Ana Lilia Ramírez · 6 de septiembre de 2026
Tijuana.- La espera comienza desde el piso. María llevó a su esposo al área de urgencias del Hospital General de Tijuana (HGT), el hombre llegó delicado de salud y, ante la falta de camas disponibles, tuvo que permanecer esperando mientras su condición parecía empeorar.
El hombre de la tercera edad vomitaba un líquido amarillo y visiblemente deteriorado, permanecía en el área de atención mientras su esposa buscaba una respuesta.
“Me dicen que ahorita me pasan, yo solo quiero que lo atiendan”, alcanzó a decir María, con el rostro marcado por la preocupación.

La escena no es aislada en el Hospital, pacientes y trabajadores de la salud describen un sistema rebasado por la demanda, con falta de camas, medicamentos, material de curación, equipos médicos y personal especializado.
Pero uno de los problemas que más preocupa a los médicos está detrás de las puertas de los quirófanos.
El HGT comenzó a construirse en 1975 y fue inaugurado el 13 de abril de 1981, pero comenzó a dar servicio hasta el 12 de agosto de 1982.

Médicos especialistas consultados por Animal Político Baja California aseguran que la falta de espacios quirúrgicos provoca que algunos pacientes tengan que esperar meses para una operación.
De acuerdo con los testimonios de médicos y especialistas recabados, el Hospital General de Tijuana dispone de cuatro quirófanos para atender la demanda de las distintas especialidades médicas que ofrece el nosocomio, que recibe pacientes sin derechohabiencia de Tijuana, Tecate y Playas de Rosarito.
Señalan médicos especialistas que para un paciente que requiere una intervención no urgente, la espera puede representar algo más que tiempo, que una enfermedad avance.
“Tenemos una cantidad enorme de pacientes y el espacio que tenemos para poder operar son cuatro quirófanos para todos los especialistas del hospital. Mi agenda para operar a un paciente es para enero o febrero”, relató un médico especialista que pidió reservar su identidad.

El médico puso como ejemplo los casos de pacientes con tumores. “Si un paciente me llega con un tumor en el riñón o un cáncer de próstata, yo no lo puedo operar hasta enero o febrero del próximo año, siempre y cuando el paciente compre su equipo para la cirugía porque no tenemos con qué hacerla. El costo puede ir desde los 8 mil hasta los 33 mil pesos, dependiendo de cada situación”.
Para los especialistas en urología y nefrología entrevistados por Animal Político Baja California, el problema no termina cuando finalmente se consigue una fecha de cirugía pues también existe la preocupación de que, durante la espera, la enfermedad pueda avanzar.
“Muchas veces el paciente llega a cirugía y ya se perdió un órgano, ya se perdió el riñón o muchas veces el tumor ya está fuera del tratamiento”, señaló otro médico especialista.

La falta de recursos, aseguran trabajadores de la salud, también alcanza las áreas de hospitalización y urgencias. Un médico que pidió mantener su identidad bajo reserva describió las dificultades que enfrentan diariamente.
“¿Cómo le explicamos a los pacientes que trabajamos sin medicinas, con escasez de material básico de protección como guantes y mascarillas, o material de curación como gasas, vendas, apósitos y soluciones antisépticas para tratar heridas?”, advierte.
La carencia, según los testimonios médicos y enfermeras, no se limita a medicamentos, asegura que, en ocasiones, deben pedir a los familiares que compren catéteres, equipos para canalización y otros materiales indispensables para atender a los pacientes.
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Un médico veterano con años de servicio en el HGT relató que algunos trabajadores terminan llevando de su propio bolsillo materiales para ser atendidos.
“Muchas veces hay que mandarlos a comprar catéteres, equipo para canalizar y equipo de curación. Terminan gastándose unos 3 mil pesos mensuales, o incluso en menos de una semana, para suplir la falta de insumos en el hospital. A los doctores nos pagan una miseria y nosotros traemos nuestro material médico para poder trabajar”.

La escasez de medicamentos también puede complicar los tratamientos, de acuerdo con el testimonio de un cirujano plástico, señaló que, ante la falta de determinados antibióticos, los médicos tienen que recurrir a las opciones disponibles.
“No sé si escuchaste hace poco algo de que se murieron varios pacientes por una infección de bacteria superresistente. Está directamente relacionado a la falta de antibióticos”, afirmó.
El médico explicó que, en ocasiones, se inicia un tratamiento con el medicamento disponible, pero cuando se termina el suministro se debe modificar el esquema o pedir al paciente que compre el medicamento por fuera.
“Se tiene que indicar el que haya en existencia aunque no sea la mejor elección y muchas veces se acaba antes de completar el esquema. Mandas al paciente a comprar más de ese antibiótico, se lo cambias por otro menos indicado o, si ya hay alguno mejor en el hospital, lo utilizas”.
Se trata, dijo, de una situación que termina trasladando parte del costo de la atención pública a las familias.

Para los pacientes, el problema no es solamente esperar, también es conseguir dinero.
Una mujer cuyo esposo permanece hospitalizado después de un accidente de transporte público relató que la falta de insumos se convirtió en una carga económica difícil de sostener.
Su esposo se dirigía a trabajar como ayudante de albañil. Es el principal sustento de su familia y ahora permanece hospitalizado.
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“Me piden catéteres que cuestan 500 pesos. Para unos no es mucho dinero, pero para mí sí es mucho, porque mi esposo era el que trabajaba y está hospitalizado”, lamenta la esposa del paciente.
Contó que ha tenido que buscar trabajo mientras permanece pendiente de la salud de su esposo y del cuidado de sus hijos.
“He buscado trabajo limpiando, pero no encuentro. A veces tengo que decidir si como, si compro las cosas médicas o si compro el mandado para la comida de mis niños”, se queja.
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Alberto Reyes Escamilla, médico con cinco décadas de experiencia y quien también fue director del Hospital General del Bienestar en Tijuana, cuestionó la capacidad hospitalaria frente a la demanda de pacientes.
De acuerdo con sus declaraciones, el nosocomio cuenta con 225 camas para atender a población de Tijuana, Tecate y Playas de Rosarito, también señaló una fuerte insuficiencia de personal de enfermería.
Explicó que actualmente existe una plantilla de aproximadamente 214 enfermeras y que, según sus estimaciones, serían necesarias otras 226 para cubrir adecuadamente las necesidades del hospital.
La sobrecarga, sostuvo, provoca que una enfermera o enfermero tenga que atender a un número de pacientes superior al recomendado.
“Se tiene que duplicar sus funciones y el personal que tenemos verdaderamente está viejo y cansado. Nosotros servimos al pueblo”, reconoce.
También cuestionó la falta de médicos especialistas para atender la demanda. “Tenemos muy pocos especialistas”, afirmó, al señalar áreas como otorrinolaringología, dermatología y traumatología, entre otras especialidades necesarias para la población.