Animal MX · 30 de octubre de 2025
Cada 30 de octubre, el mundo del futbol celebra el cumpleaños de Diego Armando Maradona, un hombre que no solo fue un jugador, sino un fenómeno cultural. Y en esa leyenda, México ocupa dos capítulos fundamentales y diametralmente opuestos: el de la gloria eterna y el de la redención en la Segunda División.
Para el astro argentino, México no fue solo una sede, fue un destino.
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El idilio comenzó en la Copa Mundial de la FIFA México 1986. El país azteca fue el escenario donde Maradona se elevó a la categoría de “D10S”.
Más de 30 años después, la relación con México tuvo un giro de telenovela. En 2018, en uno de los fichajes más sorpresivos en la historia del futbol mexicano, Maradona aterrizó en Culiacán, Sinaloa, para dirigir a los Dorados en la Liga de Ascenso MX (Segunda División).
La decisión fue una locura para muchos, pero Diego lo explicó con romanticismo: eligió México sobre ofertas europeas (como el Dinamo Brest) por el cariño que le tenía al país donde alcanzó su mayor gloria.
Desde el Estadio Azteca hasta el Estadio Banorte de Culiacán, México fue la tierra donde Diego conoció la gloria máxima como jugador y donde buscó, sin éxito, la redención como entrenador.
Entre Culiacán y Brest son más de 10,200 kilómetros pero Maradona. Fue el equipo Brest Dinamo bielorruso donde se refugió el astro argentino luego de su aventura en tierra sinaloense.
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Pasional y dicharachero, Maradona tuvo muy pocos filtros respecto a sus posiciones críticas. México no estuvo exento de estos momentos.
El original de Buenos Aires se refirió a las siete veces consecutivas que el Tri ha sido eliminado de un mundial, racha que se extiende desde Estados Unidos 1994 hasta Rusia 2018. Varias de ellas a manos de la albiceleste.
En los eventos previos al partido México contra Suecia, el 10 se declaró públicamente como un “hincha de México”, pasando como el máximo animador de la primera fase del mundial. Aunque en sus memorias el señala el revés de los mexicanos contra la albiceleste.
“Si hasta los mexicanos se nos volvieron en contra, gritaron los goles de los alemanes. ¿Latinoamericanismo? ¡Latinoamericanismo las pelotas, los latinoamericanos éramos visitantes, ahí, en el Azteca justamente!”, reclama Maradona en el un capítulo dedicado a ese mundial en su autobiografía publicada en 1999, “Yo soy el Diego”.
Ese vaivén de opiniones se ha mantenido desde que Maradona visitó por primera vez México hace casi 40 años. Un romance tórrido, pasional y muy a la mexicana.