Joel Aguirre · 17 de agosto de 2026
La presidenta Sheinbaum y su partido no han tenido buenas noticias ni vendrán tiempos mejores. La presentación de listas negras, descrito eufemísticamente como ecosistema digital, reveló el talante autoritario del régimen, dirigió sus baterías a una audiencia que le es hostil —los periodistas— y, me parece, salió perdiendo. Su público está poco familiarizado con un ecosistema digital que amplifica discusiones inexistentes y en cambio los aludidos sí entienden lo que es el acoso y la amenaza.
Pero acaso el golpe más doloroso es la cancelación de la visa estadounidense del júnior Andrés López Beltrán. Me cuento entre quienes leyeron la carta y asumimos que era falsa, difícil de creer que el tono, la redacción, los adjetivos hubieran salido de una figura pública que debiera calcular las consecuencias de su escrito. Pues resultó ser cierta. Y ciertamente no parece dirigida a las autoridades de Estados Unidos, sino a una audiencia local.
La reacción tampoco fue una defensa espontánea de rechazo a la medida del gobierno estadounidense; las declaraciones de la presidenta, los pronunciamientos de Morena y el anuncio de la celebración de 202 asambleas informativas más bien documentan que el partido oficialista y sus causas ya no merecen reacciones frescas y que su dependencia con el acarreo y la movilización inducida ha crecido.
Lo que habrá serán actos partidistas, no baratos que, por cierto, ojalá despertaran la curiosidad del INE. Pero algo deberá decirles a los dirigentes de Morena su alejamiento de la espontaneidad y su cercanía a las viejas prácticas de la peor versión del priismo.
Asociar la defensa de la soberanía nacional con el retiro de la visa de un ciudadano, sin cargo y cuya fama pública está asociada con el derroche y la corrupción, no está resultando una operación muy rentable. El parentesco es lo que duele.
En fin, mientras que al Ejecutivo de Estados Unidos parece sobrarle indicios y pruebas en contra de Andy, al gobierno de México le faltan reflejos y sigue pateando el problema hacia adelante. Y es que el huachicol sigue siendo un mecanismo de financiamiento oscuro, un robo de Estado que cada día está mejor descrito, pero que está lejos de ser erradicado.
El problema estructural, por eso la fuga hacia adelante, radica en la dependencia que ha generado Morena con el dinero ilícito. Ya no sabe hacer política sin los recursos excesivos que recibe, no solo de las prerrogativas a que tiene derecho, sino de los programas sociales y la delincuencia organizada. Quién ha encarecido hasta el escándalo los gastos asociados a la democracia electoral es Morena.
Mientras la presidenta y su partido no encaren el problema estructural de su dependencia con las fuentes ilícitas, casos como el de Andy, con las revelaciones y evidencias por venir, se seguirán multiplicando y más temprano que tarde llegarán a Palenque. Al tiempo.
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