Animal Político · 28 de septiembre de 2026
La semana pasada la Universidad de Berkeley dio a conocer un estudio en el que documenta la persecución a periodistas y defensores de los derechos humanos durante el sexenio de López Obrador y sostiene que los 337 asesinatos ocurridos en ese período deben analizarse bajo un patrón de persecución que incluye estigmatización, hostigamiento digital, vigilancia, etc.
Lo que el estudio hace es correlacionar las mañaneras con la creciente inseguridad para ejercer el oficio del periodismo. Donde López Obrador (y por cierto también Sheinbaum) ven un legítimo derecho de réplica, los investigadores de Berkeley advierten un permiso para atacar.
La tribuna presidencial no es cualquier espacio y los mensajes que desde ahí se emiten debieran estar regulados por la neutralidad y dirigidos al conjunto de la nación. Desgraciadamente esto no ha sido así. Los presidentes emanados de Morena confunden a sus seguidores con el país y cotidianamente alimentan la polarización.
Es esa polarización la que ha hecho que México sea el lugar más peligroso para ejercer el periodismo o dedicarse a la defensa de los derechos humanos. La falta de neutralidad sí tiene consecuencias y cobra vidas humanas. Eso ha sido señalado innumerables veces por actores nacionales, lo que hace el estudio es confirmarlo ofreciendo un método de análisis para documentarlo.
No es esperable que haya un cambio en la estrategia de comunicación gubernamental por las evidencias del estudio de la universidad californiana, pero algo que llama la atención de la investigación es que originalmente estaba enderezada para indagar a AMLO por crímenes de lesa humanidad y tenía como destino la Corte Penal Internacional (CPI). Paradójicamente, una orden ejecutiva de Trump que establece sanciones contra dicha institución impidió que la investigación llegara hasta la Corte.
En todo caso el pasaje ilustra la distancia tan grande que hay entre cómo se mira el poder en México a sí mismo, y cómo nos ve el mundo. El derecho público internacional, a pesar de la creciente crisis del multilateralismo, sigue siendo un espacio, por fortuna, alérgico a la polarización y militante de las mejores causas civilizatorias.
Espero que no estemos tan lejos de asumir que los países polarizados están condenados al atraso. No hay prosperidad en el encono.