Eréndira Aquino · 15 de mayo de 2026
“Esto no es vida”, señala Lorena Gutiérrez, madre de Fátima Varinia Quintana, víctima de feminicidio el 5 de febrero de 2015. Junto con su esposo, hijos y nietos lleva nueve años bajo medidas de protección, en situación de desplazamiento forzado debido a las amenazas que reciben por la búsqueda de justicia.
Hace un año, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) emitió una sentencia calificada como “histórica” por el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), en la que se reconoció a los familiares de Fátima como víctimas indirectas y se admitió que hubo un impacto por el desplazamiento forzado que viven, así como las consecuencias derivadas de la falta de protección institucional, entre ellas la muerte de Daniel Quintana, hermano de la joven.

La Suprema Corte ordenó la atención psicológica y rehabilitación de las víctimas indirectas del feminicidio, una disculpa pública, la construcción de una escultura en memoria de Fátima y mejorar la seguridad en la zona donde ocurrió el crimen, en la comunidad Lupita Casas Viejas del municipio de Lerma, Estado de México; sin embargo, Lorena afirma que esta resolución sigue sin ser cumplida por las autoridades competentes.
“Se pidió cita por medio del OCNF con las autoridades y en 2025 fuimos a una reunión con la gobernadora del Estado de México, con la Comisión de Víctimas estatal, y pues todo muy bien, quedaron que iba a haber otras mesas para hacer un plan reparatorio… pero a la fecha no ha habido otra reunión ni una estrategia y no tienen la menor intención de darle seguimiento a la sentencia”, reclama en entrevista.
Con la voz entrecortada, Lorena señala: “no alcanzan las palabras para decir el nivel de impotencia que tengo. Ya son 11 años desde el feminicidio y la salud cobra factura, los años no pasan en balde y toda la violencia institucional que se ha ejercido contra nosotros no tiene cómo pagarse, no les va a alcanzar ni con su vida”.
En el caso del feminicidio de Fátima, su madre recordó que hubo tres hombres sentenciados: José Juan Herández Tecruceño, autor intelectual; Luis Ángel Atayde Reyes, autor material, y Misael Atayde Reyes, autor material, quien quedó libre en junio de 2022, al cumplir su condena por haber cometido el delito como menor de edad.
Mientras que por la muerte de Daniel Quintana, hermano de Fátima, actualmente hay un proceso en contra de tres médicos de dos hospitales en Nuevo León, señalados por omisiones en su atención médica. La siguiente audiencia está fechada para el 25 de mayo, aunque Lorena no tiene mucha esperanza en el sistema de justicia.
“Vamos a cumplir seis años sin Daniel, ¿y sabes que no hemos pasado de la etapa de investigación? Solamente hay impunidad. Hemos llegado al nivel de que el juez nos dice “rapidito, porque la audiencia es 08:30 y nada más tengo hasta las 09:30. Tengo mi agenda muy apretada”, y nada más para diferir las audiencias“, detalla.
Además, se dijo preocupada porque de los tres médicos que llevan el proceso judicial en libertad, uno obtuvo permiso para realizar un posgrado en Alemania: “así la violencia institucional y la perversidad del sistema en este país. Según el juez, él tiene que presentarse a las audiencias por Zoom, y si no mandan a la Interpol por él”, una decisión que considera revictimizante.
Tras estos años de lucha, primero por el feminicidio de Fátima y luego también por la muerte de Daniel, Lorena espera “que se haga algo antes de que me maten, pero no me voy a callar, porque no tengo ni tantito miedo. Me asesinaron a mis hijos y las víctimas no somos basura, tampoco somos limosneras”.

Aun con las medidas de protección en la que se encuentra toda su familia, denuncia que continúan las amenazas de muerte por parte del feminicida que quedó libre. Por ello, sostiene: “no cambian, tú te conviertes en su peor enemiga, y por culpa de eso vivimos desplazados y nos han cambiado varias veces de medida de protección, pero para las autoridades esto no es causal de daño emocional”.
“Mis nietos, cuando asesinaron a Fátima, tenían dos y tres años. Ahora son adolescentes, tienen once años viviendo bajo medidas de protección, sin derecho a salir a un parque, sin ir a un convivio, sin poder ir al cine con compañeros o a una pijamada… pero la sociedad aprende a normalizar que está bien que las víctimas colaterales vivan esto”, platica desde el espacio al que recién fueron cambiados de residencia, por amenazas de muerte.
Cuestiona: “¿sabes cuántas veces me he puesto a llorar de impotencia? Porque de qué manera respondo cuando me dicen ‘abuela, yo no maté a tus hijos, ¿por qué tengo que vivir como prisionero mientras un asesino es dejado en libertad?’”.
Debido a la falta de avances en la reparación integral y no repetición determinadas por la SCJN, y ante los retrasos y actos de revictimización en el juicio por la muerte de Daniel, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio hizo un llamado a las autoridades del Estado de México y del Poder Judicial de Nuevo León para que lleven a cabo las acciones que les competen en ambos casos.
“Las reuniones, compromisos y discursos institucionales ya no son suficientes. La familia de Fátima necesita resultados concretos, acciones inmediatas y garantías reales de que ninguna otra niña ni familia volverá a enfrentar abandono, impunidad y violencia feminicida por omisión del Estado”, subrayó el OCNF a través de un comunicado.

Apenas el mes pasado, Lorena Gutiérrez y su marido Jesús Quintana participaron en el estreno del documental Querida Fátima, en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), y próximamente viajarán a Alemania e Inglaterra para la proyección de esta cinta en la que se narra la lucha que han dado para la búsqueda de justicia.
“Yo quiero en el mundo entero abrir conciencia de que esto no está bien. Nosotros entregamos a los tres asesinos con el cuerpo de Fátima, con todas las evidencias… y eso fue lo que nos llevó a este horror y a este infierno que no paran, porque ellos esperaban que al ser humildes iban a asesinar a mi hija de la peor manera y yo lo iba a dejar pasar, pero no es así”, expresa.
Y agrega: “no tengo por qué tolerar que nadie asesine a uno de mis hijos. No me voy a callar y no me importa lo que me hagan en este país. Aunque hay países que nos ofrecen asilo no me voy a ir, no tengo por qué. Yo no le he hecho nada a nadie”.