Felipe Morales · 27 de septiembre de 2026
Gilberto Mora cerró los ojos y cantó el Himno Nacional como si fuera un lunes de honores a la bandera. No llevaba el uniforme de la escuela: estaba vestido con la ’10’ de la Selección Mexicana, porque su futbol le pertenece al futuro.
Morita ya es, mientras sigue siendo.
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En el debut de Rafael Márquez como entrenador de México, Mora también marcó su primera anotación con la camiseta tricolor. A los 17 años y 11 meses, se convirtió en el goleador más joven de la historia de la Selección Mexicana.
Si es cierto que aún no es mayor de edad, su futbol ya es de adulto.
Donde a algunos se les aceleran las pulsaciones y los electrocardiogramas encuentran picos más elevados, a Gilberto se le baja el ritmo cardiaco con desplantes de Pedri o Riquelme. Solo a esa clase de jugadores, que demarcan los tiempos del juego con una falsa calma, se les ocurren cosas que el resto no ve.
Mora juega al futbol como si supiera lo que va a suceder.
Por eso, se da el lujo de hacerlo lentamente veloz. Con el instinto asesino de Romario —que jugaba el área como si estuviera bailando samba en la playa—, Mora, que también es el Iniesta de Tijuana, dejó sembrado a un defensa de la Juventus como Lucumí, recortándole hasta el currículum.
Gilberto amagó con disparar de zurda y el defensa cafetalero se barrió hasta Barranquilla. Luego, Mora amagó una y otra vez, como si el reloj corriera en reversa, y definió con un derechazo al primer poste para sellar el 1-1 definitivo ante Colombia.
La ’10’ que lleva en la espalda no es un adorno: es la calificación de su capacidad imaginativa. Gilberto Mora tuvo una actuación de diez. No solo por el gol, sino por hacer del pasto una suerte de pista de hielo.
Morita no juega. Patina.
Antes de la confirmación de Mora como el nuevo ‘Kaiser’ mexicano —que significa emperador—, Rafa Márquez también supo sufrir en su primer día con la pizarra en la mano.
Se vio sorprendido, como todos, por el colombiano Richard Ríos, quien hizo de un centro un auténtico láser. Ese envío por derecha fue tan rápido que traspasó a toda la defensa mexicana. Israel Reyes, que no es Márquez por los aires, fue superado por la velocidad del balón y por Luis Suárez, el delantero que nació colombiano pero definió de cabeza como si fuera el uruguayo.
En un gesto poco convencional para quien acaba de ser vulnerado, el ‘Tala’ Rangel se persignó después de recibir aquella anotación. Debió ser una extraña costumbre para que no le marcaran más o solamente la confirmación de que la portería es un terreno reservado para la fe…
Sucede que si Márquez ya había avisado que el equipo mexicano no tiene la materia prima para jugar como el Barcelona —como es obvio—, sí tuvo una personalidad respaldada en la intensidad. No todo equipo jugará como lo hacía su técnico; si fuera así, México saldría de esmoquin a la cancha, como lo hacía Rafa.
Pero, por varios momentos del partido, la Selección Mexicana lo hizo con ciertos acentos en el dinamismo. Así, por ejemplo, puso dos pelotas en los postes en la misma jugada: primero, el ‘Piojo’ Alvarado tatuó el balón con un zurdazo que pegó en la madera derecha; en el rebote, Luis Chávez —que es zurdo hasta para meterse a bañar— disparó con la derecha directo al travesaño.
No, México no es el Barça…
Pero tuvo ciertos espasmos blaugrana cuando sacó la pelota tan limpia desde el fondo que le sacó brillo con una larga secuencia de pases: fueron 15 toques en 40 segundos que terminaron con un remate de cabeza de la ‘Hormiga’ González al travesaño. El tercer poste tricolor no equivalía a un gol, porque las matemáticas son exactas, pero a veces injustas.
Luego, el ‘Chucky’ Lozano, que le había estorbado en aquel remate a la ‘Hormiga’, tuvo un exceso de prisa en una siguiente definición contra Álvaro Montero. Lozano picó al espacio, escabulléndose hasta de su propia sombra, pero cuando se descubrió tan solo, eligió la fuerza del disparo al centro y al arquero, cuando la jugada sugería la sutileza de una caricia. Como el ‘Chucky’ juega al futbol como subido en un tren, esta vez se le pasó la estación del gol.
Simultáneamente, en el Estadio Azteca, Alexis Vega anunciaba que podría retirarse de la selección. El regreso del ‘Chucky’ propiciaría una salida. Por cada vuelta hay un adiós, y México no está para sobrevivirse en despedidas.
Está para bienvenidas y para confirmaciones; para gritarle al mundo que Gilberto Mora vive el futbol instalado en el presente y en el futuro. Se sabe que hará tanto, que ya lo está haciendo.
Lo hizo con ese gol de emperador. Y así, en la primera cita de Márquez como técnico, el mindset del futbol vio la confirmación de que ha nacido un nuevo Kaiser que no se apellida Beckenbauer, ni habla alemán, ni juega en el Barcelona, ni es defensa… pero usa la ’10’.