Felipe Morales · 31 de marzo de 2026
Crónica por: Felipe Morales
@elfrancodelfut
Hay resultados que arreglan futuros, como existen vientos que despejan paisajes. República Checa será el rival de la Selección Mexicana. No será Dinamarca. Y eso es como ir buscando cobre y encontrar oro.
Los checos vencieron en penales a los daneses, porque la puntería, desde los once pasos, fue mejor que su futbol en el campo.
México debe estar agradecido.
Dinamarca es una selección con más pedigree europeo, y no jugarán contra ellos el 24 de junio en el Estadio Azteca.
Lo harán contra el 41 del ranking mundial como lo es la escuadra checa.
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Hay un antecedente. No es lo mismo, pero es lo más parecido: En la Copa del Mundo de 1962, el conjunto mexicano venció 3-1 a la entonces Checoslovaquia. Fue la primera victoria de la Selección Mexicana en Mundiales. Después, los checos jugaron la Final de la Copa del Mundo, contra Brasil. La perdieron, pero los mexicanos ganaron algo: el prestigio de saberse mejores que los Subcampeones mundiales, aunque fuera en sepia.
Hoy, en tiempos de alta definición y futbol casi robótico, República Checa vuelve a la Copa del Mundo, tras 20 años de ausencia. Lo hace con un futbol más parecido a una misión con un futbol de altura, que no es lo mismo que un futbol de jerarquía.
Y, muchas veces, los checos ganan porque son muy altos y muy fuertes.
Solamente, existe un futbolista que se escapa de lo predecible, como lo es Pavel Šulc, mediocampista del Olympic de Lyon, que, lejos de obedecer ordenes, se escurre de lo diagramado para hacer de un juego de ajedrez checo, algo más agitado, más audaz, más estético.
Como cuando prendió, casi de volea, una pelota que iba sonriendo hacia la red. Šulc hizo el primer tanto, inclinando el cuerpo, como haciéndole una reverencia al balón. Lo conectó con tanta violencia que casi fue amable. Fue un gol que pudo ser firmado por el francés Pavard. Fue similar a aquella anotación elegida como la mejor del Mundial de 2018. Goles como gemelos de otros padres.
Igual de importantes, porque así, Dinamarca era sometido desde el marcador, pero nunca desde el futbol. Con esa ventaja, los checos renunciaron al juego. Se hundieron en su arco, como se hunde una ballena que salió a la superficie. Los daneses eran eso: el barco pesquero que había lanzado las cañas y que sabía que su fortaleza radica en salir a pescar…
En ese altamar con pasto, Dinamarca también es mejor por los cielos. Así lo demostró Andersen, compañero de Raúl Jiménez en el Fulham. El defensa se alzó, como se alza el sol entre dos montañas y firmó el atardecer con un cabezazo que propició el empate a uno.
Pasa que el futbol, muchas veces, es un estado de ánimo. Y Praga abrigaba y cobijaba a su selección. A veces, no tienes que ser más, solo sentirte mejor. Y en esa dinámica, los checos estiraban las paredes de la cancha al máximo. Al grado de que trabajaron con tanto pico y pala el partido, que encontraron un gol en forma de diamante, cuando Ladislao Krejčí estalló el arco con un balón de cuero, encontrado en el área chica.
República Checa ganaba. Y todos se volteaban a ver, como cuando te encuentras un billete tirado en la calle. Sabes que no es tuyo. Observas si es de alguien más, hasta que lo recoges y te lo guardas en el bolsillo del pantalón. Ese triunfo parcial no es que haya sido arrebatado. Es que era consecuencia de estar en el lugar exacto en el momento preciso. Como Krejčí. Esa es la virtud checa.
Contra eso combatirá la Selección Mexicana, en casa. Y siempre es mejor jugar contra alguien que se encuentra algo que contra quien lo merece.
Al ir abajo, Dinamarca se aventó de un avión arriesgándolo todo, activó los paracaídas y se lanzó desde las alturas con Kasper Hogh, que cayó en la tierra firme del gol con un cabezazo que selló el empate a dos. Los de Javier Aguirre no tendrán que padecer eso
No deberán protegerse de la indefendible metralla aérea danesa.
Después, una tanda de penales es como tirar dardos: La puntería depende de la técnica, pero también de la presión. Y Praga era una olla en erupción.
República Checa anotó tres y Dinamarca uno solo, desde el punto penal, confirmándose así que, muchas veces, la localía también gana partidos.
Si es así, la buena noticia, es que la Selección Mexicana jugará en casa contra los checos…