles arribar con dos días de anticipación.
Tras quedar eliminado, la Federación Iraní de Futbol manifestó su inconformidad por las condiciones que enfrentó durante el campeonato, señalando que diversas decisiones logísticas y circunstancias afectaron el principio de igualdad deportiva y cuestionó si todos los equipos compitieron bajo los mismos estándares profesionales.
El conjunto iraní concluyó su participación con tres empates —frente a Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto— y estuvo muy cerca de avanzar como uno de los mejores terceros lugares. Sin embargo, otros resultados terminaron por dejarlo fuera de los octavos de final.
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Si hubo un aspecto que marcó positivamente la experiencia iraní fue el cariño recibido por la afición mexicana.
Durante su estancia en Tijuana, los jugadores convivieron constantemente con aficionados que acudían a alentarlos, pedir fotografías, conseguir autógrafos o simplemente mostrarles su apoyo. Con el paso de los días, ese vínculo se fortaleció hasta convertir a la selección iraní en uno de los equipos más queridos por parte del público local.
La despedida fue una muestra de esa conexión pues más de 150 personas se reunieron frente al hotel de concentración para acompañar al equipo antes de su viaje de regreso a Teherán.
Mientras algunos futbolistas firmaban álbumes Panini, balones y banderas, los asistentes coreaban una frase que resumía el sentimiento de esos días: “¡Irán, hermano, ya eres mexicano!”
El gesto conmovió tanto a jugadores como al cuerpo técnico. A través de un intérprete, el seleccionador Amir Ghalenoei agradeció el respaldo recibido y aseguró que el equipo regresaba orgulloso, no solo por su desempeño deportivo, sino también por el afecto encontrado en México.
La propia federación destacó que la verdadera hospitalidad se construye a partir del respeto, la humanidad y la dignidad, y aseguró que nunca olvidará la amabilidad de los habitantes de Tijuana.
Antes de partir, la delegación dejó un último mensaje de agradecimiento en el que resumió lo que significó su estancia en el país.
“A partir de hoy, México siempre será para nosotros algo más que un país anfitrión; será nuestro segundo hogar y nuestro segundo equipo.”
Con esas palabras concluyó una participación mundialista que estuvo marcada por dificultades logísticas y políticas, pero que también dejó una historia de cercanía entre dos aficiones que encontraron en el futbol un idioma común.