INE: se va Taddei, pero la crisis sigue dentro

Opinión y Análisis · 26 de octubre de 2026

INE: se va Taddei, pero la crisis sigue dentro

La permanencia de Guadalupe Taddei como presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE) era insostenible; ahora, con su renuncia, se abre una oportunidad, por mínima que sea, para corregir muchas de las decisiones que se han tomado e intentar apuntalar la realización de elecciones libres y auténticas.

La crisis del INE ciertamente tiene que ver con las revelaciones que se han dado a conocer en los últimos días respecto a la inadecuada relación de la presidenta del Instituto con diversos proveedores, lo cual ya está siendo investigado tanto por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) como por la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Qué bueno que se proceda institucionalmente.

Sin embargo, lo que esta crisis revela también es la incompatibilidad de la reciente reforma que anula la colegialidad con el espíritu y la esencia del INE. La colonización de la autoridad electoral por parte de Morena no ha sido únicamente colocar a gente afín en puestos claves, ha significado desterrar la deliberación y debilitar la colegialidad. El estilo morenista de gobernar: sin contrapesos, sin rendición de cuentas. La concentración desmedida de poder genera opacidad y con frecuencia, corrupción.

Por ello, pedir la salida de Taddei no era atacar al INE, era simplemente solicitar que se aparten de sus funciones quienes hayan cometido actos indebidos que le restan autoridad moral a la institución. Que por cierto no es solo Taddei, también debe revisarse el accionar de otros integrantes del cuerpo directivo, y a decir de la ASF, de algunos integrantes de los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLES). La crisis no es menor.

Principios que podrían revertir la pérdida de confianza en la autoridad electoral

La pequeña oportunidad que se abre con esta crisis tiene que ver justamente con la lectura que haga de la misma quien vaya a suceder a Taddei. Sabemos que no puede haber reformas, pues el proceso electoral ya está en marcha; sin embargo, el “estilo personal” de quien vaya a presidir sí puede contribuir al saneamiento del Instituto. Adelanto cuatro principios que podrían revertir la pérdida de confianza en la autoridad electoral.

El primero y más obvio es ejercer la autonomía que le confiere la constitución: independencia real de los otros poderes y arbitraje efectivo de la contienda electoral. Por ejemplo, reconocer, regular y sancionar los llamados actos anticipadísimos de precampañas. Los problemas que se avecinan no son menores y si se insiste en relajar los mecanismos para garantizar e incrementar la integridad electoral se está equivocando el camino.

En segundo lugar, recuperar la esencia del INE: desempolvar la colegialidad, recuperar el respeto entre pares y hacerlos corresponsables de muchas de las decisiones más importantes que se tienen que tomar en el cuerpo colegiado.

Un tercer principio tendría que ser recuperar el diálogo cotidiano, franco entre consejeros, funcionarios y partidos políticos; no puede ser que el Consejo General sea el único espacio de encuentro e intercambio de ideas. Hay que volver al INE que deliberaba y dejar atrás al INE que califica y denosta.

 Y, por último, es imperativo incrementar la transparencia y rendición de cuentas; las revelaciones de la semana pasada solo actualizan el nivel de opacidad y abuso que se pueden cometer al amparo de la concentración de poder. Recuperar la solvencia técnica de las áreas ejecutivas del INE puede ser una buena receta para encarar con éxito los retos del proceso electoral.

No es tiempo de grandes reformas, pero esta crisis sí es una oportunidad para evitar que los resultados electorales del próximo año sean un acto de fe, y el proceso electoral en su conjunto cuente con la solvencia y credibilidad suficientes para que la actualización de nuestra pluralidad pueda transitar sin sobresaltos.♦ 

Más sobre este blog